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martes, 30 de mayo de 2017

El Romanticismo

El Romanticismo - Circunstancias históricas
Los orígenes del romanticismo hay que buscarlos ya en el siglo XVIII, fundamentalmente en la filosofía y cultura alemanas, país, en el que se produce un movimiento llamado "Sturm und Drang" (tempestad y pasión) que propugna la creación literaria al margen de las reglas clásicas y revaloriza la expresión artística de vivencias y sentimientos. Es ésta la sensibilidad prerromántica, que también se manifiesta muy pronto en Inglaterra y posteriormente se extiende por el resto de Europa.
El Romanticismo, fenómeno cultural correspondiente a la primera mitad del siglo XIX, se halla vinculado con una serie de circunstancias históricas a las que es necesario aludir.
Se debe por una parte a las reacciones en toda Europa contra el poder napoleónico que finalmente cristalizan en el Congreso de Viena (1815), lo cual explica el matiz conservador del Romanticismo.
No es de olvidar que los gobiernos de la Restauración absolutista procuraron arrancar de cuajo el espíritu liberal que Napoleón difundió, volviendo a las ideas de tradición y religiosidad. Sin embargo, junto a este Romanticismo arcaizante, tradicionalista y cristiano, toma incremento años más tarde otro de tipo revolucionario y liberal, que pretendía la destrucción de todos los dogmas morales, políticos y estéticos hasta entonces vigentes. Su auge coincide con la revolución francesa de 1830 y el triunfo del liberalismo en la mayor parte de los países europeos. En España el comienzo del Romanticismo revolucionario se debe sobre todo a la vuelta de los emigrados liberales con motivo de la muerte de Fernando VII.
La psicología del hombre romántico
El Romanticismo - como el Renacimiento o el Barroco - no se reduce a un fenómeno literario, sino que abarca todos los aspectos de la cultura de la época - desde la política hasta el arte, desde la literatura hasta las modas -, porque en el fondo viene a consistir en una especial actitud frente a la vida. De ahí que deba hablarse de la psicología del hombre romántico antes de entrar en el estilo de su producción estética.
Estos son sus rasgos principales:
Uno de los rasgos capitales del Romanticismo reside en su espíritu individualista. El Romanticismo equivale a la rebelión del individuo, a la violenta exaltación de la propia personalidad. El "yo", al que ahora se le tributa un culto frenético, constituye el máximo objetivo de toda la vida espiritual. El mundo externo apenas conserva otro valor que el de mera proyección subjetiva. Agudo egocentrismo que tiene sus raíces en la doctrina enciclopedista (defensora de la postura crítica intelectual) y en el mundo prerromántico (rehabilitador del mundo de las emociones personales).
El hombre romántico se caracteriza también por su aislamiento y soledad, temas básicos del Romanticismo. Su individualismo está marcado sobre todo por su conciencia aguda y dolorosa de la propia personalidad, de ser distinto de los demás, que en ciertos casos incluso deriva en un sentimiento de superioridad - su genio, su desgracia o infelicidad mayor que las de nadie -. Esta es la razón por la cual el yo del artista pasa a ocupar el primer plano de la creación. Los sentimientos expresados en las obras románticas son los de sus creadores, quienes expresan su insatisfacción con el mundo, su ansia de infinito, su búsqueda del absoluto, su amor apasionado, su deseo vehemente de libertad, sus estados de ánimo, . Por este motivo la poesía lírica o la música son a lo largo de todo el siglo XIX las artes supremas.

El ansia de libertad : El ya mencionado individualismo del hombre romántico produce en él una protesta contra las trabas que hasta entonces tenían cohibido su espíritu, lo cual deriva consiguientemente en un ansia de libertad que se refleja en todas las manifestaciones de la época: el arte, la literatura, la música, la industria, el comercio, la conciencia,...
Irracionalismo: Los románticos rechazan la razón y todo lo racional. Sus temas preferidos están relacionados con lo sobrenatural, la magia y el misterio. A estos románticos les falta un pensamiento sistemático y coherente; no comprenden ni interpretan el mundo de una forma global.
Subjetivismo: En el romanticismo se le concede una gran importancia a las emociones, los sueños o las fantasías. Como formas de conocimientos principales se aceptan la intuición, la imaginación y el instinto; es decir impulsos no racionales, marcados por los sentimientos. La pasión se considera una fuerza superior a la razón.
El espíritu idealista: Los románticos sienten una gran predilección por lo absoluto, lo ideal, en conexión con la filosofía idealista, esencialmente alemana, que se impone con fuerza en toda Europa durante la primera mitad del siglo. Por este motivo buscan desesperadamente la perfección, lo absoluto, lo cual explica, por una parte su necesidad de acción, su vitalismo, pero por otra, los anhelos insatisfechos que derivan en su frustración e infelicidad. Ese vago aspirar hacia un mundo superior al de las realidades sensibles y que la razón no acierta a definir, cristaliza a menudo en unos ideales concretos, que el romántico se impone como norte de su vida: la Humanidad, la Patria, la Mujer. Hacia estos objetivos concretos el hombre romántico dirige sus ardorosos afanes: el sentimiento filantrópico, el ideal patriótico y el amor, al que a menudo se le une un vago misticismo.
Angustia metafísica: Al haber perdido la confianza en la razón, el ser romántico es por naturaleza alguien inseguro e insatisfecho, lo cual da lugar a la desazón vital romántica. El romántico siente la vida como un problema insoluble. Su instinto le denuncia la existencia de fuerzas sobrenaturales que escapan a todo conocimiento racional y una invencible angustia sobrecoge su ánimo. Se sabe víctima de un ciego Destino sin justificación lógica e increpa a la Naturaleza, que contempla impasible su dolor. La idea de infinito preside su vida; de ahí su inquietud febril y su terrible desequilibrio. Este aspecto es, sin embargo, también motor de la creación artística en la búsqueda constante del romántico de respuestas y soluciones a las dudas y problemas que se plantean.
Choque con la realidad: Otro tema importante en el Romanticismo es el del desengaño que deriva del choque entre el yo hipertrofiado romántico y la realidad prosaica y gris que no da satisfacción a sus anhelos e ideales. El romántico - arrastrado por las imágenes que él mismo ha creado en su interior - se encuentra con que la realidad no responde a sus ilusiones. Este hecho lleva al hombre romántico, falto de serenidad para aceptar su ambiente, a un violento enfrentamiento con el mundo y a rebelarse contra todas las normas morales, sociales, políticas o religiosas.
Evasión: Otro tema importante en el Romanticismo es el del desengaño que deriva del choque entre el yo hipertrofiado romántico y la realidad prosaica y gris que no da satisfacción a sus anhelos e ideales. El romántico - arrastrado por las imágenes que él mismo ha creado en su interior - se encuentra con que la realidad no responde a sus ilusiones. Este hecho lleva al hombre romántico, falto de serenidad para aceptar su ambiente, a un violento enfrentamiento con el mundo y a rebelarse contra todas las normas morales, sociales, políticas o religiosas.
Nacionalismo: En el Romanticismo aparece una cierta obsesión por buscar las raíces de cada pueblo en su historia, en su literatura, en su cultura, Es ahora cuando se inventa el concepto de pueblo como entidad espiritual supraindividual a la que pertenecen individuos concretos que comparten una serie de características comunes: lengua, costumbres, folclore. Así se comprende la revitalización de los antiguos poemas épicos y de las leyendas y tradiciones locales. Es evidente que estas ideas románicas se oponen frontalmente al espíritu universalista de la Ilustración.
Técnica Literaria
Al tipo psicológico que acabamos de esbozar había de corresponder necesariamente una visión del arte distinta de la que había originado la producción del siglo XVIII. Veamos sus puntos esenciales:
El genio creador: En el Romanticismo el arte se convierte en la forma de expresión del genio que el creador lleva dentro. El artista pues, nace, no se hace, por lo que cobra capital importancia lo espontáneo, lo intuitivo, lo original, aquello que es característico del genio creador. Desde este momento la obra de arte es el resultado de un momento de inspiración que refleja la valía de su autor. La posibilidad de desarrollo de su capacidad creativa hace del romántico un individuo vitalista, eufórico y apasionado. El agudo individualismo del hombre romántico da lugar en el escritor a un deseo de prescindir de las férreas normas del clasicismo, para llegar a la creación de una obra absolutamente personal. Las viejas reglas son consideradas como trabas sin sentido que convierte el arte en un puro mecanismo, y se proclama la libertad literaria con juvenil entusiasmo. El poeta se dejará llevar ahora por su instinto, su intuición.
En el terreno de la poesía surgen junto a la métrica tradicional nuevos tipos de versificación, nuevos ritmos, nuevas estrofas. Una variada polimetría es el resultado de querer dar a cada situación su expresión musical adecuada. Además, en España, se produce una revalorización de un metro tradicional: el romance, que adquiere ahora el máximo prestigio como forma más indicada para la narración poética.
En el teatro se olvidan las famosas tres unidades de lugar, tiempo y acción, volviéndose en cierto modo a la técnica de nuestro siglo XVII: la acción puede recorrer los más apartados lugares, durar varios años y desdoblarse en dos acciones paralelas. Desaparece la unidad de estilo y se confunden los géneros, mezclándose - con el objeto de dar mayor vivacidad a la obra - lo trágico y lo cómico, lo sublime y lo grotesco, la prosa y el verso. Un trepidante dinamismo invade así el teatro, que alcanza el mayor éxito de público.
Todo el arte se enfoca ahora hacia la expresión de lo particular, del matiz individual, de lo irregular, de lo que escapa a la norma racional. La época románica prefiere destacar lo específico, la nota pintoresca y única.
Con las reglas desaparece también la noción del arte moralizador. El tema primordial será la expresión del "Yo", y el objeto de la obra excitar fuertemente la sensibilidad del lector con las más variadas emociones: la tristeza, el entusiasmo, la conmiseración, el terror, la sorpresa.

En el romanticismo se quiebra la línea clasicista, ya que se rechaza a los clásicos como modelos insustituibles. Se rechaza todo lo clásico, sobre todo el clasicismo francés más que la antigüedad grecolatina. La literatura preferida en el Romanticismo es aquella que por hallarse más apartada de lo clásico, responde mejor al gusto de la época: la bíblica, la medieval, la del siglo XVII no francés, y la contemporánea extranjera. De la Edad Media interesan el falso Ossian, Dante, la poesía popular - el romancero español, las baladas germánicas,.-. Del teatro se destacan los nombres de Shakespeare, Lope y Calderón. Entre los modernos privan Goethe, Heine y Byron en la poesía, Víctor Hugo y Dumas en el teatro, Walter Scott en la novela.
Los Temas
Soledad:
Es propio del Romanticismo además el gusto por la soledad. Los románticos huyen de la realidad mediante el refugio en sí mismos, lo cual justifica la preferencia por lugares solitarios como castillos, cementerios, jardines, espacios apartados o recónditos, oscuros,... Esta soledad del romántico nace también de la afirmación de su yo, de su individualismo.
Nueva Sensibilidad:
Durante el Romanticismo se prolonga y amplía el sentimentalismo manifiesto ya en muchos autores ilustrados y que sitúa en primer plano la intimidad. Resultan características la introspección, la nostalgia, la melancolía, la tristeza y la soledad, a la vez que se extiende el sentimiento de fugacidad e infelicidad de la vida humana, lo cual provoca la típica angustia romántica. El gusto por lo sombrío y crepuscular es revelador de tal sensibilidad.
Naturaleza dinámica:
El artista romántico representa la naturaleza en forma dramática, en movimiento y con preferencia por la ambientación nocturna frente a la naturaleza artificiosa y bucólica propia del Neoclasicismo. Se oponen pues a la mesura y armonía neoclásicas, el desorden y la falta de proporción. La naturaleza se identifica en el Romanticismo con los estados de ánimo del creador, y, según sean éstos, es turbulenta, melancólica o tétrica; es pues, una proyección de sus sentimientos. La naturaleza está, a su vez, por encima de todo, algo que se puede apreciar claramente en el tópico romántico de las ruinas, símbolo del predominio de la naturaleza sobre el hombre y sus obras.

Todos los rasgos románticos anteriores permiten comprender bien que en su rechazo del mundo que les ha tocado vivir los artistas románticos hayan podido tomar dos direcciones opuestas: la nostalgia por los antiguos valores tradicionales (monarquía absoluta, religión, ideales caballerescos), o la rebelión no sólo frente a su mundo sino frente al antiguo (republicanismo, anticlericalismo, ideales democráticos). Por eso podemos hacer la distinción entre un Romanticismo tradicional o conservador y un Romanticismo liberal o progresista.

Características de las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer

 Características de las leyendas de
Gustavo Adolfo Bécquer

Las Leyendas son narraciones breves a las que su autor, mezclando elementos reales con situaciones imaginarias, traslada sus ilusiones y sus desengaños, su visión romántica del amor y de la creación artística. Esto se puede apreciar en una serie de características que podemos considerar comunes a los distintos relatos:
· Espacio: Bécquer prefiere las ciudades antiguas (Soria, Toledo, Sevilla), los viejos castillos, templos y monasterios, las ruinas abandonadas, lugares propicios para la imaginación o el misterio.
· Tiempo: En casi todas las Leyendas el hecho culminante ocurre de noche. La época es siempre el pasado, preferentemente la Edad Media. Así ocurre por ejemplo en El rayo de luna, El Monte de las Ánimas, Los ojos verdes o La corza blanca. Las más cercanas en el tiempo son El Miserere, cuya acción principal se desarrolla en el siglo XIX, y El beso, que se sitúa durante la ocupación francesa en la guerra de la Independencia.
· Personajes: Los protagonistas de las Leyendas son casi siempre jóvenes enamorados impulsivos e imprudentes, y damas hermosas pero perversas. Un ejemplo de personaje masculino puede ser el Fernando de Los ojos verdes, que termina arrastrado a la muerte por su propia pasión. Beatriz, la protagonista de El Monte de las Ánimas, es un ejemplo de esa mujer de belleza ideal pero que acarrea la desgracia de su enamorado.
En las leyendas se presentan personajes típicos del Romanticismo:
·         La dama esquiva: Es caprichosa y no repara en las consecuencias funestas que puede traer su comportamiento.
·         La mujer ideal e inalcanzable: Pertenecen a este bloque por ejemplo, la ondina de Los ojos verdes, la sombra que persigue Manrique en El Rayo de luna.
·         El enamorado: Es un caballero que antepone al amor a su propia vida como Alonso en El Monte de las Ánimas.
·         El caballero rebelde: Un personaje con tintes satánicos que desafía a la divinidad como el capitán en El Beso.
·         El artista romántico: Persigue un ideal artístico como el poeta en El Rayo de luna o los músicos en Maese Pérez el organista y El Miserere.
· Elementos fantásticos: en todas las Leyendas hay un momento culminante en el que ocurre un prodigio, un hecho maravilloso que rompe la normalidad. En ocasiones este prodigio tiene un carácter sagrado, como en El Miserere o en Maese Pérez el organista; otras, se basa en creencias populares o supersticiones: lagos encantados (en Los ojos verdes), muertos vivientes (en El Monte de las Ánimas, o El Miserere), etc. En todos los casos el protagonista es el misterio, la confusa frontera entre la realidad y la imaginación.
· Los desenlaces son siempre trágicos, consecuencia de una conducta imprudente o de haber transgredido una prohibición. Así, Manrique, el protagonista de El rayo de luna, pierde el juicio víctima de su propia obsesión por un amor ideal; o el capitán francés de El beso muere por atreverse a profanar un lugar sagrado, lo mismo que les ocurre a Beatriz y Alonso en El Monte de las Ánimas, etc.
Temas
En las Leyendas se plasman los grandes temas de Bécquer: la lucha entre el ideal y la realidad, que se refleja en el tema del amor imposible (El rayo de luna, Los ojos verdes...) y en el tema de la creación artística, que aparece en Maese Pérez el organista y en El Miserere.
El amor, fuerza motriz del universo, energía cósmica y móvil de la acción, que desencadena el desenlace, es el tema principal en la mayoría de las leyendas. En alguna, la intensidad subyugadora del amor se convierte en el motivo de la trasgresión, impulsada por la fuerza irresistible del amor, cuyo castigo es la muerte o la locura de los protagonista, que están destinados a sufrir un final trágico o a veces, cómico grotesco (El Cristo de la calavera), o bien como un elemento amor se mezcla con la religión, adquiere capacidad regeneradora y sirve de redención.
La búsqueda del ideal, búsqueda de la belleza inaprensible, de la emoción poética intuida, de la forma anhelada. Después, la realidad se encargará de desnudar la fantasía de la imaginación. La búsqueda del ideal se vincula externamente con la belleza femenina, bajo cuya forma y figura subyace un impulso de índole estética (Los ojos verdes, El rayo de Luna). A veces, el ideal cristaliza en un logro artístico (Maese Pérez el organista); pero en otras, queda de manifiesta la imposibilidad de plasmar en lenguaje concreto la emoción y la intuición estética.
La mujer aparece en muchas leyendas como referente de belleza –ideal estético- , como símbolo soñado de la perfección artística (Los ojos verdes, El rayo de luna). La mujer se manifiesta como algo incorpóreo y perfecto, que sólo puede rozarse con las alas del sueño. Cuando la mujer aparece como algo diabólico, está definida con rasgos negativos: capricho, frivolidad, coquetería; inductora de las transgresiones (El monte de las ánimas). Aunque goza de hermosura, la mujer carece de rasgos concretos.
El misterio y lo sobrenatural aparece en muchas leyendas. El miedo llega en algunas a lo terrorífico (El monte de las ánimas). En El monte de las ánimas, la repetición de ciertos elementos acústicos va configurando un clima gradualmente dominado por el terror.
Estructuras de las leyendas
Las Leyendas se organizan en tres tipos de estructuras:
a) tentación-pecado-castigo
b) estructura de anticipaciones.
c) actualización de contenidos.
a) La tentación se centra en la mujer, que ofrece la recompensa de su amor para satisfacer un capricho o una veleidad. El pecado o la transgresión se concreta en la consecución del objeto del deseo o en el propio objeto en sí.: banda, guantes… (El monte de las ánimas) El castigo presenta diversos grados o formulaciones: locura, vergüenza, muerte.
b) En la estructura de anticipación, un narrador en tercera persona – el propio autor u otro narrador-, al principio de su intervención, nos anticipa un acontecimiento histórico- legendario que tiene que ver con el tema central del relato, mezclándose elementos ambientales y sobrenaturales. Bécquer prenuncia el tema narrativo principal, las claves de un contenido que más tarde se desarrollará con mayor amplitud. (El miserere).
c) En la actualización de contenidos, a cada momento del eje temporal, le corresponde un contenido narrativo distinto. La progresión narrativa viene marcada por las actualizaciones de contenidos. Los intervalos temporales varían en cada relato. El tiempo es crucial protagonista y eje vertebrador de los contenidos relatados (Maese Pérez el organista).
Técnica narrativa y estilo
Las Leyendas van encabezadas con prólogos de ficción en los que Bécquer manifiesta que actúa como simple transmisor de informaciones orales, simple cronistas de historias oídas (Narrador omnisciente, narrador-historiador) Estos prólogos atraen la atención del lector y dan verosimilitud legendaria al relato.
En algunas leyendas, el autor incluye un apéndice final, que pretenden atar algunos cabos sueltos y explicar contenidos externos al relato.
Abundan escenas narrativas que se acercan a la narración cinematográfica, de ritmo ligero y de brillante colorido. También son frecuentes diálogos y monólogos escenificados (escenas teatrales).
Los episodios narrativos y descriptivos están referidos a algún determinado momento del día o de la noche, preferentemente la medianoche y el crepúsculo. Son también importantes los matices cromáticos y plásticos del alba y del atardecer. La medianoche representa lo mágico. La noche corresponde simbólicamente al dominio del mal; en cambio, en el atardecer y en el alba se origina lo maravilloso.
El lenguaje que utiliza Bécquer es plástico y musical (sustantivos y adjetivos que aluden al mundo sensorial: oído, vista, olfato, tacto). Como recursos literarios utiliza los tropos. Metáforas, comparaciones, metonimias, elipsis. También utiliza prosopopeyas, aliteraciones y onomatopeyas para reproducir los sonidos en las descripciones sensoriales.
INDICACIONES PARA EL EXAMEN DE LAS LEYENDAS DE G.A.BÉCQUER
Fíjate en los siguientes aspectos a la hora de preparar tu examen.
Las leyendas de Bécquer son textos narrativos por lo tanto debes prestar atención a los elementos de la narración:
·         narrador
·         espacio
·         tiempo
·         personajes
·         estilo

1.        Narrador.
Voces y punto de vista. Fíjate en cada leyenda y determina si aparece un narrador omnisciente, protagonista, objetivo o subjetivo, varios narradores…
2.                   Espacio.

Presta atención a las descripciones de los lugares. ¿Son rurales, urbanos, reales, fantásticos? Qué características románticas tienen. ¿Tienen que ver los personajes?

3.                   Tiempo.

¿En qué época suceden las historias? ¿Cuánto duran? ¿Existe un tiempo psicológico que parece detenerse? ¿Qué elementos climatológicos típicamente románticos aparecen?

4.                   Personajes.

¿Aparece el narrador como personaje? Fíjate en la descripción de los personajes masculinos y femeninos, ¿qué características tienen estas mujeres?
Recuerdas rasgos físicos y sicológicos de por lo menos tres personajes principales. ¿Son personajes planos o redondos, reales, fantásticos?

5.                   Estilo.


¿Serías capaz de localizar alguna figura retórica? ¿De qué manera mantiene el autor la intriga, el misterio, el miedo?

miércoles, 15 de marzo de 2017

ILUSTRACIÓN Y PRE- ROMANTICISMO. UNIDAD INTRODUCTORIA. 3° de Bachillerato.

ILUSTRACIÓN Y PRE- ROMANTICISMO.
UNIDAD INTRODUCTORIA. 3° de Bachillerato.

LA ILUSTRACIÓN, DESDE LA FILOSOFÍA A LA LITERATURA.
El periodo conocido como la Ilustración es, en la historia del pensamiento, el momento de cruce principal entre la literatura y la filosofía. Por lo tanto, comenzaremos con una aproximación filosófica a la Ilustración. Según el diccionario Herder:
“El término Ilustración se aplica a un conjunto sistemático de ideas filosóficas y políticas que se extiende por países de Europa - Inglaterra, Francia y Alemania, principalmente - desde mediados del siglo XVII al XVIII, y que se considera como uno de los periodos más intelectualmente revolucionarios de la historia. Se caracteriza, a grandes rasgos, por una confianza plena en la razón, la ciencia y la educación para mejorar la vida humana, y una visión optimista de la vida, la naturaleza y la historia, contempladas desde una perspectiva de progreso de la humanidad, junto con la difusión de posturas de tolerancia ética y religiosa y de defensa de la libertad del hombre y de sus derechos como ciudadano. La importancia de la razón crítica, que es pensar con libertad, y que ha de ser como la luz de la humanidad, se deja ver en la misma raíz de las palabras con que, en los distintos idiomas, se significa este periodo: “Siglo de las luces”, o “Siglo de la razón”, “Iluminismo” (en Italia), “Enlightenment” (en Inglaterra), o “Aufklärung” (en Alemania). Todo cuanto se oponga, como rincón oscuro y escondido, a la iluminación de la luz de la razón - las supersticiones, las religiones reveladas y la intolerancia – es rechazado como irracional e indigno del hombre ilustrado, como “oscurantismo”. Kant, con la frase sapere aude! - ¡atrévete a saber! - expresa acertadamente la labor que cada ser humano ha de ser capaz de emprender y llevar a cabo por propia iniciativa, una vez alcanzada ya, por historia y por cultura, la mayoría de edad del hombre. Las ideas ilustradas constituyen el depósito conceptual sobre el que se funda la manera moderna de pensar.”
Antecedentes ideológicos: el siglo XVII.
Para comprender mejor el pensamiento del siglo XVIII y los rasgos más sobresalientes de su literatura, es necesario hacer un breve repaso de las formas que surgieron durante el siglo XVII.
La Literatura clásica moderna. En el siglo XVII se dio en Francia el llamado “Clasicismo moderno”. H. Pierre, en su obra “¿Qué es el clasicismo?”, señala los siguientes rasgos fundamentales del clasicismo francés: RACIONALISMO; INTELECTUALIDAD, término preferible al anterior, porque muestra uno de los aspectos fundamentales del espíritu francés del siglo XVII: el gusto por la comprensión, por el análisis psicológico, por la exploración lúcida de la emoción y de los impulsos de la imaginación; sentimientos estos que son gobernados, comprendidos y analizados; IMPERSONALIDAD y UNIVERSALIDAD.
Será la burguesía la que asuma el protagonismo de este siglo, que se enfrenta al sistema político-social establecido. Aspiran a destruir el denominado “Antiguo régimen” sintetizado en el Absolutismo y los privilegios de la nobleza y el clero. Elabora una cultura nueva: la “Ilustración”.
Se produce el progreso de las ciencias y evoluciona el arte.
La Ilustración no se limitó a Francia, sino que se extendió por todo el mundo. En Alemania tuvo especial importancia y, como ya se mencionó más arriba, recibió el nombre de “Aufklärug”.
CARACTERÍSTICAS DE LA ILUSTRACIÓN.
Es la ideología y la cultura elaborada por la burguesía europea en su lucha contra el absolutismo y la nobleza. Se trata de un fenómeno surgido en Francia que se va extendiendo por toda Europa a lo largo del siglo XVII. La Ilustración es una postura crítica que adopta la burguesía frente al orden establecido.
Su objetivo es "hacer a los individuos virtuosos y a los pueblos felices", arrancándoles de sus tradiciones populares a las que los ilustrados llaman supersticiones, especialmente de la religión católica. (“Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”).
CARACTERÍSTICAS:
1. RACIONALISMO.
El vocablo más utilizado en el siglo XVIII en literatura, filosofía y ciencia es “RACIONAL”. Los intelectuales de este siglo dieron a su época el nombre de “Siglo de las luces” refiriéndose a las luces de la lógica, de la inteligencia, que debía iluminarlo todo.
Sólo es real lo que puede ser entendido por la razón. Aquello que no sea racional debe ser rechazado por falso e inútil.
Este racionalismo llevó a la lucha contra supersticiones; en el campo de la religión la postura racionalista hizo que apareciera el Deísmo. La mayor parte de los ilustrados son deístas que afirman la existencia de un Dios creador y justo, pero consideran que el hombre no puede entrar en contacto con la divinidad y, por lo tanto, no sabe nada de ella.
2. BÚSQUEDA DE LA FELICIDAD.
Se considera que la Naturaleza ha creado al hombre para que sea feliz. Pero de acuerdo con la mentalidad burguesa, esta felicidad, para que sea auténtica, debe basarse en la propiedad privada, la libertad y la igualdad. (Igualdad ante la ley).
3. CREENCIA EN LA BONDAD NATURAL DEL HOMBRE.
Los filósofos de la ilustración piensan que el hombre es bueno por naturaleza.
4. EL OPTIMISMO.
El hombre del siglo XVIII piensa que la naturaleza es una especie de máquina perfecta que lo hace todo bien.; hay motivos, por tanto, para sentirse optimista. Por otro lado, se considera que la  historia supone la evolución progresiva de la humanidad, es decir, que el hombre con el transcurso de los siglos se va perfeccionando continuamente; así llegará el momento en que se logrará construir la sociedad perfecta, una especie de paraíso en la tierra.
5. LAICISMO.
La Ilustración es la primera cultura laica de la historia de Europa; cultura al margen del cristianismo, y en algunos aspectos anticristiana. Esto tiene su explicación en cierto rechazo por parte dela Iglesia, de la forma de vida burguesa.
La burguesía constituye una clase que, desde su aparición, vive del comercio, del préstamo con interés y del lucro. Todavía en el siglo XVIII nos encontramos con teólogos que consideraban al préstamo con interés como usura; con moralistas que seguían hablando de ganancias ilícitas y, con sacerdotes que predicaban que era más fácil salvarse a un hombre dedicado al ocio, que no al comerciante.
Las virtudes cristianas son transformadas en virtudes laicas; los ilustrados nunca hablan de caridad (amor al prójimo por amor a Dios), sino que emplean la palabra filantropía (amor al hombre por el hombre mismo). El carácter no religioso de la Ilustración se nota también en las lecturas de la época: en el siglo XVII los libros que más se editaban eran  las vidas de santos y las obras de piedad; en cambio en el siglo XVIII las obras más editadas son de filosofía, ciencias naturales y apenas libros religiosos.
REPRESENTANTES DE LA ILUSTRACIÓN: Luis Montesquieu (1713-1784); Francisco M. Voltaire (1694-1778); John Locke (1632-1704); Renato Descartes (1596 – 1650).
Lecturas acerca de la Ilustración:
1771
París
El Siglo de las luces.
Se agrietan en Europa los venerables muros de catedrales y palacios. La burguesía embiste, armada de máquinas de vapor y volúmenes de la “Enciclopedia” y otros imparables arietes de la revolución industrial. De París brotan las desafiantes ideas, que volando sobre el “populacho necio”, dan su sello al siglo. Tiempos de furor de aprender y la fiebre de inteligencia: el Siglo de las Luces levanta la razón de la minoría que piensa contra los dogmas de la Iglesia y los privilegios de la nobleza. La condena, la persecución y el destierro estimulan a los sabios, hijos de los filósofos ingleses y del fecundo Descartes, el que empezó por dudar de todo. Ningún tema resulta ajeno a los filósofos de la Ilustración, desde la ley de gravedad hasta el celibato eclesiástico.
(Eduardo Galeano: “Memoria del fuego”)

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“...el siglo XVIII prepara y anuncia la llegada del mundo contemporáneo. Son muchos los rasgos propios de épocas posteriores que empiezan a dibujarse. Las ciencias se desarrollan de un modo extraordinario, forman un edificio completo, rematado por las ciencias sociales. El hombre aprende día a día, comprende, ve y le parece que las tinieblas retroceden: es el “Siglo de las luces”. El progreso de los conocimientos aumenta la fe en el continuado progreso de la humanidad hacia un estado superior... Provisionalmente la Iglesia pierde influencia, el Catolicismo retrocede en todas partes, y como consecuencia de ello se elaboran nuevas concepciones del mundo, sean racionalistas, deístas o bien materialistas”. - Mousnier y Labrousse. “El siglo XVIII”.

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“¡Qué contraste! ¡Qué brusco cambio! La jerarquía, la disciplina, el orden de la autoridad se encarga de asegurar, los dogmas que regulan la vida firmemente: eso es lo que amaban los hombres del siglo XVII. Las trabas, la autoridad, los dogmas, eso es lo que detestan los hombres del siglo XVIII, sus sucesores inmediatos. Los primeros son cristianos, y los otros anti- cristianos. Los primeros creen en el derecho divino, y los otros en el derecho natural; los primeros viven a gusto en una sociedad que se divide en clases desiguales, los segundos no sueñan más que con la igualdad... La mayoría de los franceses pensaban como Bossuet. De repente, los franceses piensan como Voltaire. Es una revolución”. - Paul Hazard. “La crisis de la conciencia europea”.

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“El primer estado que el hombre adquiere de la naturaleza, y que se considera el más precioso de todos los bienes que puede poseer, es el estado de libertad. No puede cambiarse por otro ni venderse, ni perderse, pues naturalmente todos los hombres nacen libres, no sometidos al poder de un dueño, y sin que nadie tenga sobre ellos derecho de propiedad”. - Diderot- D' Alambert. “Enciclopedia”.

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... “Todos los lunes, miércoles y viernes son días de “sociabilidad”. Todos los caballeros de la Corte se reúnen en la antecámara del Rey, y todas las damas, a las seis, en la cámara de la Reina. Después, unos y otros pasan al salón, donde tengo que hablar con todo el mundo. De allí se va a un gran salón, en donde hay violines para los que quieran bailar. De allí, se pasa a una cámara donde está el trono del rey. Allí se encuentran toda clase de músicas, conciertos y voces. De allí se pasa al dormitorio donde hay tres mesas para jugar a las cartas... De allí se pasa a otra cámara que bien puede llamarse sala... para jugar toda clase de juegos. De allí, se pasa a una gran antecámara en donde está el billar del rey, en donde hay cuatro mesas largas, con toda clase de cosas, pasteles de frutas y confituras. De allí, se pasa a otra cámara donde hay cuatro mesas largas...y en ellas muchas jarras con vasos y toda clase de vinos y licores...
Si yo tuviera ahora que referiros la magnificencia, todas las cámaras están amuebladas... y la multitud de vajilla de plata... hay en ellas...”

“...Los pueblos que Vos debiérais amar como a vuestros hijos y que hasta ahora os han idolatrado, mueren de hambre.
El cultivo de las tierras ha sido casi abandonado, las ciudades y los pueblos se despueblan, todos los oficios languidecen y no proporcionan alimento a los obreros. Todo comercio ha sido reducido a la nada. Habéis destruido la mitad de las fuerzas de vuestro estado para efectuar y conservar vanas conquistas en el exterior. En vez de esquilmar a este pobre pueblo con impuestos, sería más justo darles limosna y alimentarlo...
Vos mismo, señor, os habéis granjeado estos inconvenientes porque habiendo sido arruinado todo, tenéis en vuestras manos todo, y nadie puede vivir sino de Vos” - (Fenelón. “Carta a Luis XIV”, siglo XVII).
-Francois Fenelon (1651 – 1715) – Teólogo católico, poeta, escritor francés, crítico de la política de Luis XIV. Hijo de familia noble. Dio la voz de alarma contra un estado de cosas que la nobleza pretendía perpetuar y que sería uno de los motivos de la Revolución francesa. Dice en su carta al Rey: “ha introducido en la Corte un lujo monstruoso e incurable...”

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SIGLO XVIII.
ILUSTRACIÓN.

-Reacción contra la iglesia, nacimiento de una corriente escéptica.
-Ataque a la monarquía que se despreocupó de los escritores, quienes comenzaron a elaborar teorías que prepararon la Revolución francesa.
-Se consideró que los artistas tenían como misión servir al individuo y lograr el bienestar de la colectividad.
-Gran fe en el progreso humano.
-Desechan la teoría de que el arte tenga un fin en sí mismo, por el contrario debe atender a lo social.
-Se valora al individuo y a sus derechos.
-Francia sufrió quebrantos militares y económicos, pero logró formar un imperio intelectual.
-Los escritores de este siglo son cerebrales, lógicos, fríos. El arte se hace vehículo de la propaganda de las ideas sociales, políticas y filosóficas.
- La poesía sufre con el triunfo del racionalismo que mata el vuelo, el misterio y la emoción poética. Se le llama a esta expresión “poesía sin poesía”.
-Formación de una filosofía de la liberación que buscó que el pensamiento humano se hiciera independiente, sin dogmas.
-El pensamiento ilustrado se sustenta en tres pilares básicos:
Confianza absoluta en el poder de la razón, que hará posible el progreso. Se anhela prosperidad económica como trampolín para conseguir la libertad.
Creencia en la felicidad humana con fines utilitarios.
Laicismo en la cultura. Los valores culturales y científicos suplantan a los religiosos. Hay un ataque a las formas religiosas tradicionales plagadas de fanatismo y superstición.
Representantes: Montesquieu, Voltaire, Rousseau.

SIGLO XVIII-XIX.
PRE-ROMANTICISMO.

En la segunda parte del Siglo XVIII la Ilustración debió enfrentar la competencia con movimientos irracionales, es decir que reaccionaban contra la razón, argumentando que el instinto natural y el sentimiento individual y no la razón, eran la mejor guía del hombre. El filósofo de la Ilustración Juan Jacobo Rousseau comienza a rechazar parte de los fundamentos de la misma convirtiéndose en el antecedente e impulsor en Francia de ideas que darán origen al pre-romanticismo, surgiendo a fines del siglo XVIII el movimiento romántico propiamente dicho, el que pronto se difundirá por Europa. Otros pre-románticos son: en Inglaterra los poetas “Lakistas” como Edward Young, Macpherson; en Alemania los poetas del “Sturm und Drang” como Herdee, Göethe y Schiller. En Francia, además de Rousseau son pre-románticos: Diderot, S. Mercier y B. de Saint Pierre.
En el Prerromanticismo se dan los siguientes caracteres, que lo separan del Neoclasicismo:
Afirman el predominio del sentimiento frente a la razón. En sus obras, los escritores expresan sus sentimientos más tristes y exaltados.
Rechazan las "reglas", aunque algunos escritores prerrománticos las aceptan.
Frente a la naturaleza arreglada y tranquila típica de los escritores neoclasicistas, los prerrománticos y más tarde los románticos prefieren lugares esotéricos y misteriosos, como cementerios, escenas nocturnas, tormentas, apariciones de fantasmas, etc.
Como ejemplo de documento prerromántico, ofrecemos un pasaje del enciclopedista francés Denis Diderot, que en el año 1760, escribió:
“¿Qué necesita el poeta? ¿Una naturaleza bárbara o cultivada, tranquila o tormentosa? ¿Preferiría la belleza de un día puro y sereno al horror de una noche oscura, donde el mugido de los vientos se mezcla por intervalos al murmullo sordo y continuo del trueno lejano, y donde se ve el relámpago inflamar los cielos sobre nuestra cabeza? ¿Preferirá un estanque a una catarata que se quebranta y rompe entre los peñascos, estremeciendo al pastor que la oye lejos, apacentando su rebaño en la montaña? ¿Cuándo veremos nacer poetas? Después de grandes desastres y grandes desdichas, cuando los pueblos comiencen a respirar, y las imaginaciones excitadas por espectáculos terribles, se atrevan a pintar cosas que ni siquiera podemos concebir los que no hemos sido testigos de ellas”. (Fuente: Wikipedia)
Si el lema del espíritu y la literatura de la Ilustración pudiera resumirse en la expresión “Libertad y prudencia” o “Libertad y sentido de la medida”, puede decirse que, según avanza el siglo, ese equilibrio que los ilustrados buscan y proponen va a irse alternando a través de un proceso en el que la libertad incrementa su peso en detrimento de la prudencia o el sentido de la medida. El Prerromanticismo sería la manifestación estética de ese desequilibrio. Desde mitad del siglo, y de manera progresiva según se acerca su final (no olvidemos que en 1789 se inicia la Revolución Francesa), el deseo de libertad se extiende a todos los ámbitos de la vida social y cultural, y entre ellos, cono no podía ser menos, a la literatura que lentamente va rompiendo con las barreras, reglas y preceptos que imponía la estética neoclásica.
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STURM UND DRANG.
-Se produce una intensificación de la sensibilidad que se manifiesta en un amor intenso a la naturaleza.
-Frente al hombre refinado y culto, se levanta el hombre sensible y apasionado; frente a la vida mundana de los salones, se exalta el sentimiento hacia la naturaleza.
-Predominio de la soberanía del “Yo”. La sensibilidad se desborda, no reconoce límites.
STURM UN DRANG. (1760-1785).
(Tempestad e ímpetu / Tormenta y pasión).
-Este movimiento cultural alemán surge como reacción contra la Ilustración.
-El escritor es un titán enfrentado con la misma divinidad.
-Rechazan los géneros literarios y todo tipo de reglas.
-Exaltan la libertad y la espontaneidad creadora.
-Adquiere relevancia la concepción panteísta de la naturaleza.
Panteísmo: doctrina que identifica a Dios y el mundo en una única sustancia.
-La Edad Media se convierte en el punto de mira de los escritores.
-Se admira la arquitectura gótica.
-Se trata de un movimiento rebelde que defiende el derecho al amor y a la muerte, fuera de las normas de la sociedad.

Representantes: Göethe, Schiller, Hamann y Herder.

jueves, 13 de agosto de 2015

EL MONTE DE LAS ÁNIMAS

EL MONTE DE LAS ÁNIMAS
“Ese monte que hoy llaman de las Ánimas pertenecía a los templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los templarios eran guerreros y religiosos a la vez… Entre los caballeros de la nueva y poderosa orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló por fin un odio profundo… Fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres. Los lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento festín… la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla y que las ánimas de los muertos envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria lo llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche…”
                                                (“El Monte de las Ánimas”, de Gustavo Adolfo Bécquer)
Para muchos es la “Leyenda” más perfecta y emocionante de cuantas escribió Bécquer. La riqueza temática, su dosificación magistralmente comprimida en cuatro breves capítulos y su gran calidad literaria la evidencian como tal. En el proemio el autor está en Madrid aunque no se cite explícitamente y la historia se desarrolla en Soria. “El Monte de las Ánimas” se publicó en “El Contemporáneo” el 7 de noviembre de 1861 --- fecha cercana al día de difuntos --- sirve para preparar  un clima de terror al igual que los sonidos acústicos en la introducción (las campanas doblan, el aire hace crujir los cristales) que se desarrollará “in crescendo” en el nudo y epílogo.
Si en el “Miserere” (1862), Bécquer se inspiró en el famoso “Réquiem” de Wolfgang Amadeus Mozart, obra póstuma del gran músico, de la cual se tejió una leyenda a su alrededor, en el “Monte de las Ánimas” lo hace de la creación literaria de  Giovanni Boccaccio en un cuento de su “Decamerón” (5ª jornada, novela 8ª), relatando a un joven enamorado que se suicida a causa de los desaires de su amada y es condenado a perseguirla eternamente a caballo y a arrancarle el corazón (paralelismo con Beatriz perseguida eternamente como una fiera por los templarios) y que a su vez inspiró cuatro cuadros de Sandro Botticelli, “Historia de Nastagio degli Onesti” (los tres primeros de la colección están en el Museo del Prado) y en uno de los relatos del escritor y humanista barroco Cristóbal Lozano, “Castigo de dos adúlteros”.
La trama acontece en la Edad Media entrando con un flash- back sobre la leyenda de las almas en pena de los templarios y los nobles en boca de Alonso, personaje- víctima de la historia. El tema folklórico del “cazador maldito”, condenado a vagar hasta el final de los tiempos engarza perfectamente con los otros dos propuestos: las almas sin reposo que reemprenden su feroz batalla y la mujer desdeñosa y altiva la cual provoca el terrible y espantoso desenlace. Bécquer insiste en mostrar personajes femeninos que arrastran hacia la fatalidad  al pretendiente de su amor. Encontraremos valentía pero también inmadurez y falta de prudencia en estos jóvenes protagonistas de este amor tan imposible como pasional, que les conducirá a la destrucción: Pedro Alfonso de Orellana intenta robar una joya en la catedral de Toledo para regalársela a María Antúnez (“La ajorca de oro”, 1861), la mujer --- siempre bella --- que seduce al desdichado Fernando de Argensola es en realidad un espíritu maligno el cual tira del joven  hasta el fondo del lago (“Los ojos verdes”, 1861) o los dos amigos enfrentados (duelo a muerte con espadas) por el amor (prácticamente “imposible”) de una muchacha los cuales son salvados por la manifestación de una fuerza sobrenatural, probablemente la misma divinidad (“El Cristo de la calavera”, 1962), recobrando la amistad  para posteriormente ver a un hombre deslizarse con una cuerda desde las habitaciones de su amada y estallar los dos amigos en una estruendosa carcajada…
A)- EL PRÓLOGO consta de: 1) un breve preámbulo donde el narrador, el mismo Gustavo Adolfo Bécquer, nos pone en solfa sobre la leyenda y confiesa no poder dormir al oír doblar las campanas en la noche de difuntos por lo cual se decide escribir esta tradición oída en Soria (nos dice que en varias ocasiones intentó dormir sin conseguirlo, además de volver la cabeza con miedo al sentir crujir los cristales del balcón, estremecidos por el aire frío de la noche) y 2), el narrador/escritor/recopilador pasa la explicación que da Alonso a Beatriz sobre la leyenda, constituyendo el capítulo I de la historia.
Beatriz y Alonso son los hijos de los conde de Borges y Alcudiel y primos entre si. Alonso está profundamente enamorado de su prima la cual pasa unos días en las posesiones de este, en Soria. Muy acertado está Bécquer al crear un segundo narrador (el propio Alonso), así tabula el embalaje del relato dejando escapar cierta ironía, en el inicio de la narración, hacia sus lectores (los del diario “El Contemporáneo. Periódico Político”, editado en Madrid de 1860 a 1865 en el cual colaboró profusamente Bécquer y publicó la mayor parte de sus“Leyendas”), comparando la buena posición socio-económica de quienes leen sus escritos con la precaria del escritor.
Alonso anuncia el doblar de las campanas de los Templarios (el autor toma algunos enclaves y puntos geográficos de la realidad: el monasterio de San Polo, fundado por los templarios a mitad del siglo XII, en la orilla izquierda del Duero y al comienzo del paseo que lleva a la ermita de San Saturio) colocando ya en tensión al lector en el inicio. Llegan al castillo Alcudiel. Allí los criados hablan de las almas en pena del monte…
B)- EL NUDO son los capítulos II y III. Beatriz contrapone una fría indiferencia hacia los lamentos de Alonso ante la despedida. El joven recuerda la pronta separación, dolorosa para él ya que la ama profundamente. En recuerdo de su encuentro propone regalarle el joyel sujetador de la pluma de su gorra (perteneció a su madre, regalo del padre) que había cautivado la atención de la muchacha. Esta le contesta que en su país ---Francia --- una prenda recibida compromete una voluntad. Continúa la conversación y Beatriz acepta la joya y le pide otro presente, en este caso como recuerdo de su estancia: ha perdido la banda azul en el “Monte de las Ánimas” y le pide a su primo que vaya a recuperarla. Alonso palidece (“sentimiento infantil” en la muchacha, escribe Bécquer) y Beatriz recarga la conversación citando (irónicamente y en tono indiferente) los peligros de la acción en el momento “que atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores”“¡Una noche tan oscura, noche de difuntos y cuajado el camino de lobos!”. En el fondo se oían “las voces de las viejas que hablaban de brujas, de trasgos, y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas; y el triste y monótono doblar de las campanas”. Después de esta breve y magnífica “ambientación”, y tras un momento de reflexión, Alonso se marcha a buscar la banda azul perdida en el “Monte de las Ánimas”; se despide y ella volviéndose con rapidez para detenerlo --- o aparentó querer detenerlo, subraya el escritor --- oye los casco de un caballo que se aleja. Bécquer cierra el capítulo II rematando con sus breves y efectivas pinceladas el cuadro sobre Beatriz: “La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último. Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón, y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos”.
La banda azul a recuperar será el detonante para el estallido del “fantastique”. Azul es la cinta extraviada en el terreno de donde surge lo espantoso, azul era el color de los ojos de Beatriz, azul es la almohada en donde duerme la muchacha y según la simbología del amor los celos están representados por el azul…
En el capítulo III Bécquer abre la puerta a lo fantástico, al horror, a lo terrorífico, a lo sobrenatural en toda potencia después de prepararlo debidamente.
Pasa una hora, dos, tres y Alonso no regresa. Beatriz intenta rezar sin conseguirlo y piensa que el joven enamorado habrá tenido miedo para finalmente dormirse con un sueño inquieto, ligero, nervioso. Beatriz escucha las doce campanadas del reloj del Postigo (totalmente real, fue suprimido en 1864), entre vibraciones lentas y sordas cree escuchar su nombre pronunciado por una voz lejana y doliente. El viento seguía embistiendo los vidrios de la ventana… Ruidos, sonidos impiden dormir, puertas que se abren a lo lejos hasta llegar a su habitación, ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles, intento vano de autotranquilizarse, crujir de ropas, eco de pasos de ida y vuelta, suspiros, respiraciones fatigosas. Todo ello anuncia una presencia invisible y que sin embargo se adivina y se acerca en la oscuridad, silencio, sombras. Finalmente logra vencer el miedo diciendo para si que no puede ser ella tan miedosa como los campesinos de los alrededores y volvió a intentar dormir; ahora oye pisadas en la alfombra hasta llegar al reclinatorio. Grita y esconde la cabeza bajo la almohada. Viento, ruidos, campanas que doblan a los difuntos. Todo ello cesa al llegar la aurora. Separó las cortinas de su lecho y al disponerse a reír de sus pasados temores vio horrorizada, sobre el reclinatorio,  la banda azul perdida en el monte que fue a buscar Alonso: ensangrentada y desgarrada (“…un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas…”). Cuando sus asustados servidores iban a anunciarle la muerte de Alfonso de Alcudiel, devorado por los lobos,  la encontraron muerta, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho: entreabierta la boca, desencajados los ojos, blancos los labios, rígidos los miembros, muerta, muerta de horror …
C)- EL EPÍLOGO es el brevísimo capítulo IV que no tiene algo más de diez u once líneas. En él Bécquer “prolonga” (en palabras de Joan Estruch) el castigo de Beatriz. Un cazador moribundo, extraviado en El Monte de las Ánimas durante la noche de difuntos  relata antes de morir cosas horribles: asegura haber visto “los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada que, con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso”.
Podemos ver que el alma de Beatriz está condenada a un tránsito, sin poder reposar, quizás hasta el final de los tiempos (junto con las de sus perseguidores, nobles de Soria y templarios) o sea purgar el pecado cometido. Por el contrario, Alonso si puede descansar en paz….
                                                             Narcís Ribot i Trafí


sábado, 8 de noviembre de 2014

Romanticismo

El Romanticismo - Circunstancias históricas

Los orígenes del romanticismo hay que buscarlos ya en el siglo XVIII, fundamentalmente en la filosofía y cultura alemanas, país, en el que se produce un movimiento llamado "Sturm und Drang" (tempestad y pasión) que propugna la creación literaria al margen de las reglas clásicas y revaloriza la expresión artística de vivencias y sentimientos. Es ésta la sensibilidad prerromántica, que también se manifiesta muy pronto en Inglaterra y posteriormente se extiende por el resto de Europa.

El Romanticismo, fenómeno cultural correspondiente a la primera mitad del siglo XIX, se halla vinculado con una serie de circunstancias históricas a las que es necesario aludir.

Se debe por una parte a las reacciones en toda Europa contra el poder napoleónico que finalmente cristalizan en el Congreso de Viena (1815), lo cual explica el matiz conservador del Romanticismo.

No es de olvidar que los gobiernos de la Restauración absolutista procuraron arrancar de cuajo el espíritu liberal que Napoleón difundió, volviendo a las ideas de tradición y religiosidad. Sin embargo, junto a este Romanticismo arcaizante, tradicionalista y cristiano, toma incremento años más tarde otro de tipo revolucionario y liberal, que pretendía la destrucción de todos los dogmas morales, políticos y estéticos hasta entonces vigentes. Su auge coincide con la revolución francesa de 1830 y el triunfo del liberalismo en la mayor parte de los países europeos. En España el comienzo del Romanticismo revolucionario se debe sobre todo a la vuelta de los emigrados liberales con motivo de la muerte de Fernando VII.


La psicología del hombre romántico

El Romanticismo - como el Renacimiento o el Barroco - no se reduce a un fenómeno literario, sino que abarca todos los aspectos de la cultura de la época - desde la política hasta el arte, desde la literatura hasta las modas -, porque en el fondo viene a consistir en una especial actitud frente a la vida. De ahí que deba hablarse de la psicología del hombre romántico antes de entrar en el estilo de su producción estética.

Estos son sus rasgos principales:
Uno de los rasgos capitales del Romanticismo reside en su espíritu individualista . El Romanticismo equivale a la rebelión del individuo, a la violenta exaltación de la propia personalidad. El "yo", al que ahora se le tributa un culto frenético, constituye el máximo objetivo de toda la vida espiritual. El mundo externo apenas conserva otro valor que el de mera proyección subjetiva. Agudo egocentrismo que tiene sus raíces en la doctrina enciclopedista (defensora de la postura crítica intelectual) y en el mundo prerromántico (rehabilitador del mundo de las emociones personales).

El hombre romántico se caracteriza también por su aislamiento y soledad , temas básicos del Romanticismo. Su individualismo está marcado sobre todo por su conciencia aguda y dolorosa de la propia personalidad, de ser distinto de los demás, que en ciertos casos incluso deriva en un sentimiento de superioridad - su genio, su desgracia o infelicidad mayor que las de nadie -. Esta es la razón por la cual el yo del artista pasa a ocupar el primer plano de la creación. Los sentimientos expresados en las obras románticas son los de sus creadores, quienes expresan su insatisfacción con el mundo, su ansia de infinito, su búsqueda del absoluto, su amor apasionado, su deseo vehemente de libertad, sus estados de ánimo, . Por este motivo la poesía lírica o la música son a lo largo de todo el siglo XIX las artes supremas.

El ansia de libertad : El ya mencionado individualismo del hombre romántico produce en él una protesta contra las trabas que hasta entonces tenían cohibido su espíritu, lo cual deriva consiguientemente en un ansia de libertad que se refleja en todas las manifestaciones de la época: el arte, la literatura, la música, la industria, el comercio, la conciencia,...

Irracionalismo: Los románticos rechazan la razón y todo lo racional. Sus temas preferidos están relacionados con lo sobrenatural, la magia y el misterio. A estos románticos les falta un pensamiento sistemático y coherente; no comprenden ni interpretan el mundo de una forma global.

Subjetivismo: En el romanticismo se le concede una gran importancia a las emociones, los sueños o las fantasías. Como formas de conocimientos principales se aceptan la intuición, la imaginación y el instinto; es decir impulsos no racionales, marcados por los sentimientos. La pasión se considera una fuerza superior a la razón.

El espíritu idealista : Los románticos sienten una gran predilección por lo absoluto, lo ideal, en conexión con la filosofía idealista, esencialmente alemana, que se impone con fuerza en toda Europa durante la primera mitad del siglo. Por este motivo buscan desesperadamente la perfección, lo absoluto, lo cual explica, por una parte su necesidad de acción, su vitalismo, pero por otra, los anhelos insatisfechos que derivan en su frustración e infelicidad. Ese vago aspirar hacia un mundo superior al de las realidades sensibles y que la razón no acierta a definir, cristaliza a menudo en unos ideales concretos, que el romántico se impone como norte de su vida: la Humanidad, la Patria, la Mujer. Hacia estos objetivos concretos el hombre romántico dirige sus ardorosos afanes: el sentimiento filantrópico, el ideal patriótico y el amor, al que a menudo se le une un vago misticismo.

Angustia metafísica : Al haber perdido la confianza en la razón, el ser romántico es por naturaleza alguien inseguro e insatisfecho, lo cual da lugar a la desazón vital romántica. El romántico siente la vida como un problema insoluble. Su instinto le denuncia la existencia de fuerzas sobrenaturales que escapan a todo conocimiento racional y una invencible angustia sobrecoge su ánimo. Se sabe víctima de un ciego Destino sin justificación lógica e increpa a la Naturaleza, que contempla impasible su dolor. La idea de infinito preside su vida; de ahí su inquietud febril y su terrible desequilibrio. Este aspecto es, sin embargo, también motor de la creación artística en la búsqueda constante del romántico de respuestas y soluciones a las dudas y problemas que se plantean.

Choque con la realidad : Otro tema importante en el Romanticismo es el del desengaño que deriva del choque entre el yo hipertrofiado romántico y la realidad prosaica y gris que no da satisfacción a sus anhelos e ideales. El romántico - arrastrado por las imágenes que él mismo ha creado en su interior - se encuentra con que la realidad no responde a sus ilusiones. Este hecho lleva al hombre romántico, falto de serenidad para aceptar su ambiente, a un violento enfrentamiento con el mundo y a rebelarse contra todas las normas morales, sociales, políticas o religiosas.

Evasión: Otro tema importante en el Romanticismo es el del desengaño que deriva del choque entre el yo hipertrofiado romántico y la realidad prosaica y gris que no da satisfacción a sus anhelos e ideales. El romántico - arrastrado por las imágenes que él mismo ha creado en su interior - se encuentra con que la realidad no responde a sus ilusiones. Este hecho lleva al hombre romántico, falto de serenidad para aceptar su ambiente, a un violento enfrentamiento con el mundo y a rebelarse contra todas las normas morales, sociales, políticas o religiosas.

Nacionalismo: En el Romanticismo aparece una cierta obsesión por buscar las raíces de cada pueblo en su historia, en su literatura, en su cultura, . Es ahora cuando se inventa el concepto de pueblo como entidad espiritual supraindividual a la que pertenecen individuos concretos que comparten una serie de características comunes: lengua, costumbres, folclore. Así se comprende la revitalización de los antiguos poemas épicos y de las leyendas y tradiciones locales. Es evidente que estas ideas románicas se oponen frontalmente al espíritu universalista de la Ilustración.

Técnica Literaria

Al tipo psicológico que acabamos de esbozar había de corresponder necesariamente una visión del arte distinta de la que había originado la producción del siglo XVIII. Veamos sus puntos esenciales:

El genio creador: En el Romanticismo el arte se convierte en la forma de expresión del genio que el creador lleva dentro. El artista pues, nace, no se hace, por lo que cobra capital importancia lo espontáneo, lo intuitivo, lo original, aquello que es característico del genio creador. Desde este momento la obra de arte es el resultado de un momento de inspiración que refleja la valía de su autor. La posibilidad de desarrollo de su capacidad creativa hace del romántico un individuo vitalista, eufórico y apasionado. El agudo individualismo del hombre romántico da lugar en el escritor a un deseo de prescindir de las férreas normas del clasicismo, para llegar a la creación de una obra absolutamente personal. Las viejas reglas son consideradas como trabas sin sentido que convierten el arte en un puro mecanismo, y se proclama la libertad literaria con juvenil entusiasmo. El poeta se dejará llevar ahora por su instinto, su intuición.

En el terreno de la poesía surgen junto a la métrica tradicional nuevos tipos de versificación , nuevos ritmos, nuevas estrofas. Una variada polimetría es el resultado de querer dar a cada situación su expresión musical adecuada. Además, en España, se produce una revalorización de un metro tradicional: el romance, que adquiere ahora el máximo prestigio como forma más indicada para la narración poética.

En el teatro se olvidan las famosas tres unidades de lugar, tiempo y acción, volviéndose en cierto modo a la técnica de nuestro siglo XVII: la acción puede recorrer los más apartados lugares, durar varios años y desdoblarse en dos acciones paralelas. Desaparece la unidad de estilo y se confunden los géneros, mezclándose - con el objeto de dar mayor vivacidad a la obra - lo trágico y lo cómico, lo sublime y lo grotesco, la prosa y el verso. Un trepidante dinamismo invade así el teatro, que alcanza el mayor éxito de público.

Todo el arte se enfoca ahora hacia la expresión de lo particular, del matiz individual, de lo irregular, de lo que escapa a la norma racional. La época románica prefiere destacar lo específico, la nota pintoresca y única.
Con las reglas desaparece también la noción del arte moralizador. El tema primordial será la expresión del "Yo", y el objeto de la obra excitar fuertemente la sensibilidad del lector con las más variadas emociones: la tristeza, el entusiasmo, la conmiseración, el terror, la sorpresa.

En el romanticismo se quiebra la línea clasicista, ya que se rechaza a los clásicos como modelos insustituibles. Se rechaza todo lo clásico, sobre todo el clasicismo francés más que la antigüedad grecolatina. La literatura preferida en el Romanticismo es aquella que por hallarse más apartada de lo clásico, responde mejor al gusto de la época: la bíblica, la medieval, la del siglo XVII no francés, y la contemporánea extranjera. De la Edad Media interesan el falso Ossian, Dante, la poesía popular - el romancero español, las baladas germánicas, .-. Del teatro se destacan los nombres de Shakespeare, Lope y Calderón. Entre los modernos privan Goethe, Heine y Byron en la poesía, Vïctor Hugo y Dumas en el teatro, Walter Scott en la novela.
Los Temas

Soledad:
Es propio del Romanticismo además el gusto por la soledad. Los románticos huyen de la realidad mediante el refugio en sí mismos, lo cual justifica la preferencia por lugares solitarios como castillos, cementerios, jardines, espacios apartados o recónditos, oscuros, ... Esta soledad del romántico nace también de la afirmación de su yo, de su individualismo.

Nueva Sensibilidad:
Durante el Romanticismo se prolonga y amplía el sentimentalismo manifiesto ya en muchos autores ilustrados y que sitúa en primer plano la intimidad. Resultan características la introspección, la nostalgia, la melancolía, la tristeza y la soledad, a la vez que se extiende el sentimiento de fugacidad e infelicidad de la vida humana, lo cual provoca la típica angustia romántica. El gusto por lo sombrío y crepuscular son reveladores de tal sensibilidad.

Naturaleza dinámica:
El artista romántico representa la naturaleza en forma dramática, en movimiento y con preferencia por la ambientación nocturna frente a la naturaleza artificiosa y bucólica propia del Neoclasicismo. Se oponen pues a la mesura y armonía neoclásicos el desorden y la falta de proporción. La naturaleza se identifica en el Romanticismo con los estados de ánimo del creador, y, según sean éstos, es turbulenta, melancólica o tétrica; es pues, una proyección de sus sentimientos. La naturaleza está, a su vez, por encima de todo, algo que se puede apreciar claramente en el tópico romántico de las ruinas, símbolo del predominio de la naturaleza sobre el hombre y sus obras.

Todos los rasgos románticos anteriores permiten comprender bien que en su rechazo del mundo que les ha tocado vivir los artistas románticos hayan podido tomar dos direcciones opuestas: la nostalgia por los antiguos valores tradicionales (monarquía absoluta, religión, ideales caballerescos), o la rebelión no sólo frente a su mundo sino frente al antiguo (republicanismo, anticlericalismo, ideales democráticos). Por eso podemos hacer la distinción entre un Romanticismo tradicional o conservador y un Romanticismo liberal o progresista .

martes, 16 de abril de 2013

Análisis de la leyenda "El rayo de luna" en relación al perfil del héroe romántico



 ROMÁNTICOS Y   ROMANTICISMO.

Análisis de la leyenda "El rayo de luna" en relación al perfil del héroe romántico.

  El racionalismo es arrasado por una ola gigante de sentimientos, emociones, fantasías y libertad. El siglo XIX llega con un nuevo movimiento que se desparrama sobre todos los aspectos de la vida, EL ROMANTICISMO.

Ante los esquemas rígidos de los ilustrados se oponen la rebeldía, el desorden, la sensibilidad y el sufrimiento del romántico, que insatisfecho con la realidad,  se refugia dentro de sí mismo.
En la segunda mitad del siglo la poesía alcanza el sumun de sentimentalismo e intimidad, instándose el período posromántico. Gustavo Adolfo Becquer logra reflejar los aspectos esenciales de la corriente en su leyenda “El rayo de luna”, la cual será analizada a continuación.
La leyenda es un género cultivado por los románticos  ya que se inspiran en temas históricos y legendarios. Buscan anclar sus producciones en tiempos y costumbres lejanas a las suyas, demostrando así la disconformidad y rechazo por los tiempos en los que vivían. Por lo tanto, podemos observar desde el propio género una característica romántica. 
Cuando se analiza el título de la leyenda se aprecia uno de los símbolos más recurrentes de la literatura: la luna. Su simbología adquiere especial trato en este período, debido a sus connotaciones misteriosas,   oscuras y sentimentales. En el texto es mencionada en diversas  circunstancias:
“…en este globo de nácar que ruda sobre las nubes habitan gentes…”
“…una luna blanca y serena en mitad del cielo azul…”
 “…la luz de la luna rielaba chispeando…”
“…la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo…”
“…era un rayo de luna…”
La repetición indica la importancia de la luna con la propia leyenda y la asociación con el título. El lector descubre que su simbología tendrá un valor fundamental en el desenlace. 
La voz del narrador se hace explícita en el prefacio. Con el empleo de la primera persona y su repetición puede sugerirse la importancia del “yo” tan arraigado en el romanticismo, en donde el artista se siente superior al mundo que lo rodea, considerándose un genio incomprendido, pero orgulloso de su condición.

Yo no sé si esto es una historia…”
“…yo seré uno de los últimos en aprovecharme…”
Yo he escrito esta leyenda…”
El primer capítulo nos presenta al personaje principal de la leyenda: Manrique. Es a través de su perfil  psicológico y social que pueden apreciarse las cualidades más representativas del héroe romántico.
Un noble el cual desprecia las armas, desprecia en sí su propia identidad. La guerra era considerada un sinónimo de gloria, pero nada puede distraer a nuestro héroe de la lectura de la cántiga  de un trovador. Este aspecto demuestra el interés por la poesía medieval, tiempo anhelado por los románticos. Se caracteriza un personaje que comprende rasgos extraños  y singulares.
Manrique evade la compañía de los  hombres, de su familia, de su entorno. La soledad forma parte de su espíritu, sentimiento  del cual el romántico se complace unas veces y sufre otras. En este caso, su deseo de estar solo se transforma en una obsesión.
“…Manrique amaba la soledad, y la amaba de tal modo que algunas veces hubiera deseado  no tener sombra…”
Esta obsesión se explica a través de otro rasgo romántico: romper los esquemas establecidos por el neoclasicismo, defendiendo la fantasía, la imaginación y las fuerzas irracionales del espíritu. Manrique se aísla para soñar despierto. Para crear mundos ficticios en donde pudiera sentirse más cómodo, más a gusto. El rechazo por la sociedad  los lleva a evadirse de sus circunstancias, imaginando épocas pasadas, tierras lejanas, seres maravillosos.
“…forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta…”
El poeta  y el héroe de su creación comparten cualidades e ideales. Uno es el reflejo del otro. Por lo tanto, cuando el narrador hace mención a los “ensueños de poeta” se describe a sí mismo, pero  simultáneamente juzga esta condición permitiendo que el lector construya su propio criterio.
El romántico no se conforma con encerrar sus pensamientos en la escritura, sino que necesita sentirlos con intensidad, su vida se convierte en una poesía fantástica sin restricciones. Esta característica puede ser interpretada como crítica hacia el neoclasicismo, período en el cual se debía estructurar el pensamiento y la obra literaria a un modelo rígido, repleto de reglas gramaticales, semánticas y sintácticas. El romántico descubre la libertad de expresarse a su antojo, sin regirse por las barreras de la forma, endiosando la inspiración y espontaneidad.
“…al que nunca le habían satisfecho las formas en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había encerrado al escribirlos.”
La naturaleza cobra una significación esencial. El poder de los elementos naturales lo cautivan. El agua, la tierra, el fuego, el aire… todo el ambiente  se transforma en un cuadro digno de admiración  y descubrimiento. A su vez, el alma del personaje y del poeta se funde en esta naturaleza, convirtiéndola en el fiel reflejo de su ánimo.  El entorno se convierte en cómplice de sus ensoñaciones, pero también es el combustible que necesita el héroe para inventar  sus fantasías.
“Creía que en el fondo de las ondas del río, ente los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago, vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides…”
“En las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las peñas, imaginaba percibir formas de  seres sobrenaturales, palabras inteligibles que no podía comprender.”
El escenario en el cual se desarrolla la mayor parte de la acción es típicamente romántico. Las ruinas  son rescatadas por el poeta y escogidas como símbolo de caducidad de un pasado mejor, el cual pretende redescubrir y perpetuar. Su preferencia por lo histórico es evidente. La soledad es una cualidad inherente a este tipo de espacios.
“…hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios…”
“En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas.”
“…se internó en las desiertas ruinas de los Templarios.”
La vegetación gana terreno y devora las ruinas olvidadas. La naturaleza en estado salvaje, puro, sin la intervención de la mano del hombre es extensamente detallada por el poeta, denotando la admiración por aquellas cosas que escapan de las convenciones humanas.
“…hacía muchos años que las plantas de los religiosos, la vegetación abandonada a sí misma, desplegaba toda sus galas, sin temor a que la mano del hombre la mutilase, creyendo embellecerlas.”
La noche, madre de los secretos y misterios más profundos, es también madre del romántico. Ésta puede brindarle el cobijo necesario para que nadie descubra su presencia. Lo invita hacia lo prohibido, lo místico y paranormal. 
“Era de noche, una noche de verano, templada, llena de perfumes y rumores apacibles…”
El amor romántico escapa de la cotidianidad y la monotonía de las relaciones estables. Su capacidad de amar es múltiple y fugaz. Puede ser una mirada, una sonrisa, una palabra  y caerá presa de un estado sublime de enamoramiento. Manrique no escapa a la regla, “…había nacido para soñar el amor, no para sentirlo, amaba a todas las mujeres un instante…”
La abstracción, la incorporeidad, la imposibilidad de concretar ese lazo  son tópicos esenciales del movimiento, como bien lo refleja Bécquer en la leyenda y en sus rimas. La rima once sintetiza poéticamente el perfil de la  amada:
“Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte. - ¡Oh, ven; ven tú!”

La necesidad de amar algo hermoso, lejano, inverosímil acerca a Manrique a los límites de la locura, cuestionando  qué tipo de mujeres habitaría la luna. Parece no conformase con las pertenecientes a este  mundo y su normalidad. Debe hallar un ser único y especial que lo deslumbre.
Esta concepción surge de la imaginación susceptible de Manrique, que deseando encontrar un espíritu al cual encauzar   su amor, confunde un rayo de luna con la orla de un traje de mujer. La persecución comienza a desquiciar al héroe, convencido de que su alma gemela ronda en el mismo lugar y a la misma hora que él, cual estratagema del destino. El personaje no hace más que proyectar su propia identidad en la creación de esta efímera dama. Sus gustos, deseos, miedos, y soledades se depositan en el perfil  representando  sus propios ideales y  particular realidad.
“Una mujer desconocida… En este sitio… A estas horas. Esa, ésa es la mujer que yo busco.”
El narrador objetiva la situación y anticipa que los esfuerzos  de Manrique por alcanzar a su amada son un “Afán inútil.”  Pero el personaje mantiene su fe basado en la brújula más certera de los románticos: el corazón.
“…la encontraré, me lo da el corazón, y mi corazón no me engaña nunca.”
Nunca ha podido ver más que la borla de su vestido blanco, pero la imaginación prolífera de Manrique le permite visualizar cómo es su amada físicamente, pintándola  de pies a cabeza, desde sus  ojos azules, su cabello negro, su figura alta y esbelta. Cree que así ha de ser, porque así lo anhela su alma. Debe pensar como él y odiar como él, tal vez para no sentirse en la soledad e incomprensión absoluta en la que se encuentra sumergido. Una compañera que lo entienda por completo, sin cuestionar su aislamiento y repulsión por la sociedad.
“¿Quién sabe si, caprichosa como yo, amiga de la soledad y el misterio, como todas las almas soñadoras, se complace en vagar por entre las ruinas, en el silencio de la noche?”
La desilusión de Manrique, aunque dolorosa, es una característica más la corriente. Al descubrir con terror que su misteriosa mujer no es otra cosa que un rayo de luna filtrado entre los árboles,  el estado inicial de melancolía, no plenitud y disconformidad por el contexto se acentúa.  Esta angustia existencial nublará el temple y la actitud del personaje, ya que ha caído en la cuenta de que sus ideales no encuentran  cauce en la realidad cotidiana.  La fugacidad e inconsistencia de los valores, los sentimientos y los principios, se transforman en la daga que acuchilla los sueños de Manrique. Las grandes ilusiones abocan al desengaño.
“El amor, el amor es un rayo de luna.”
“La gloria, la gloria es un rayo de luna.”
“Mentiras todo. Fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos (…) ¿Para qué? Para encontrar un rayo de luna.”
La expectativa de alcanzar la plenitud a través de los grandes ideales y valores universales se convierte en ese rayo de luna, y el poeta, agonizando ante la realidad de la vida se apaga sin ninguna brisa que avive la llama de su imaginación.
“A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio.”