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lunes, 31 de julio de 2017
miércoles, 25 de marzo de 2015
lunes, 7 de octubre de 2013
ANÁLISIS DE “LA HORA” DE JUANA DE IBARBOUROU
ANÁLISIS
DE “LA HORA” DE JUANA DE IBARBOUROU
Tema y Título:
El tema del poema es el tópico tan conocido como
“Carpe diem”, que significa “Aprovecha el día”. Este tema viene desde la época
de la antigüedad, del poeta Horacio. Es por esta razón que el poema está
marcado por las anáforas: “ahora”, “hoy”. Son palabras que se repiten y
reafirman la idea de no dejar pasar el momento cuando éste es propicio, cuando
aún hay tiempo de disfrutarlo, de gozarlo con todos los sentidos, con todo el
ser; porque el tiempo pasa, y destruye lo bello del presente, y el único fin
posible es la muerte, terminante, real, e inapelable. El presente es de lo
único que uno puede hacerse, ya que el pasado no puede cambiarse, y el futuro
es incierto. Pero el “Carpe diem” no significa el suicidio, ni el descontrol
que lleva a la muerte lenta, que hoy en día podemos vivir, sino el disfrute, el
placer de aprovechar ese momento, de vivir plenamente, de tomar lo que el
presente me da.
Por todo esto es que el poema se llama “La hora”,
porque la hora es ahora. Porque ha llegado el momento y la amante se lo muestra
al tú lírico, en forma de ruego, casi como una orden, pero la desesperación de
quien sabe cuál es su fin, el único que tenemos todos los humanos, la muerte y
la vejez. ¿Qué importa, después, lo que quería, sino tuve el valor de tomarlo
en el momento más pleno?
La conciencia del tiempo que corre angustia al yo
lírico, que vive en una sociedad que desprecia o juzga el placer, o la belleza
del momento íntimo. Una época que no le permite disfrutar sin culpa, de esa
sociedad el yo lírico prefiere pasar, rebelarse, y atreverse a decirle a su
amante que es tiempo de disfrutar, animarlo a hacerlo, algo subversivo, más aún
si viene de una mujer.
Estructura externa
Lo interesante de esta estructura es que está
formada en dísticos (estrofas de dos versos). Esta forma, relacionada con las
incesantes anáforas le dan al poema un ritmo ágil, vertiginoso que se relaciona
con la desesperación y la angustia para que el tú lírico comprenda la
importancia del pedido.
Los versos son difíciles de contar, pero podemos ver
que tiene una rima consonante, y las estrofas son diez. Pero el poema se divide
en dos partes, y esto se relaciona con la estructura interna.
Estructura interna
Las primeras cinco estrofas están marcadas por las
anáforas “tómame” y “ahora”, resaltando las cualidades de juventud y belleza
que el yo posee en este momento.
Las otras cinco refieren a la muerte, al futuro, a
lo que sucederá si se desperdicia esa “primavera” de la vida. Y comienza con un
verso con una métrica menor (cinco sílabas) y un “después”. Para terminar
reafirmando la importancia del presente.
Primera parte
El yo lírico utiliza permanentemente, además de la
anáfora, el paralelismo (igual estructura gramatical) “Tómame ahora que aún…”,
“Ahora que tengo…”, “ahora que calza…”, “ahora que en mis labios…”. El
paralelismo va intensificando la pasión del decir, del imaginar, siempre unido
a la angustia de saber que eso que está ahora, no será después.
Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
El verbo con el que empieza el poema está presentado
en un modo imperativo, y el presente, porque es urgente y necesario que el tú
lírico comprenda que debe tomarla. No importa lo que otros digan, no importa
para ella guardar su “honradez” si esta termina envejeciendo o muriendo sin
haber descubierto el goce de vivir. Por eso “aún es temprano”, aún es el
momento, aún se puede, aunque el mundo no lo considere decente, no importa, es
algo físico, personal, es el momento de ella, biológico y no social.
Luego el yo lírico se va describiendo a sí misma a
través de metáforas relacionadas con la naturaleza. Ella es naturalmente joven
y bella; ¿qué tiene que ver eso con las normas sociales? Es natural ser bella y
es natural ser joven, por lo tanto es natural disfrutar de esos dones. Por eso
ella utiliza la metáfora “dalias nuevas en la mano”. Sus manos, símbolo de
entrega, de lo que tiene para dar al otro está llena de nuevas flores, de
nuevos perfumes, de nuevas sensaciones táctiles, suaves y dispuestas para él. Todo
su ser está renovado porque es joven, y ya ha pasado su estado de niñez, ahora
está física y naturalmente preparada para conocer ese mundo que se le brinda.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
El segundo dístico habla de su cabellera, que “es
sombría” por lo tanto es negra, no tiene en ella indicio de canas, símbolo de
la vejez, por lo tanto es nueva, es hermosa. La palabra “taciturna” abre dos
posibles interpretaciones, ya que taciturno significa triste, melancólico o
apesadumbrado. De esta manera podemos pensar que el yo lírico siente su
cabellera taciturna porque nadie disfruta con su tacto, así la cabellera parece
tener la condición del mismo yo, como si su tristeza por no disfrutar el ahora
haya pasado a su cabello. Pero también si pensamos en la melancolía o la
pesadumbre, pensamos en algo que se prolonga en el tiempo, y por lo tanto es
largo, lo que podría sugerir que su cabellera es larga y más bella aún, por su
condición de oscuridad y vitalidad.
Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.
En el tercer dístico cambia la imagen, que deja de
ser puramente visual para ser ahora también olfativa “carne olorosa”, “piel de
rosa”. Su carne, dicho de forma básica, está recubierto de un olor agradable,
nuevo, renovador. No pesan en ella los años, ni las angustias y decepciones de
la vejez, por eso sus ojos son “limpios”. Los ojos, ventanas del alma, muestran
ese interior inocente aún, que no conoce las tristezas de la vida. Es por eso
que este es el mejor momento, está nueva para empezar a vivir. Lo mismo sugiere
la metáfora “piel de rosa”, con el agregado del tacto, una piel así es suave y
agradable, delicada y plena.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera
El siguiente dístico pasa a mencionar los pies. La
descripción que el yo hace de sí misma tiene un orden caótico: las manos, la
cabellera, la carne, los ojos, la piel, los pies y luego los labios. Como si
ella fuera recordando, de forma emocional sus atributos. Así como recuerda en
desorden, también cambia la anáfora, ya no es “tómame”, sino “ahora”, ya, no es
bueno seguir esperando porque sólo provocará más desesperación ver lo que se
empieza a perder. Sus pasos son ligeros, camina casi como bailando, no le pesa
el andar, por eso la metáfora “mi planta ligera/ la sandalia viva de la
primavera”. Sus pies están cargados de vida, la vida que le da la juventud de
la primavera, la estación del amor, la estación del nuevo nacimiento. Ahora
ella puede seguirlo, correr, vivir, bailar, todas expresiones de una vida plena
de felicidad.
Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
El último dístico de esta parte recurre a una nueva
imagen sensorial, ya usó la visual “la taciturna cabellera”, “los ojos
limpios”, entre otras; la táctil “la piel de rosa”, como un ejemplo; la
olfativa “carne olorosa”, y ahora utilizará la auditiva “en mis labios repica
la risa/ como una campana sacudida a prisa”. La vida se capta con todos los
sentidos, se aprehende con ellos, se disfruta pleno si ningún sentido queda
afuera. Así quiere el yo lírico ser tomada por el tú lírico, con todo su ser.
Primero utiliza la metáfora “repica la risa”, su entusiasmo, su alegría es
sincera, estruendosa, espontánea y explosiva y la comparación con la campana
reafirma esta idea: es “sacudida a prisa”, no hay prejuicios en su alegría, no
hay represión, es naturalmente desinhibida y fresca.
Segunda parte
Después...¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!
Aquí comienza la segunda parte del poema en la que
el yo deja ver su angustia por el tiempo que pasa, y el amante no termina de
decidirse, tal vez movido más por el “decoro” y las “buenas costumbres”. Tomar
a una mujer sin casarse en ese tiempo está mal visto. Pero ella trata de
mostrar que nada tiene que ver las presiones sociales, con lo que naturalmente
ella está experimentando en su ser biológico. Por eso el “después” seguido de
los puntos suspensivos, el futuro es incierto, y el tiempo corre, lo que se
traduce en la angustia marcada por los signos de exclamación y la imprecación
“¡oh, yo sé/ que nada de eso más tarde tendré!”. El encabalgamiento (cuando un
verso continúa en el siguiente) marca la certeza “yo sé”, es inevitable, es
indiscutible, la vejez vendrá para todos, aunque intentemos luchar contra ella:
“nada de esto más tarde tendré”, cómo no disfrutarlo ahora, si es seguro que no
va existir más esa juventud, esa alegría, esa belleza de la que hoy reboza.
Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
Se apela directamente al tú lírico: “inútil será tu
deseo”, de que sirve haber deseado algo tanto, si cuando estaba en el mejor
momento no se aprovechó. Una vez más, la comparación del deseo ahora se
relaciona directamente con la muerte, “ofrenda puesta sobre un mausoleo”. La
ofrenda, las flores que se llevan a los muertos, y que también están muertas
por ser arrancadas, no sirven de nada a la hora de la muerte, ¿es que el muerto
las disfruta? La hora de disfrutar es cuando se está vivo. Después es sólo el
llanto que no cambia nada, y que no satisfizo ningún deseo.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Este dístico retoma el casi de forma forma idéntica
el primer dístico del poema, con la única diferencia que ahora las flores están
definidas: “nardos”. Esta elección no es inocente. Los nardos son flores que
abren de noche y tienen un olor penetrante, lo que simbolizan la unión sexual
que ella le está invitando a vivir al tú lírico.
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
La antítesis “hoy, y no más tarde” es terminante, el
tiempo corre, y no se puede esperar al futuro, la hora es ahora, y la metáfora
“anochezca” refiere a la cercanía de vejez. Si la noche es símbolo de la
muerte, el anochecer del hombre no es otra cosa que su vejez. Lo mismo sucede
con la metáfora “se vuelva mustia la corola fresca”, siendo que la corola es lo
que sostiene a la flor, y ponerse mustia implica arrugarse, tal como le pasa a
los seres humanos. Ahora está “fresca” pero más tarde estará “mustia”, esto es
un proceso natural, es también una antítesis natural.
Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
Utiliza el paralelismo: “hoy, y no más tarde”, “hoy,
y no mañana”, porque la pasión y la desesperación van creciendo en intensidad,
necesita convencer al amante que salte por encima de todas las convenciones
sociales.
Termina con una pregunta retórica, es decir una
pregunta que encierra dentro de sí mismo la respuesta. Las dos plantas que se
mencionan tienen también una relación antitética, la enredadera refiere a la
vida, plena, que abraza cualquier cosa que esté en su centro y que crece
frenéticamente hacia el sol, hacia las alturas; sin embargo el ciprés es la
planta que los griegos usaban para honrar a sus muertos. Así que la pregunta es
clara: lo que hoy es enredadera, mañana será ciprés, planta muerta.
domingo, 18 de agosto de 2013
Poema "La hora" Juana de Ibarbourou
La hora
Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera
Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Después... ¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera
Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Después... ¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
Juana de
Ibarbourou
Rubén Darío y el Modernismo.
¿QUIÉN FUE RUBÉN DARÍO?
Rubén Darío, seudónimo del gran poeta
nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, iniciador y máximo representante del
Modernismo. Casi por azar nació
Rubén en una pequeña ciudad llamada
Metapa en 1867, pero al mes de su alumbramiento pasó a residir a León, con su
madre, Rosa Sarmiento, y su padre, Manuel García, una pareja conflictiva y
desamorada. Al poco tiempo, Darío, pasó
a vivir con los tíos de su madre, los cuales habían perdido recientemente una
niña y lo acogieron como sus verdaderos padres.
Con una dichosa facilidad para el ritmo y
la rima creció Rubén Darío en medio de turbulentas disputas familiares. Llevó
una vida desordenada y llena de excesos. Viajó por muchos países europeos y
americanos haciendo conocido su nombre y su obra. Fue el encargado de difundir
al movimiento modernista. Además de poeta, desarrolló actividades como
periodista y diplomático.
Enteramente inquieto e insatisfecho, ambicioso
de placer y de vida, angustiado ante el dolor y la idea de la muerte, Darío
pasa frecuentemente del derroche a la miseria, del optimismo frenético al
pesimismo desesperado, entre drogas, mujeres y alcohol, como si buscara en la
vida la misma sensación de originalidad que en la poesía.
En
1914, a su paso por Nueva York, su vida se pone en peligro por una pulmonía,
enfermo y con una tristeza muy profunda, regresa a Nicaragua. Muere en la ciudad de León el 6 de febrero de 1916.
La poesía modernista
Su poesía, tan bella como culta, musical y
sonora, influyó en centenares de escritores. Darío fue uno de los grandes
renovadores del lenguaje poético. Los elementos básicos de su poética los
podemos encontrar en los prólogos de algunas de sus obras: “Prosas profanas”, “Cantos de vida y
esperanza” y “El canto errante”. Es
fundamental la búsqueda de la belleza que se encuentra oculta en la realidad.
Para Rubén, el poeta tiene la misión de hacer comprensible al resto de los
hombres el lado inexplicable de la realidad. Para descubrir este lado, el poeta
cuenta con la metáfora y el símbolo como herramientas principales. Se escapa hacia escenarios fantásticos, mitológicos, refinados y exóticos; alejados espacial y
temporalmente de su contexto.
Los modernistas se alejan de la realidad
para entregarse únicamente a la creación, siempre con el fin de plasmar un
ideal de belleza. Se trata de una poesía
que busca principalmente, la perfección en su forma. Adoptan nuevos
metros e incorporan palabras de uso poco frecuente. Se preocupan mucho por la
musicalidad, sonoridad y tonalidad de las palabras en la construcción de sus
poemas.
Análisis del Poema Sinfonía en Gris Mayor.
SINFONIA
EN GRIS MAYOR
1. En este poema aparece la unión del arte literario con el musical y
el plástico. En primer lugar, esta unión está presente ya desde el título: se
trata del título de un poema (arte literario), que incluye un vocablo del campo
semántico "música" (sinfonía), otro del campo semántico visual
(gris), y junto con ésta, otro término referente a la música: "gris
mayor" es una expresión sinestesia, que une aspectos percibidos por dos
sentidos distintos, la vista y el oído.
En
cuanto a lo pictórico, lo más evidente es el trabajo constante del poeta para
teñir de gris el poema, color asociado convencionalmente a la melancolía: vemos
cómo tanto el paisaje como el personaje participan de este mismo color/estado
de ánimo. El mar se compara con un "cristal azogado", el cielo se
metaforiza en una "lámina de zinc", tiene un "pálido gris";
las olas se personifican con un "vientre de plomo", lo que alude
tanto al color como a la pesadez; y en este paisaje, el personaje del marinero
está fumando, lo que trae la imagen visual del gris del humo; está recordando
un "brumoso" país, que puede ser brumoso tanto por su ubicación
geográfica (algún país escandinavo, por ejemplo), como por el modo de
recordarlo del marinero, vagamente. En la vida del personaje, lo cálido y lo
vital pertenecen al tiempo anterior: los rayos de fuego del sol de Brasil, la
tarde en que partió su bergantín; el ahora se identifica con lo gris y lo
soñoliento.
2. Las imágenes visuales:
• Cielo de zinc
• Pálido gris
• Vidrio redondo y opaco
• La espuma impregnada de yodo y
salitre
• Todo lo envuelve la gama de gris
Las
sensaciones se nos han transmitido a través de imágenes visuales que funcionan
como las pinceladas que el pintor impresionista hace en el lienzo y que luego
son difuminadas. Todas estas imágenes visuales reflejan el dolor, la tristeza, la soledad, el
abandono, el acabamiento, la muerte, con lo que el sueño del marinero puede
simbolizar la muerte del marinero. Esta idea se refuerza con la abundancia de
sensaciones cromáticas, sobre todo la tonalidad del gris a la que hemos aludido
anteriormente
3. En cuanto a las rimas, podríamos
decir que abusa de las rimas agudas, también muy criticadas por los tratadistas
clásicos ya que para ellos son muy vulgares y fáciles de hacer.
En
lo referente al ritmo, destaca por un ritmo externo muy marcado, basado en
elementos morfosintácticos, y cuya finalidad es principalmente musical.
El
ritmo se basa en la medida exacta de todos los versos, 12 sílabas, y
simétricamente dividido en dos hemistiquios de seis versos cada uno. También
viene dado por la repetición simétrica de la rima (- A - A...)
Otro
elemento que condiciona el ritmo del poema es la abundancia de palabras agudas
al final de todos los versos pares, al igual que la abundancia de palabras
esdrújulas en número superior al que se utiliza en el lenguaje ordinario. Así,
por ejemplo, nos encontramos en la primera estrofa con palabras como “Lámina”,
“pájaros”, “pálido”... Este uso profuso de palabras esdrújulas es signo
inequívoco del modernismo. Rubén Darío consideraba que las palabras esdrújulas
aportaban una mayor musicalidad al poema, al llevar dos sílabas átonas después
de la tónica, y conceden un tono más cadencioso. De esto se deduce que el
modernismo toma las esdrújulas como elementos para marcar el ritmo.
SEGUNDO ANÁLISIS
El
Modernismo es un movimiento literario que surge a fines del siglo XIX,
aproximadamente hacia 1880, y finaliza luego de tres décadas en 1910. El
panorama histórico que enmarca este movimiento está caracterizado por la
estructura interna y el desarrollo económico que los países hispanoamericanos
(con excepción de Cuba, Puerto Rico y Filipinas) alcanzaron a fines del siglo
XIX, debido al aporte inmigratorio proveniente de Europa y al resurgimiento de
la agricultura. La intervención de EE.UU. en la guerra por la independencia de
Cuba provoca la derrota de España y su colonialismo, así el modernismo surge
como la necesidad de una renovación estética que muestre la independencia
cultural de los países latinoamericanos.
Basado en el sentimiento de libertad y en
la exaltación de lo subjetivo, el
Modernismo busca la perfección de la forma, la innovación, la perfección, la
simbiosis de distintas artes (música-pintura-literatura) como exaltación de una
misma y única belleza puesta de manifiesto en la esencia y el matiz de efectos
y símbolos. Además, el Modernismo se basa en ciertos principios del
Parnasianismo y el Simbolismo. Del primero toma los temas de la Grecia clásica,
mientras que del segundo toma la musicalidad como primera condición de la
poesía y el gran uso de imágenes sensoriales y símbolos de elegancia plástica.
El Modernismo, asimismo, renueva la expresión mediante el uso de de sinestesias
y la creación de nuevos metros y estrofas, y se remonta en el tiempo hacia la
Grecia apolínea o la Francia dieciochesca. Finalmente, el Modernismo exalta la
libertad creadora y manifiesta una visión cosmopolita. Se tratan temas el amor
y el erotismo, el escapismo, lo hispano, etc.
Rubén Darío es el iniciador y máximo
representante del Modernismo. Nació en Metapa, Nicaragua el 18 de enero de
1867, bajo el nombre de Félix Rubén García Sarmiento. Durante sus primeros años
estudió con los jesuitas y a los 14 años publicó poesías en los periódicos
nicaragüenses con el seudónimo de Rubén Darío. Durante 1882-1886 su vida
transcurre en El Salvador. Su poesía, en esta etapa, se ajusta a los cánones
románticos. En 1886 llegó a Chile, donde trabaja como periodista y se une a la
juventud intelectual chilena, quienes le permiten conocer la poesía parnasiana
y simbolista. En 1887 publica Abrojos y en 1888 Rimas. Estas obras presentan
todavía un corte romántico pero se vislumbran tonos parnasianos. En 1888
también publica Azul..., la primera obra que cambia el rumbo de las letras
hispánicas y lo convierte en un poeta reconocido en España. En 1890 Rubén
contrajo matrimonio con Rafaela Contreras, quien muere en 1893, lo que hace que
luego se case con Rosario Emelina Murillo. De 1893-1898 Darío permanece en
Buenos Aires, donde publica varios artículos sobre la poesía francesa en La
Nación. En Bs. As desarrolla una “nueva forma” de expresión basada en
procedimientos parnasianos y simbolistas: con musicalidad, sinestesias,
cromatismos, símbolos de elegancia plástica y transposiciones de otras artes.
En 1896 publica Los Raros y Prosas Profanas. De 1898 a 1916 Darío es recibido
en América y Europa constantemente y publica varias obras: Cantos de vida y
esperanza (1905), El canto errante (1907), Poema de Otoño (1910) y El oro de
Mallorca (1913). Finalmente muere en Nicaragua el 6 de febrero de 1916.
En el poema “Sinfonía en gris mayor”,
Rubén Darío presenta desde el título una idea de depresión en todo el conjunto
al adjudicarle al sustantivo ‘sinfonía’ el adjetivo cromático ‘gris’, el cual
usualmente representa tristeza y aflicción. La palabra ‘mayor’, a su vez, al
acompañar a dicho adjetivo le confiere una calidad de nota musical a la palabra
‘gris’, que junto a ‘sinfonía’ carga al título con un gran tinte musical. Por
otra parte, al hacer uso del adjetivo ‘mayor’, Darío confiere una fuerza
imponente al título, que no hubiera sido lograda con el uso de la palabra
‘menor’ por ejemplo. Sin embargo, el
título podría ser interpretado de una manera completamente distinta, haciendo
referencia a la experiencia positiva de una persona (referida como sinfonía)
que se encuentra ya en la vejez (interpretada por la utilización del color
‘gris’, el cual hace referencia a la pérdida de coloración del cabello en el
transcurso de la vida). Así el título anticiparía un poema que relata las
experiencias alegres o ‘mayores’ de un anciano, presentadas con gran
musicalidad. En cada caso la interpretación del título tendrá relación con
quién lo lea. La sinestesia encerrada en el título (sinfonía es una imagen
auditiva mientras que gris es cromática) permite traducir un sinfín de
impresiones creadas por las imágenes sensoriales.
En cuanto a los aspectos formales, es
decir versificación y musicalidad, la poesía cuenta con treinta-y-tres versos
divididos en ocho estrofas de cuatro versos cada una, con excepción de la
tercera estrofa que cuenta con cinco versos. Cada verso posee doce sílabas, con
excepción del verso 2 que posee trece, y la uniformidad métrica se mantiene
gracias al uso de licencias como el hiato y la sinalefa, vista en versos 1, 5 y
18 (‘como un’, ‘la espuma’). Las palabras finales del verso son graves en su
mayoría, manteniendo estático el número de sílabas, aunque se encuentran
algunas agudas (‘cenit’ en verso 6 o ‘clarín’ en verso 8) que suman una sílaba
al recuento silábico final del verso permitiendo mantener la uniformidad.
La rima del poema es asonante y está dada
entre versos pares desde el comienzo hasta la tercera estrofa, a partir de la
cual la rima pasa a encontrarse entre versos impares debido a la adición de un
quinto verso. La composición poética adquiere ritmo mediante la puntuación
utilizada tanto en las primeras estrofas como en las últimas. Además, los
recursos de hipérbaton (versos 11-13, 22-23) y encabalgamiento (versos 3-4,
29-29, 30-31), así como también la enumeración (versos 13, 20-21, 23), la
anáfora (versos 5-7, 15-16), y la asonancia (versos 1, 2), otorgan al poema un
ritmo, una continuidad y una musicalidad característicos de la poesía
modernista, que facilitan e incentivan la lectura y el disfrute por parte del
lector, mientras que exponen la versatilidad del poeta a la hora de utilizar el
vocabulario y la sintaxis.
A lo largo del poema se presenta la
imagen de un viejo marinero sentado cerca del mar, quien observa el tranquilo
entorno y se hunde en pensamientos acerca de “un vago, lejano, brumosos país”.
La utilización de metáforas, tanto puras como impuras, desde el primer verso,
permite a Rubén Darío describir este entorno, confiriéndole un sentimiento de
desánimo al poema, y mostrar la simbiosis de distintas artes que se pueden
distinguir en la naturaleza. En la metáfora pura usada en el verso 1 junto a
una comparación, se caracteriza al mar
como un espejo (“vasto cristal azogado”) que, como es notado en las metáforas
de los versos 2, 4 y 9, posee un “vientre de plomo” y refleja el cielo, el cual
está representado como una “lámina… de cinc” o “fondo bruñido de pálido gris”.
Estas alegorías incluyen imágenes visuales cromáticas vívidas que hacen alusión
al sentimiento depresivo del poema, ya que utilizan palabras como ‘azogado’,
‘cinc’, ‘gris’, ‘plomo’ que confieren nociones oscuras al lector e incentivan
una idea de tristeza en éste. Además, en el poema se incluyen otras metáforas
(versos 8, 31, 33) con referencia al viento y a la cigarra que acompañan al
marinero y que aluden a otro tipo de arte, la música, mediante la utilización
de imágenes sonoras como ‘ronca guitarra’, ‘cuerda’, ‘violín’, ‘clarín’. Esta referencia a otras
artes es característica del modernismo. Las metáforas, junto a las
comparaciones de verso 1 y 5, confieren características de objeto a elementos naturales
a la vez que otorgan melancolía al poema, exteriorizando el sentimiento del
personaje.
Los diversos elementos naturales que
aparecen en el texto, se encuentran modificados por la utilización de
prosopopeyas (verso 3, 6, 10, 17, 19, 31, 32). Se puede observar que, en las
primeras prosopopeyas, se le confiere vida a objetos abióticos, lo que
posibilita a Rubén Darío una descripción más profunda del ambiente que rodea al
personaje al mismo tiempo que lo ayuda en la creación del sentimiento general
del poema mediante la utilización de verbos cargados de una connotación
negativa y de tristeza (descansa, gemir). A su vez, las prosopopeyas son
utilizadas para indicar características del marinero, como es el caso de ‘los
tifones…le han visto bebiendo su frasco de gin’ (verso 17) o ‘la espuma…conoce
su roja nariz, sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta, su gorra de lona, su
blusa de dril’ (versos 20-21). El uso, en el último caso, de una prosopopeya
seguida de una enumeración en donde los sustantivos aparecen adjetivados, de
manera directa o indirecta, e incluidos en estructuras simétricas, confiere
musicalidad y ritmo al contenido a la vez que otorga verosimilitud a la
descripción del marinero, ya que sugiere una relación larga existente entre el
personaje y los elementos que lo rodean. La soledad del hombre es sugerida
sutilmente al mencionar a la naturaleza como la única conocedora de las
características y comportamientos del marinero. Sin embargo, la característica
solitaria de éste es denotada también mediante la animalización realizada
(versos 14, 26), en donde se refiere al marinero con el sustantivo ‘lobo’. Este
animal, usualmente asociado con connotaciones negativas y la soledad,
contribuye al entorno ‘gris’ del poema.
La utilización de imágenes sensoriales en
la composición poética muestra la riqueza sensorial que Rubén Darío, como poeta
modernista, adoptó de simbolistas e impresionistas. Estas imágenes, algunas de
las cuales fueron mencionadas anteriormente, son en su mayoría cromáticas
(versos 4, 5, 19, 27) o visuales (versos 9, 15, 18), aunque también se pueden
ver auditivas (versos 31, 33). En versos 8, 24 y 28 la combinación de dos tipos
de imágenes conforma sinestesias que ahondan la continua descripción presente
en el poema y son solidarias con la carga semántica, tal como las antítesis de
los versos 5 y 6 (sol/opaco, enfermo/cenit). La característica moderna de Rubén
Darío se aprecia también en el exotismo de los versos 15-16, mientras que la
complejidad de la lengua que Darío es capaz de utilizar se muestra a través del
uso de epítetos (versos 15,16) y de verbos participios (sentado) y gerundios
(fumando, pensando) que señalan perpetuidad y continuidad. Se realiza en el
poema, mediante el uso del vocabulario amplio, una contraposición entre el
pasado dinámico del marinero y la tranquilidad del presente, en donde todo es
monótono y continuo.
La repetición de estructuras (‘lejano,
brumoso país’ y ‘la siesta del trópico’) crean, en la última parte del poema,
una noción de ‘sueño’ en el momento en que “el lobo se aduerme”. El hecho de
que ambas frases se repitan resalta su importancia en el texto y alude a un
recuerdo del viejo marinero en horas de la tarde. Sin embargo, la idea de
‘siesta’ puede relacionarse también con una connotación negativa si es
considerada como ‘muerte’. Así en las últimas dos estrofas se podría ver la
muerte del viejo marinero que mientras este se “aduerme” un “enorme
esfumino…borra el confín”.
El tema y sentido del poema es claro.
Rubén Darío se aleja de lo objetivo para realizar una composición subjetiva en
donde el tema principal sea la nostalgia del tiempo perdido y la melancolía.
Esta carga de significado se hace presente a través de los campos semánticos
presentados: cinc/gris/opaco/enfermo/plomo; vago/lejano/ esfumino/viejo. El
campo semántico de la naturaleza (mar/cielo/pájaros/sol/viento/
playas/tifones/espuma) es esencial para la descripción que Darío realiza del
entorno. El vocabulario utilizado, junto con los diversos recursos, muestra
además la tristeza del personaje en contraste con elementos que son
relacionados con vida y alegría.
El título “Sinfonía en gris mayor” está,
entonces, profundamente ligado al tema
y concepto que domina la poesía. Se puede decir, así, que el título opera como
un indicio de lo que se encontrará en el texto.
miércoles, 24 de julio de 2013
Sinfonía en gris mayor. Rubén Darío
El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
El sol como un vidrio redondo y opaco
con paso de enfermo camina al cenit;
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.
con paso de enfermo camina al cenit;
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.
Las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol del Brasil;
los recios tifones del mar de la China
le han visto bebiendo su frasco de gin.
los rayos de fuego del sol del Brasil;
los recios tifones del mar de la China
le han visto bebiendo su frasco de gin.
La espuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
En medio del humo que forma el tabaco
ve el viejo el lejano, brumoso país,
adonde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín...
ve el viejo el lejano, brumoso país,
adonde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín...
La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín.
Ya todo lo envuelve la gama del gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín.
La siesta del trópico. La vieja cigarra
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia un solo monótono
en la única cuerda que está en su violín.
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia un solo monótono
en la única cuerda que está en su violín.
Rubén Darío, 1891
domingo, 14 de julio de 2013
Género lírico
Género
Lírico
Al
preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema? Ya
Aristóteles decía que “nada hay de común, excepto la métrica, entre Homero y
Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al
segundo”. Y así es: no todo poema -o para ser exactos: no toda obra construida
bajo las leyes del metro- contiene poesía. Pero esas obras métricas ¿son
verdaderos poemas o artefactos artísticos, didácticos o retóricos? Un soneto no
es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico
-estrofas, metros y rimas- ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar
pero no de poetizar. Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas
y hechos suelen ser poéticos: son poesías sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se
da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y
circunstancias ajenos a la realidad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo
poético. Cuando -pasivo o activo, despierto o sonámbulo- el poeta es el hilo
conductor y transformador de la corriente poética, estamos en presencia de algo
radicalmente distinto; una obra. Un poema es una obra. La poesía se
polariza, se congrega y aísla en un producto humano: cuadro, canción, tragedia.
Lo poético es poesía en
estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida. Sólo en el poema la
poesía se aísla y revela plenamente. Es lícito preguntar al poema por el ser de
la poesía si deja de concebirse a éste como una forma capaz de llenarse con
cualquier contenido. El
poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el
hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emite
poesía. Forma y sustancia son lo mismo.
La lírica pertenece a los géneros literarios, del mismo modo que
la narrativa y el drama. Cuando hablamos del concepto “lírica”, estamos
aludiendo a todo lo que desciende de la “lira”, es decir, de un instrumento
musical que acompañaba – antiguamente – a la poesía cantada; de allí nace esta
palabra, que a medida que avanzan los tiempos, ha adquirido otros modos de
manifestación, ya no centradas en el canto propiamente tal.
Etimológicamente hablando, la lírica tiene su origen en Grecia,
ya que en ese lugar era común oír recitaciones de poesía en sitios públicos,
por parte de una persona o de un grupo o coro y esta declamación era en
compañía de alguna instrumentación musical, por lo general, de la lira.
En la actualidad la lírica abarca a las obras poéticas en todo
su espectro, a las creaciones de carácter subjetivo y de manifestación de
sentimientos por parte de un hablante, quien escribe por medio de versos o de
rima poética. La lírica se relaciona con la métrica, con la musicalidad y el
ritmo. El hablante lírico expresa sus emociones, por ello este género está
asociado con la función expresiva del lenguaje. El género lírico no busca ser
una fiel representación de la realidad del mundo, ya que esa no es su finalidad
inicial, sino la de expresar la interioridad del o los hablantes. El mundo no
busca ser representado, pues el mundo de uno no es igual para otro, ya que la
lírica apunta a la subjetividad de cada exponente.
El Hablante y su Actitud Lírica
El hablante lírico es un ser que no existe como tal, es un ente
de ficción, el que es creado por el autor. Este hablante expresa su sentir, su
interior por medio de la poesía, de una forma directa o indirecta, adoptando
una actitud lírica.
Como fue mencionado anteriormente, dentro de las características
de la lírica, el hablante posee una actitud determinada al momento de
expresarse. Estas actitudes líricas pueden estar entrelazadas entre sí y no
manifestarse de modo único dentro del poema, aunque no es algo tajante. De esta
forma las actitudes líricas se tipifican en:
La Actitud Enunciativa
Es cuando quien se expresa, el hablante, recurre al algo externo
y lo toma para sí mismo y lo da a conocer, lo exterioriza. En este tipo de
actitud se utiliza la narración, para poder dar un toque objetivo al poema y
“explicar” lo que se ve. Por lo general, el hablante lírico muestra su interior
a través de la descripción de paisajes, personas, cosas o hechos. Se utiliza la
tercera persona gramatical (él, ella, lo, ellas, ellos, se), asimismo, se
asocia a la función referencial o representativa del lenguaje.
“El río
Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo”.
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo”.
La Actitud Carmínica
Esta es la actitud que tiene que ver con el canto, que es el
elemento fundamental de la poesía. Es cuando el hablante lírico expresa su
sentir por medio del ritmo y de los versos de cada estrofa y manifiesta su
temple de ánimo. Actitud netamente subjetiva. El hablante utiliza la primera
persona gramatical (yo, me, mi, nosotros, nos) y está relacionado con la
función emotiva o expresiva del lenguaje.
“Tengo
hambre de ti,
de tu presencia, de tu fragancia,
de tu poder;
hambre que duele, que debilita,
que desespera, por ti”.
de tu presencia, de tu fragancia,
de tu poder;
hambre que duele, que debilita,
que desespera, por ti”.
La Actitud Apostrófica
El hablante lírico toma lo exterior y lo traduce en un mensaje
al “tú”, su discurso va dirigido esencialmente a un “otro”, a la segunda
persona gramatical (sea tú, vosotros, ustedes, os, te, ti) y se expresa con
fuerza, intensidad y vigor, interpelando de manera directa al lector; por esta
razón, este tipo de actitud responde a la función apelativa del lenguaje. Esta
forma de expresión puede adquirir elementos dramáticos en su modo de
manifestarse, pues va mezclando la objetividad con subjetividad dentro del
poema.
“Si vas
para Chile,
te pido que pases por donde vive mi amada:
es una casita, muy linda y chiquita,
que está en la falda de un cerro enclavada.
La adornan las parras, la cruza un estero
y al frente hay un sauce, que llora y que llora
porque yo la quiero.
Si vas para Chile, te ruego viajero,
Le digas a ella que de amor me muero”.
te pido que pases por donde vive mi amada:
es una casita, muy linda y chiquita,
que está en la falda de un cerro enclavada.
La adornan las parras, la cruza un estero
y al frente hay un sauce, que llora y que llora
porque yo la quiero.
Si vas para Chile, te ruego viajero,
Le digas a ella que de amor me muero”.
El Motivo Lírico
Se refiere al tema que se expresa en el poema y que guarda
relación con el “objeto lírico”, que es lo que nutre de inspiración al poeta,
le motiva e impulsa a crear. El motivo lírico es el resultado de poner al “objeto
lírico” por escrito y que se transmita por medio del hablante.
Temple de Ánimo del Hablante
Corresponde al estado anímico del hablante, lo que logra
transmitir con sus palabras por medio del poema. Quedan de manifiesto los
sentimientos de temor que tenga el emisor o de inseguridad, dicha, regocijo,
pesimismo, pesadumbre, rabia, incertidumbre u otros, a través de las líneas que
componen el texto. Por ejemplo, en el siguiente trozo el temple del hablante
lírico es el amor:
“Por
amarte robaría una estrella y te la regalaría,
por amarte cruzaría los mares sólo por abrazarte;
por amarte juntaría la lluvia con el fuego,
por amarte daría mi vida sólo por un besarte”
por amarte cruzaría los mares sólo por abrazarte;
por amarte juntaría la lluvia con el fuego,
por amarte daría mi vida sólo por un besarte”
jueves, 5 de julio de 2012
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