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lunes, 7 de octubre de 2013

ANÁLISIS DE “LA HORA” DE JUANA DE IBARBOUROU

ANÁLISIS DE “LA HORA” DE JUANA DE IBARBOUROU

Tema y Título:

El tema del poema es el tópico tan conocido como “Carpe diem”, que significa “Aprovecha el día”. Este tema viene desde la época de la antigüedad, del poeta Horacio. Es por esta razón que el poema está marcado por las anáforas: “ahora”, “hoy”. Son palabras que se repiten y reafirman la idea de no dejar pasar el momento cuando éste es propicio, cuando aún hay tiempo de disfrutarlo, de gozarlo con todos los sentidos, con todo el ser; porque el tiempo pasa, y destruye lo bello del presente, y el único fin posible es la muerte, terminante, real, e inapelable. El presente es de lo único que uno puede hacerse, ya que el pasado no puede cambiarse, y el futuro es incierto. Pero el “Carpe diem” no significa el suicidio, ni el descontrol que lleva a la muerte lenta, que hoy en día podemos vivir, sino el disfrute, el placer de aprovechar ese momento, de vivir plenamente, de tomar lo que el presente me da.

Por todo esto es que el poema se llama “La hora”, porque la hora es ahora. Porque ha llegado el momento y la amante se lo muestra al tú lírico, en forma de ruego, casi como una orden, pero la desesperación de quien sabe cuál es su fin, el único que tenemos todos los humanos, la muerte y la vejez. ¿Qué importa, después, lo que quería, sino tuve el valor de tomarlo en el momento más pleno?

La conciencia del tiempo que corre angustia al yo lírico, que vive en una sociedad que desprecia o juzga el placer, o la belleza del momento íntimo. Una época que no le permite disfrutar sin culpa, de esa sociedad el yo lírico prefiere pasar, rebelarse, y atreverse a decirle a su amante que es tiempo de disfrutar, animarlo a hacerlo, algo subversivo, más aún si viene de una mujer.

Estructura externa

Lo interesante de esta estructura es que está formada en dísticos (estrofas de dos versos). Esta forma, relacionada con las incesantes anáforas le dan al poema un ritmo ágil, vertiginoso que se relaciona con la desesperación y la angustia para que el tú lírico comprenda la importancia del pedido.
Los versos son difíciles de contar, pero podemos ver que tiene una rima consonante, y las estrofas son diez. Pero el poema se divide en dos partes, y esto se relaciona con la estructura interna.

Estructura interna

Las primeras cinco estrofas están marcadas por las anáforas “tómame” y “ahora”, resaltando las cualidades de juventud y belleza que el yo posee en este momento.

Las otras cinco refieren a la muerte, al futuro, a lo que sucederá si se desperdicia esa “primavera” de la vida. Y comienza con un verso con una métrica menor (cinco sílabas) y un “después”. Para terminar reafirmando la importancia del presente.

Primera parte

El yo lírico utiliza permanentemente, además de la anáfora, el paralelismo (igual estructura gramatical) “Tómame ahora que aún…”, “Ahora que tengo…”, “ahora que calza…”, “ahora que en mis labios…”. El paralelismo va intensificando la pasión del decir, del imaginar, siempre unido a la angustia de saber que eso que está ahora, no será después.

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

El verbo con el que empieza el poema está presentado en un modo imperativo, y el presente, porque es urgente y necesario que el tú lírico comprenda que debe tomarla. No importa lo que otros digan, no importa para ella guardar su “honradez” si esta termina envejeciendo o muriendo sin haber descubierto el goce de vivir. Por eso “aún es temprano”, aún es el momento, aún se puede, aunque el mundo no lo considere decente, no importa, es algo físico, personal, es el momento de ella, biológico y no social.

Luego el yo lírico se va describiendo a sí misma a través de metáforas relacionadas con la naturaleza. Ella es naturalmente joven y bella; ¿qué tiene que ver eso con las normas sociales? Es natural ser bella y es natural ser joven, por lo tanto es natural disfrutar de esos dones. Por eso ella utiliza la metáfora “dalias nuevas en la mano”. Sus manos, símbolo de entrega, de lo que tiene para dar al otro está llena de nuevas flores, de nuevos perfumes, de nuevas sensaciones táctiles, suaves y dispuestas para él. Todo su ser está renovado porque es joven, y ya ha pasado su estado de niñez, ahora está física y naturalmente preparada para conocer ese mundo que se le brinda.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

El segundo dístico habla de su cabellera, que “es sombría” por lo tanto es negra, no tiene en ella indicio de canas, símbolo de la vejez, por lo tanto es nueva, es hermosa. La palabra “taciturna” abre dos posibles interpretaciones, ya que taciturno significa triste, melancólico o apesadumbrado. De esta manera podemos pensar que el yo lírico siente su cabellera taciturna porque nadie disfruta con su tacto, así la cabellera parece tener la condición del mismo yo, como si su tristeza por no disfrutar el ahora haya pasado a su cabello. Pero también si pensamos en la melancolía o la pesadumbre, pensamos en algo que se prolonga en el tiempo, y por lo tanto es largo, lo que podría sugerir que su cabellera es larga y más bella aún, por su condición de oscuridad y vitalidad.

Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

En el tercer dístico cambia la imagen, que deja de ser puramente visual para ser ahora también olfativa “carne olorosa”, “piel de rosa”. Su carne, dicho de forma básica, está recubierto de un olor agradable, nuevo, renovador. No pesan en ella los años, ni las angustias y decepciones de la vejez, por eso sus ojos son “limpios”. Los ojos, ventanas del alma, muestran ese interior inocente aún, que no conoce las tristezas de la vida. Es por eso que este es el mejor momento, está nueva para empezar a vivir. Lo mismo sugiere la metáfora “piel de rosa”, con el agregado del tacto, una piel así es suave y agradable, delicada y plena.

Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera

El siguiente dístico pasa a mencionar los pies. La descripción que el yo hace de sí misma tiene un orden caótico: las manos, la cabellera, la carne, los ojos, la piel, los pies y luego los labios. Como si ella fuera recordando, de forma emocional sus atributos. Así como recuerda en desorden, también cambia la anáfora, ya no es “tómame”, sino “ahora”, ya, no es bueno seguir esperando porque sólo provocará más desesperación ver lo que se empieza a perder. Sus pasos son ligeros, camina casi como bailando, no le pesa el andar, por eso la metáfora “mi planta ligera/ la sandalia viva de la primavera”. Sus pies están cargados de vida, la vida que le da la juventud de la primavera, la estación del amor, la estación del nuevo nacimiento. Ahora ella puede seguirlo, correr, vivir, bailar, todas expresiones de una vida plena de felicidad.

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.

El último dístico de esta parte recurre a una nueva imagen sensorial, ya usó la visual “la taciturna cabellera”, “los ojos limpios”, entre otras; la táctil “la piel de rosa”, como un ejemplo; la olfativa “carne olorosa”, y ahora utilizará la auditiva “en mis labios repica la risa/ como una campana sacudida a prisa”. La vida se capta con todos los sentidos, se aprehende con ellos, se disfruta pleno si ningún sentido queda afuera. Así quiere el yo lírico ser tomada por el tú lírico, con todo su ser. Primero utiliza la metáfora “repica la risa”, su entusiasmo, su alegría es sincera, estruendosa, espontánea y explosiva y la comparación con la campana reafirma esta idea: es “sacudida a prisa”, no hay prejuicios en su alegría, no hay represión, es naturalmente desinhibida y fresca.

Segunda parte

Después...¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!

Aquí comienza la segunda parte del poema en la que el yo deja ver su angustia por el tiempo que pasa, y el amante no termina de decidirse, tal vez movido más por el “decoro” y las “buenas costumbres”. Tomar a una mujer sin casarse en ese tiempo está mal visto. Pero ella trata de mostrar que nada tiene que ver las presiones sociales, con lo que naturalmente ella está experimentando en su ser biológico. Por eso el “después” seguido de los puntos suspensivos, el futuro es incierto, y el tiempo corre, lo que se traduce en la angustia marcada por los signos de exclamación y la imprecación “¡oh, yo sé/ que nada de eso más tarde tendré!”. El encabalgamiento (cuando un verso continúa en el siguiente) marca la certeza “yo sé”, es inevitable, es indiscutible, la vejez vendrá para todos, aunque intentemos luchar contra ella: “nada de esto más tarde tendré”, cómo no disfrutarlo ahora, si es seguro que no va existir más esa juventud, esa alegría, esa belleza de la que hoy reboza.

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

Se apela directamente al tú lírico: “inútil será tu deseo”, de que sirve haber deseado algo tanto, si cuando estaba en el mejor momento no se aprovechó. Una vez más, la comparación del deseo ahora se relaciona directamente con la muerte, “ofrenda puesta sobre un mausoleo”. La ofrenda, las flores que se llevan a los muertos, y que también están muertas por ser arrancadas, no sirven de nada a la hora de la muerte, ¿es que el muerto las disfruta? La hora de disfrutar es cuando se está vivo. Después es sólo el llanto que no cambia nada, y que no satisfizo ningún deseo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Este dístico retoma el casi de forma forma idéntica el primer dístico del poema, con la única diferencia que ahora las flores están definidas: “nardos”. Esta elección no es inocente. Los nardos son flores que abren de noche y tienen un olor penetrante, lo que simbolizan la unión sexual que ella le está invitando a vivir al tú lírico.

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

La antítesis “hoy, y no más tarde” es terminante, el tiempo corre, y no se puede esperar al futuro, la hora es ahora, y la metáfora “anochezca” refiere a la cercanía de vejez. Si la noche es símbolo de la muerte, el anochecer del hombre no es otra cosa que su vejez. Lo mismo sucede con la metáfora “se vuelva mustia la corola fresca”, siendo que la corola es lo que sostiene a la flor, y ponerse mustia implica arrugarse, tal como le pasa a los seres humanos. Ahora está “fresca” pero más tarde estará “mustia”, esto es un proceso natural, es también una antítesis natural.

Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?

Utiliza el paralelismo: “hoy, y no más tarde”, “hoy, y no mañana”, porque la pasión y la desesperación van creciendo en intensidad, necesita convencer al amante que salte por encima de todas las convenciones sociales.

Termina con una pregunta retórica, es decir una pregunta que encierra dentro de sí mismo la respuesta. Las dos plantas que se mencionan tienen también una relación antitética, la enredadera refiere a la vida, plena, que abraza cualquier cosa que esté en su centro y que crece frenéticamente hacia el sol, hacia las alturas; sin embargo el ciprés es la planta que los griegos usaban para honrar a sus muertos. Así que la pregunta es clara: lo que hoy es enredadera, mañana será ciprés, planta muerta.


domingo, 18 de agosto de 2013

Poema "La hora" Juana de Ibarbourou

La hora

Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.

Ahora, que tengo la carne olorosa,
y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera

Ahora que en mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.

Después... ¡oh, yo sé
que nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. Oh amante, ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?



Juana de Ibarbourou

Rubén Darío y el Modernismo.

¿QUIÉN FUE RUBÉN DARÍO?
     Rubén Darío, seudónimo del gran poeta nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, iniciador y máximo representante del Modernismo. Casi por azar nació Rubén en una pequeña ciudad  llamada Metapa en 1867, pero al mes de su alumbramiento pasó a residir a León, con su madre, Rosa Sarmiento, y su padre, Manuel García, una pareja conflictiva y desamorada. Al poco tiempo, Darío,  pasó a vivir con los tíos de su madre, los cuales habían perdido recientemente una niña y lo acogieron como sus verdaderos padres.
    Con una dichosa facilidad para el ritmo y la rima creció Rubén Darío en medio de turbulentas disputas familiares. Llevó una vida desordenada y llena de excesos. Viajó por muchos países europeos y americanos haciendo conocido su nombre y su obra. Fue el encargado de difundir al movimiento modernista. Además de poeta, desarrolló actividades como periodista y diplomático.
     Enteramente inquieto e insatisfecho, ambicioso de placer y de vida, angustiado ante el dolor y la idea de la muerte, Darío pasa frecuentemente del derroche a la miseria, del optimismo frenético al pesimismo desesperado, entre drogas, mujeres y alcohol, como si buscara en la vida la misma sensación de originalidad que en la poesía.
En 1914, a su paso por Nueva York, su vida se pone en peligro por una pulmonía, enfermo y con una tristeza muy profunda, regresa a Nicaragua. Muere en  la ciudad de León el 6 de febrero de 1916.

La poesía modernista
     Su poesía, tan bella como culta, musical y sonora, influyó en centenares de escritores. Darío fue uno de los grandes renovadores del lenguaje poético. Los elementos básicos de su poética los podemos encontrar en los prólogos de algunas de sus obras: “Prosas profanas”, “Cantos de vida y esperanza” y “El canto errante”.  Es fundamental la búsqueda de la belleza que se encuentra oculta en la realidad. Para Rubén, el poeta tiene la misión de hacer comprensible al resto de los hombres el lado inexplicable de la realidad. Para descubrir este lado, el poeta cuenta con la metáfora y el símbolo como herramientas principales.  Se escapa  hacia  escenarios fantásticos, mitológicos,  refinados y exóticos; alejados espacial y temporalmente de su contexto.
     Los modernistas se alejan de la realidad para entregarse únicamente a la creación, siempre con el fin de plasmar un ideal de belleza. Se trata de una poesía  que busca principalmente, la perfección en su forma. Adoptan nuevos metros e incorporan palabras de uso poco frecuente. Se preocupan mucho por la musicalidad, sonoridad y tonalidad de las palabras en la construcción de sus poemas.


Análisis del Poema Sinfonía en Gris Mayor.

SINFONIA EN GRIS MAYOR
1.            En este poema aparece   la unión del arte literario con el musical y el plástico. En primer lugar, esta unión está presente ya desde el título: se trata del título de un poema (arte literario), que incluye un vocablo del campo semántico "música" (sinfonía), otro del campo semántico visual (gris), y junto con ésta, otro término referente a la música: "gris mayor" es una expresión sinestesia, que une aspectos percibidos por dos sentidos distintos, la vista y el oído.
En cuanto a lo pictórico, lo más evidente es el trabajo constante del poeta para teñir de gris el poema, color asociado convencionalmente a la melancolía: vemos cómo tanto el paisaje como el personaje participan de este mismo color/estado de ánimo. El mar se compara con un "cristal azogado", el cielo se metaforiza en una "lámina de zinc", tiene un "pálido gris"; las olas se personifican con un "vientre de plomo", lo que alude tanto al color como a la pesadez; y en este paisaje, el personaje del marinero está fumando, lo que trae la imagen visual del gris del humo; está recordando un "brumoso" país, que puede ser brumoso tanto por su ubicación geográfica (algún país escandinavo, por ejemplo), como por el modo de recordarlo del marinero, vagamente. En la vida del personaje, lo cálido y lo vital pertenecen al tiempo anterior: los rayos de fuego del sol de Brasil, la tarde en que partió su bergantín; el ahora se identifica con lo gris y lo soñoliento.
2.            Las imágenes visuales:
•             Cielo de zinc
•             Pálido gris
•             Vidrio redondo y opaco
•             La espuma impregnada de yodo y salitre
•             Todo lo envuelve la gama de gris

Las sensaciones se nos han transmitido a través de imágenes visuales que funcionan como las pinceladas que el pintor impresionista hace en el lienzo y que luego son difuminadas. Todas estas imágenes visuales reflejan   el dolor, la tristeza, la soledad, el abandono, el acabamiento, la muerte, con lo que el sueño del marinero puede simbolizar la muerte del marinero. Esta idea se refuerza con la abundancia de sensaciones cromáticas, sobre todo la tonalidad del gris a la que hemos aludido anteriormente

3.            En cuanto a las rimas, podríamos decir que abusa de las rimas agudas, también muy criticadas por los tratadistas clásicos ya que para ellos son muy vulgares y fáciles de hacer.
En lo referente al ritmo, destaca por un ritmo externo muy marcado, basado en elementos morfosintácticos, y cuya finalidad es principalmente musical.
El ritmo se basa en la medida exacta de todos los versos, 12 sílabas, y simétricamente dividido en dos hemistiquios de seis versos cada uno. También viene dado por la repetición simétrica de la rima (- A - A...)
Otro elemento que condiciona el ritmo del poema es la abundancia de palabras agudas al final de todos los versos pares, al igual que la abundancia de palabras esdrújulas en número superior al que se utiliza en el lenguaje ordinario. Así, por ejemplo, nos encontramos en la primera estrofa con palabras como “Lámina”, “pájaros”, “pálido”... Este uso profuso de palabras esdrújulas es signo inequívoco del modernismo. Rubén Darío consideraba que las palabras esdrújulas aportaban una mayor musicalidad al poema, al llevar dos sílabas átonas después de la tónica, y conceden un tono más cadencioso. De esto se deduce que el modernismo toma las esdrújulas como elementos para marcar el ritmo.


SEGUNDO ANÁLISIS

El Modernismo es un movimiento literario que surge a fines del siglo XIX, aproximadamente hacia 1880, y finaliza luego de tres décadas en 1910. El panorama histórico que enmarca este movimiento está caracterizado por la estructura interna y el desarrollo económico que los países hispanoamericanos (con excepción de Cuba, Puerto Rico y Filipinas) alcanzaron a fines del siglo XIX, debido al aporte inmigratorio proveniente de Europa y al resurgimiento de la agricultura. La intervención de EE.UU. en la guerra por la independencia de Cuba provoca la derrota de España y su colonialismo, así el modernismo surge como la necesidad de una renovación estética que muestre la independencia cultural de los países latinoamericanos.
      Basado en el sentimiento de libertad y en la exaltación de lo subjetivo,   el Modernismo busca la perfección de la forma, la innovación, la perfección, la simbiosis de distintas artes (música-pintura-literatura) como exaltación de una misma y única belleza puesta de manifiesto en la esencia y el matiz de efectos y símbolos. Además, el Modernismo se basa en ciertos principios del Parnasianismo y el Simbolismo. Del primero toma los temas de la Grecia clásica, mientras que del segundo toma la musicalidad como primera condición de la poesía y el gran uso de imágenes sensoriales y símbolos de elegancia plástica. El Modernismo, asimismo, renueva la expresión mediante el uso de de sinestesias y la creación de nuevos metros y estrofas, y se remonta en el tiempo hacia la Grecia apolínea o la Francia dieciochesca. Finalmente, el Modernismo exalta la libertad creadora y manifiesta una visión cosmopolita. Se tratan temas el amor y el erotismo, el escapismo, lo hispano, etc.
      Rubén Darío es el iniciador y máximo representante del Modernismo. Nació en Metapa, Nicaragua el 18 de enero de 1867, bajo el nombre de Félix Rubén García Sarmiento. Durante sus primeros años estudió con los jesuitas y a los 14 años publicó poesías en los periódicos nicaragüenses con el seudónimo de Rubén Darío. Durante 1882-1886 su vida transcurre en El Salvador. Su poesía, en esta etapa, se ajusta a los cánones románticos. En 1886 llegó a Chile, donde trabaja como periodista y se une a la juventud intelectual chilena, quienes le permiten conocer la poesía parnasiana y simbolista. En 1887 publica Abrojos y en 1888 Rimas. Estas obras presentan todavía un corte romántico pero se vislumbran tonos parnasianos. En 1888 también publica Azul..., la primera obra que cambia el rumbo de las letras hispánicas y lo convierte en un poeta reconocido en España. En 1890 Rubén contrajo matrimonio con Rafaela Contreras, quien muere en 1893, lo que hace que luego se case con Rosario Emelina Murillo. De 1893-1898 Darío permanece en Buenos Aires, donde publica varios artículos sobre la poesía francesa en La Nación. En Bs. As desarrolla una “nueva forma” de expresión basada en procedimientos parnasianos y simbolistas: con musicalidad, sinestesias, cromatismos, símbolos de elegancia plástica y transposiciones de otras artes. En 1896 publica Los Raros y Prosas Profanas. De 1898 a 1916 Darío es recibido en América y Europa constantemente y publica varias obras: Cantos de vida y esperanza (1905), El canto errante (1907), Poema de Otoño (1910) y El oro de Mallorca (1913). Finalmente muere en Nicaragua el 6 de febrero de 1916.

      En el poema “Sinfonía en gris mayor”, Rubén Darío presenta desde el título una idea de depresión en todo el conjunto al adjudicarle al sustantivo ‘sinfonía’ el adjetivo cromático ‘gris’, el cual usualmente representa tristeza y aflicción. La palabra ‘mayor’, a su vez, al acompañar a dicho adjetivo le confiere una calidad de nota musical a la palabra ‘gris’, que junto a ‘sinfonía’ carga al título con un gran tinte musical. Por otra parte, al hacer uso del adjetivo ‘mayor’, Darío confiere una fuerza imponente al título, que no hubiera sido lograda con el uso de la palabra ‘menor’ por ejemplo.   Sin embargo, el título podría ser interpretado de una manera completamente distinta, haciendo referencia a la experiencia positiva de una persona (referida como sinfonía) que se encuentra ya en la vejez (interpretada por la utilización del color ‘gris’, el cual hace referencia a la pérdida de coloración del cabello en el transcurso de la vida). Así el título anticiparía un poema que relata las experiencias alegres o ‘mayores’ de un anciano, presentadas con gran musicalidad. En cada caso la interpretación del título tendrá relación con quién lo lea. La sinestesia encerrada en el título (sinfonía es una imagen auditiva mientras que gris es cromática) permite traducir un sinfín de impresiones creadas por las imágenes sensoriales.
      En cuanto a los aspectos formales, es decir versificación y musicalidad, la poesía cuenta con treinta-y-tres versos divididos en ocho estrofas de cuatro versos cada una, con excepción de la tercera estrofa que cuenta con cinco versos. Cada verso posee doce sílabas, con excepción del verso 2 que posee trece, y la uniformidad métrica se mantiene gracias al uso de licencias como el hiato y la sinalefa, vista en versos 1, 5 y 18 (‘como un’, ‘la espuma’). Las palabras finales del verso son graves en su mayoría, manteniendo estático el número de sílabas, aunque se encuentran algunas agudas (‘cenit’ en verso 6 o ‘clarín’ en verso 8) que suman una sílaba al recuento silábico final del verso permitiendo mantener la uniformidad.
      La rima del poema es asonante y está dada entre versos pares desde el comienzo hasta la tercera estrofa, a partir de la cual la rima pasa a encontrarse entre versos impares debido a la adición de un quinto verso. La composición poética adquiere ritmo mediante la puntuación utilizada tanto en las primeras estrofas como en las últimas. Además, los recursos de hipérbaton (versos 11-13, 22-23) y encabalgamiento (versos 3-4, 29-29, 30-31), así como también la enumeración (versos 13, 20-21, 23), la anáfora (versos 5-7, 15-16), y la asonancia (versos 1, 2), otorgan al poema un ritmo, una continuidad y una musicalidad característicos de la poesía modernista, que facilitan e incentivan la lectura y el disfrute por parte del lector, mientras que exponen la versatilidad del poeta a la hora de utilizar el vocabulario y la sintaxis.
      A lo largo del poema se presenta la imagen de un viejo marinero sentado cerca del mar, quien observa el tranquilo entorno y se hunde en pensamientos acerca de “un vago, lejano, brumosos país”. La utilización de metáforas, tanto puras como impuras, desde el primer verso, permite a Rubén Darío describir este entorno, confiriéndole un sentimiento de desánimo al poema, y mostrar la simbiosis de distintas artes que se pueden distinguir en la naturaleza. En la metáfora pura usada en el verso 1 junto a una comparación, se   caracteriza al mar como un espejo (“vasto cristal azogado”) que, como es notado en las metáforas de los versos 2, 4 y 9, posee un “vientre de plomo” y refleja el cielo, el cual está representado como una “lámina… de cinc” o “fondo bruñido de pálido gris”. Estas alegorías incluyen imágenes visuales cromáticas vívidas que hacen alusión al sentimiento depresivo del poema, ya que utilizan palabras como ‘azogado’, ‘cinc’, ‘gris’, ‘plomo’ que confieren nociones oscuras al lector e incentivan una idea de tristeza en éste. Además, en el poema se incluyen otras metáforas (versos 8, 31, 33) con referencia al viento y a la cigarra que acompañan al marinero y que aluden a otro tipo de arte, la música, mediante la utilización de imágenes sonoras como ‘ronca guitarra’, ‘cuerda’,   ‘violín’, ‘clarín’. Esta referencia a otras artes es característica del modernismo. Las metáforas, junto a las comparaciones de verso 1 y 5, confieren características de objeto a elementos naturales a la vez que otorgan melancolía al poema, exteriorizando el sentimiento del personaje.
      Los diversos elementos naturales que aparecen en el texto, se encuentran modificados por la utilización de prosopopeyas (verso 3, 6, 10, 17, 19, 31, 32). Se puede observar que, en las primeras prosopopeyas, se le confiere vida a objetos abióticos, lo que posibilita a Rubén Darío una descripción más profunda del ambiente que rodea al personaje al mismo tiempo que lo ayuda en la creación del sentimiento general del poema mediante la utilización de verbos cargados de una connotación negativa y de tristeza (descansa, gemir). A su vez, las prosopopeyas son utilizadas para indicar características del marinero, como es el caso de ‘los tifones…le han visto bebiendo su frasco de gin’ (verso 17) o ‘la espuma…conoce su roja nariz, sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta, su gorra de lona, su blusa de dril’ (versos 20-21). El uso, en el último caso, de una prosopopeya seguida de una enumeración en donde los sustantivos aparecen adjetivados, de manera directa o indirecta, e incluidos en estructuras simétricas, confiere musicalidad y ritmo al contenido a la vez que otorga verosimilitud a la descripción del marinero, ya que sugiere una relación larga existente entre el personaje y los elementos que lo rodean. La soledad del hombre es sugerida sutilmente al mencionar a la naturaleza como la única conocedora de las características y comportamientos del marinero. Sin embargo, la característica solitaria de éste es denotada también mediante la animalización realizada (versos 14, 26), en donde se refiere al marinero con el sustantivo ‘lobo’. Este animal, usualmente asociado con connotaciones negativas y la soledad, contribuye al entorno ‘gris’ del poema.
      La utilización de imágenes sensoriales en la composición poética muestra la riqueza sensorial que Rubén Darío, como poeta modernista, adoptó de simbolistas e impresionistas. Estas imágenes, algunas de las cuales fueron mencionadas anteriormente, son en su mayoría cromáticas (versos 4, 5, 19, 27) o visuales (versos 9, 15, 18), aunque también se pueden ver auditivas (versos 31, 33). En versos 8, 24 y 28 la combinación de dos tipos de imágenes conforma sinestesias que ahondan la continua descripción presente en el poema y son solidarias con la carga semántica, tal como las antítesis de los versos 5 y 6 (sol/opaco, enfermo/cenit). La característica moderna de Rubén Darío se aprecia también en el exotismo de los versos 15-16, mientras que la complejidad de la lengua que Darío es capaz de utilizar se muestra a través del uso de epítetos (versos 15,16) y de verbos participios (sentado) y gerundios (fumando, pensando) que señalan perpetuidad y continuidad. Se realiza en el poema, mediante el uso del vocabulario amplio, una contraposición entre el pasado dinámico del marinero y la tranquilidad del presente, en donde todo es monótono y continuo.
      La repetición de estructuras (‘lejano, brumoso país’ y ‘la siesta del trópico’) crean, en la última parte del poema, una noción de ‘sueño’ en el momento en que “el lobo se aduerme”. El hecho de que ambas frases se repitan resalta su importancia en el texto y alude a un recuerdo del viejo marinero en horas de la tarde. Sin embargo, la idea de ‘siesta’ puede relacionarse también con una connotación negativa si es considerada como ‘muerte’. Así en las últimas dos estrofas se podría ver la muerte del viejo marinero que mientras este se “aduerme” un “enorme esfumino…borra el confín”.
      El tema y sentido del poema es claro. Rubén Darío se aleja de lo objetivo para realizar una composición subjetiva en donde el tema principal sea la nostalgia del tiempo perdido y la melancolía. Esta carga de significado se hace presente a través de los campos semánticos presentados: cinc/gris/opaco/enfermo/plomo; vago/lejano/ esfumino/viejo. El campo semántico de la naturaleza (mar/cielo/pájaros/sol/viento/ playas/tifones/espuma) es esencial para la descripción que Darío realiza del entorno. El vocabulario utilizado, junto con los diversos recursos, muestra además la tristeza del personaje en contraste con elementos que son relacionados con vida y alegría.
      El título “Sinfonía en gris mayor” está, entonces, profundamente ligado   al tema y concepto que domina la poesía. Se puede decir, así, que el título opera como un indicio de lo que se encontrará en el texto.


miércoles, 24 de julio de 2013

Sinfonía en gris mayor. Rubén Darío

El mar como un vasto cristal azogado
refleja la lámina de un cielo de zinc;
lejanas bandadas de pájaros manchan
el fondo bruñido de pálido gris.
El sol como un vidrio redondo y opaco
con paso de enfermo camina al cenit;
el viento marino descansa en la sombra
teniendo de almohada su negro clarín.
Las ondas que mueven su vientre de plomo
debajo del muelle parecen gemir.
Sentado en un cable, fumando su pipa,
está un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país.
Es viejo ese lobo. Tostaron su cara
los rayos de fuego del sol del Brasil;
los recios tifones del mar de la China
le han visto bebiendo su frasco de gin.
La espuma impregnada de yodo y salitre
ha tiempo conoce su roja nariz,
sus crespos cabellos, sus bíceps de atleta,
su gorra de lona, su blusa de dril.
En medio del humo que forma el tabaco
ve el viejo el lejano, brumoso país,
adonde una tarde caliente y dorada
tendidas las velas partió el bergantín...
La siesta del trópico. El lobo se aduerme.
Ya todo lo envuelve la gama del gris.
Parece que un suave y enorme esfumino
del curvo horizonte borrara el confín.
La siesta del trópico. La vieja cigarra
ensaya su ronca guitarra senil,
y el grillo preludia un solo monótono
en la única cuerda que está en su violín.
                           Rubén Darío, 1891

domingo, 14 de julio de 2013

Género lírico

Género Lírico

Al preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que “nada hay de común, excepto la métrica, entre Homero y Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo”. Y así es: no todo poema -o para ser exactos: no toda obra construida bajo las leyes del metro- contiene poesía. Pero esas obras métricas ¿son verdaderos poemas o artefactos artísticos, didácticos o retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico -estrofas, metros y rimas- ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar pero no de poetizar. Por otra parte, hay poesía sin poemas; paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesías sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenos a la realidad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético. Cuando -pasivo o activo, despierto o sonámbulo- el poeta es el hilo conductor y transformador de la corriente poética, estamos en presencia de algo radicalmente distinto; una obra. Un poema es una obra. La poesía se polariza, se congrega y aísla en un producto humano: cuadro, canción, tragedia. Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida. Sólo en el poema la poesía se aísla y revela plenamente. Es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía si deja de concebirse a éste como una forma capaz de llenarse con cualquier contenido. El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía. Forma y sustancia son lo mismo.


La lírica pertenece a los géneros literarios, del mismo modo que la narrativa y el drama. Cuando hablamos del concepto “lírica”, estamos aludiendo a todo lo que desciende de la “lira”, es decir, de un instrumento musical que acompañaba – antiguamente – a la poesía cantada; de allí nace esta palabra, que a medida que avanzan los tiempos, ha adquirido otros modos de manifestación, ya no centradas en el canto propiamente tal.
Etimológicamente hablando, la lírica tiene su origen en Grecia, ya que en ese lugar era común oír recitaciones de poesía en sitios públicos, por parte de una persona o de un grupo o coro y esta declamación era en compañía de alguna instrumentación musical, por lo general, de la lira.
En la actualidad la lírica abarca a las obras poéticas en todo su espectro, a las creaciones de carácter subjetivo y de manifestación de sentimientos por parte de un hablante, quien escribe por medio de versos o de rima poética. La lírica se relaciona con la métrica, con la musicalidad y el ritmo. El hablante lírico expresa sus emociones, por ello este género está asociado con la función expresiva del lenguaje. El género lírico no busca ser una fiel representación de la realidad del mundo, ya que esa no es su finalidad inicial, sino la de expresar la interioridad del o los hablantes. El mundo no busca ser representado, pues el mundo de uno no es igual para otro, ya que la lírica apunta a la subjetividad de cada exponente.


El Hablante y su Actitud Lírica
El hablante lírico es un ser que no existe como tal, es un ente de ficción, el que es creado por el autor. Este hablante expresa su sentir, su interior por medio de la poesía, de una forma directa o indirecta, adoptando una actitud lírica.
Como fue mencionado anteriormente, dentro de las características de la lírica, el hablante posee una actitud determinada al momento de expresarse. Estas actitudes líricas pueden estar entrelazadas entre sí y no manifestarse de modo único dentro del poema, aunque no es algo tajante. De esta forma las actitudes líricas se tipifican en:
La Actitud Enunciativa
Es cuando quien se expresa, el hablante, recurre al algo externo y lo toma para sí mismo y lo da a conocer, lo exterioriza. En este tipo de actitud se utiliza la narración, para poder dar un toque objetivo al poema y “explicar” lo que se ve. Por lo general, el hablante lírico muestra su interior a través de la descripción de paisajes, personas, cosas o hechos. Se utiliza la tercera persona gramatical (él, ella, lo, ellas, ellos, se), asimismo, se asocia a la función referencial o representativa del lenguaje.
“El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo”.
La Actitud Carmínica
Esta es la actitud que tiene que ver con el canto, que es el elemento fundamental de la poesía. Es cuando el hablante lírico expresa su sentir por medio del ritmo y de los versos de cada estrofa y manifiesta su temple de ánimo. Actitud netamente subjetiva. El hablante utiliza la primera persona gramatical (yo, me, mi, nosotros, nos) y está relacionado con la función emotiva o expresiva del lenguaje.
“Tengo hambre de ti,
de tu presencia, de tu fragancia,
de tu poder;
hambre que duele, que debilita,
que desespera, por ti”.
La Actitud Apostrófica
El hablante lírico toma lo exterior y lo traduce en un mensaje al “tú”, su discurso va dirigido esencialmente a un “otro”, a la segunda persona gramatical (sea tú, vosotros, ustedes, os, te, ti) y se expresa con fuerza, intensidad y vigor, interpelando de manera directa al lector; por esta razón, este tipo de actitud responde a la función apelativa del lenguaje. Esta forma de expresión puede adquirir elementos dramáticos en su modo de manifestarse, pues va mezclando la objetividad con subjetividad dentro del poema.
“Si vas para Chile,
te pido que pases por donde vive mi amada:
es una casita, muy linda y chiquita,
que está en la falda de un cerro enclavada.
La adornan las parras, la cruza un estero
y al frente hay un sauce, que llora y que llora
porque yo la quiero.
Si vas para Chile, te ruego viajero,
Le digas a ella que de amor me muero”.
El Motivo Lírico
Se refiere al tema que se expresa en el poema y que guarda relación con el “objeto lírico”, que es lo que nutre de inspiración al poeta, le motiva e impulsa a crear. El motivo lírico es el resultado de poner al “objeto lírico” por escrito y que se transmita por medio del hablante.
Temple de Ánimo del Hablante
Corresponde al estado anímico del hablante, lo que logra transmitir con sus palabras por medio del poema. Quedan de manifiesto los sentimientos de temor que tenga el emisor o de inseguridad, dicha, regocijo, pesimismo, pesadumbre, rabia, incertidumbre u otros, a través de las líneas que componen el texto. Por ejemplo, en el siguiente trozo el temple del hablante lírico es el amor:
“Por amarte robaría una estrella y te la regalaría,
por amarte cruzaría los mares sólo por abrazarte;
por amarte juntaría la lluvia con el fuego,
por amarte daría mi vida sólo por un besarte”