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jueves, 12 de marzo de 2020

Géneros literarios


GÉNERO NARRATIVO, LÍRICO Y DRAMÁTICO

GÉNERO NARRATIVO

 Obra narrativa es aquella en la que un narrador a través de un discurso oral o escrito, relata una historia destinada a oyentes o lectores.
La historia tiene algunos elementos constitutivos como son: un espacio, un tiempo, personajes y un conflicto que puede o no resolverse de forma acabada. Ésta comienza con una situación inicial de equilibrio, hasta que algún elemento la transforma en una situación nueva de desequilibrio, no pudiendo volverse a la situación anterior. Así las mismas se suscitan hasta llegar a su resolución, que es una última situación donde aparece un nuevo equilibrio diferente del primero. Si no existe el desequilibrio, que provoque un conflicto, no existe narración.
En cuanto a su forma, habitualmente encontramos la narración en prosa. Esto no descarta que existan narraciones en forma lírica, como lo puede ser la epopeya. Dentro del género narrativo pueden encontrarse subgéneros. Mencionamos aquí, sólo dos, a fin de no confundir al estudiante.
Cuento: Narración sencilla y de breve extensión; con pocos personajes. Novela: Es extensa, minuciosa. Construye un mundo cerrado en cuanto a hechos y personajes. Lo principal en la novela es la descripción de la vida de esos personajes y de su ambiente.

GÉNERO DRAMÁTICO

 La obra dramática está destinada a ser representada ante espectadores y consiste en una acción dialogada encarnada por personajes desempeñados por actores, en un espacio determinado, configurado por una escenografía. El drama está destinado a la representación ante un público, no puede tener una extensión desmesurada, en un lenguaje inteligible, y todas las acciones deben poner en tensión al espectador de modo que pueda atrapar su atención. La palabra drama significa “acción”, por lo tanto no estamos pensando en si esta acción es trágica o cómica.
Un drama es la representación de acciones, sin importar su carácter. Es también una historia, pero al ser representada, no existe la presencia del narrador, sino que el espectador ve las acciones, sin que nadie deba explicarle qué está pasando. Sólo en raras excepciones, que se dan sobretodo en el teatro del siglo XX y en algunos dramaturgos, puede existir la presencia de una especie de narrador que es un personaje, pero eso tiene una finalidad estética que debería estudiarse en cada caso particular.
En cuanto a su forma, el texto dramático está escrito en diálogos y se separa en escenas (con la entrada o salida de personajes) y eventualmente en actos (cambios de espacio y tiempo). El género dramático consta de dos textos, un texto dramático, que es el que escribe el dramaturgo para que represente, y un texto espectacular. Este segundo texto, que es el que ven los espectadores, tiene una multiplicidad de recursos, además de lingüístico, tales como: las luces, el maquillaje, la escenografía, el vestuario, la música, etc.


GÉNERO LÍRICO

Según Marchese y Forrandellas, la lírica es desde la antigüedad la forma poética en la que se expresa el sentimiento personal del autor, que se sitúa en el centro del discurso psicológico, introspectivo, rememorativo, o fantástico con que se determina la experiencia del yo.
Poesía lírica es la que expresa sentimientos, imaginaciones y pensamientos del autor, es la manifestación de su mundo interno; por ello es el género poético más subjetivo y personal. Este carácter subjetivo no equivale a un individualismo: el poeta como integrante de la comunidad humana, puede interpretar sentimientos colectivos. Podríamos encontrar innumerables definiciones de lírica.
 Baste con que pensemos que el poeta nos quiere transmitir su estado de ánimo. En cuanto a la forma, ésta está escrita en versos. Los versos son unidades métricas regulares, así cada verso tendrá una determinada cantidad de sílabas que a veces se repiten en el mismo poema regularmente. La poesía cuenta necesariamente con un ritmo. No olvidemos que este género nace de una íntima relación con la música (la palabra “lírico” viene de “lira” que es un instrumento musical). Y a veces tiene la particularidad de tener una rima, que ayuda a la musicalidad del mismo. Sin embargo, una de los elementos más importante de la poesía es el uso del lenguaje. En ella, la palabra florece, explota en significados, y tanto lo que quiere decir como la forma en que lo dice, se unen para darle un sentido global a la obra.
En cuanto a la forma, se buscan figuras literarias que potencien la sonoridad. Y en cuanto al contenido, el poema se oscurece en su sentido con un lenguaje metafórico cargado y sugerente. No se trata de que quien escucha entienda con una primera lectura, sino que sienta lo mismo que el yo lírico, y que se detenga en cada imagen sugerente, para abrirse a la interpretación.

domingo, 9 de junio de 2013

Entre lo fantástico y lo maravilloso

Entre lo fantástico y lo maravilloso

Por  | Crónicas | 18.11.12
La creatividad es, sin duda alguna, una cualidad que goza de buena prensa. Ese don que nos permite movernos más allá de las fronteras que la realidad nos impone y nos lleva a descubrir algunos de los secretos que la naturaleza nos oculta, o a desarrollar ideas que transgreden los límites de nuestra experiencia cotidiana, caracteriza en gran parte nuestra humanidad y nos diferencia cualitativa y cuantitativamente de otras especies.
Imagen: CC
Es famosa la afirmación de Albert Einstein de que la imaginación es más importante que el conocimiento. La imaginación, la fantasía, nos ayudan a contemplar lo que nos rodea desde una perspectiva original y novedosa, nos ponen ante los ojos soluciones impensables a problemas que parecían no tener respuesta posible, nos abren la puerta a mundos paralelos que nos hacen reflexionar sobre el universo en el que vivimos y replantearnos los valores en que basamos nuestra existencia.
Y, sin embargo, curiosamente, en el ámbito de la literatura o de la ficción en general, lo fantástico ha sufrido a menudo el desprecio de los que defendían la superioridad de las narraciones realistas, más serias, más importantes. La fantasía ha sido minusvalorada por “contar mentiras”, por alejarnos de la realidad, como si el producto de nuestra mente no formara también parte de nuestra realidad.
Se pueden encontrar elementos fantásticos en la literatura de todos los tiempos, fenómenos sobrenaturales que distinguen ciertos relatos de otros que pretenden mostrarnos nuestro entorno tal como lo conocemos.
Frente a autores como Pérez Galdós, que ofrece en sus novelas un retrato de la sociedad española del siglo XIX, Edgar Allan PoeJulio Cortázar o J. R. R. Tolkien describen situaciones, personajes o historias que no tienen cabida en un mundo regido por las leyes que definen el nuestro.
Sin embargo, todas estas narraciones son también, como es obvio, muy diferentes entre sí. ¿Es, entonces, literatura fantástica cualquier obra que tenga un elemento sobrenatural? ¿Nos encontramos ante un mismo tipo de ficción cuando nos enfrentamos a una historia que se desarrolla entre elfos, enanos y otras criaturas feéricas en un contexto como la Tierra Media que cuando leemos un relato en el que un hombre comienza a vomitar conejitos, como le ocurre al protagonista de Carta a una señorita en París?
David Roas nos dice que para que una obra pueda ser considerada como literatura fantástica no basta con que aparezca lo sobrenatural de forma anecdótica: tiene que encontrarse en la base de la historia. Este género literario no puede funcionar sin la presencia de lo sobrenatural entendido como lo que transgrede las leyes del mundo real. Por eso la trama se sitúa en un espacio similar a él, un espacio cuestionado por un fenómeno que hará dudar al lector sobre la consistencia de lo que le rodea.
Julio Cortázar (foto: D.P.)
En ese sentido, el cuento mencionado de Cortázar sí sería un texto fantástico, puesto que nos relata una historia que tiene lugar en nuestro mundo, pero que transgrede sus leyes, ya que no parece muy habitual que nadie se ponga a vomitar conejitos como si tal cosa. Esta transgresión que también encontramos en los cuentos de terror de Allan Poe o en la narrativa corta de Jorge Luis Borges, por citar algunos ejemplos, no puede dejar impasible al lector, que se ve obligado a replantearse su concepto de lo que es real y lo que no, que tiene que enfrentarse a la posibilidad de que el universo que lo envuelve no corresponda con la imagen que se había formado de él.
Por eso se puede afirmar que la inquietud o la desazón son elementos fundamentales de lo fantástico. Tanto el personaje como el lector se quedan perplejos ante la idea de que lo sobrenatural se haya producido efectivamente, de que la estabilidad de su mundo tal como lo han concebido hasta ese momento se resquebraje ante sus propios ojos. ¿Cómo no llegar a dudar de lo que nos rodea e, incluso, de quiénes somos?
Frente a la presencia de este “miedo” y el desenlace normalmente trágico, como la muerte o la locura, que caracterizan a la verdadera literatura fantástica, nos encontramos otro tipo de literatura de fantasía que, sin embargo, es bastante diferente de la que acabamos de describir. Es lo que los críticos han dado en llamar literatura maravillosa (un ejemplo evidente sería El señor de los anillos). Esta forma de ficción se desarrolla en un mundo secundario, cuyas leyes no son las mismas que rigen nuestro universo, y tiene un final feliz en el que el bien se impone al mal.
En este género, lo sobrenatural no entra en conflicto con nuestro concepto de realidad. Los magos, los dragones y las hadas que aparecen en los cuentos populares no son fantásticos en la medida en que no cuestionan nuestro mundo. Los personajes que habitan estas historias aceptan los encantamientos y los sucesos extraordinarios de todo tipo como algo normal. Lo sobrenatural desde la perspectiva de nuestra realidad es, por tanto, plenamente natural en el nuevo mundo inventado.
Si, tal como afirmábamos antes, la ficción fantástica tiene, en algunos círculos, menos prestigio que la realista por ser considerada como una forma de evasión, lo maravilloso está aún un escalón por debajo de ella. Al fin y al cabo, los autores que se han dedicado a la literatura fantástica se encuentran dentro del canon y aparecen en todas las historias de la literatura. Mientras que el género de lo maravilloso, la llamada high fantasy en inglés, queda habitualmente relegada al ámbito de la paraliteratura, de la ficción popular, que para algunos es prácticamente lo mismo que decir que se trata de textos de escasa calidad artística.
Ilustración de John Howe para “El señor de los anillos” (© John Howe)
Ya hemos dicho que la literatura fantástica pretende, de algún modo, hacer reflexionar sobre la naturaleza de lo que llamamos realidad, pero ¿qué nos aporta la literatura maravillosa? ¿No busca esta, efectivamente, una huida hacia otros universos, poblados de elfos y otras necedades inexistentes? ¿No nos invita a refugiarnos en una burbuja absurda solo apta para los más jóvenes o los menos cultos?
En La infancia recuperadaFernando Savater, parafraseando a Walter Benjamin, nos explica que el interés práctico y el consejo sapiencial forman parte del carácter esencialmente esperanzador de la narración (entendiendo esta como un género opuesto al de la novela burguesa). La utilidad de estas narraciones puede ser una moral, un proverbio o una regla para la vida, pero, en cualquier caso, el narrador es alguien que da un consejo al que lo escucha. La aventura del relato se toma como propia, y el narrador se basa en su propia experiencia o en la fidelidad a la memoria que conserva su sabiduría para señalar al oyente los peligros que puede encontrarse en el camino e indicarle cómo superarlos. La novela moderna, por el contrario, nace para contar la desazón del hombre traicionado por todas las historias, por la memoria misma.
En la narración, tal como dice Savater, al héroe todo se le vuelve bien, nada malo puede pasarle, incluso aunque sea derrotado, algo que algunos entienden como una ingenuidad digna de burla: “pero no: noble y generosa ingenuidad, nacida libre, que aún no separa el bien del triunfo del bien, ni el mal de la derrota del mal y hace que el héroe avance seguro e invulnerable hasta el corazón mismo del infierno, probando aun allí que, a fin de cuentas, el bien es lo más práctico, lo más verdadero, lo único con que se puede efectivamente contar y que ni la muerte puede desmentir tan relampagueante evidencia”.
¿No podemos entender la obra de Tolkien como una narración en el sentido de Benjamin? ¿No son los relatos épicos de la Tierra Media una orientación para la vida como lo eran los cuentos populares o las leyendas antiguas? Seguramente muchas de las obras que pertenecen a este género son de segunda clase y se limitan a repetir esquemas y tópicos, pero no nos engañemos, eso ocurre también en la literatura más realista: los relatos de calidad son la excepción.
Y, sin embargo, hay novelas como las firmadas por este autor británico, filólogo y especialista en literatura medieval, que conservan la sabiduría transmitida de generación en generación por las historias tradicionales, y que tienen, además, un carácter iniciático y preparan para la vida.
El triunfo final, el final feliz no son muestra de un infantilismo ridículo, sino que, como el propio Tolkien nos dice en su ensayo sobre los cuentos de hadas, tienen una función consoladora. La “eucatástrofe” es, en su opinión, la función más elevada y la forma natural de este tipo de relatos. Por más peligros o infortunios que encuentre el héroe, la narración siempre dará un giro que lo conducirá hacia el éxito. No se niega la existencia del dolor ni del fracaso, puesto que estos son necesarios para disfrutar de la alegría de la liberación. Rechaza, eso sí, sin embargo, incluso contra toda evidencia, la derrota definitiva universal, y se convierte así es un “evangelio” que ofrece esperanza al lector.
Dice el refrán que sobre gustos no hay nada escrito (aunque, en realidad, han corrido ríos de tinta sobre los gustos “correctos” e “incorrectos”), y, en ese sentido, cada cual es libre de leer lo que le plazca y de sentirse atraído por un tipo de ficción u otro. Pero desprestigiar a la ligera ciertos géneros como escapistas o superficiales dice, a mi entender, más sobre el crítico que sobre el texto comentado. La literatura fantástica, hija de nuestra modernidad, nos invita a cuestionarnos nuestra idea del mundo y con ello nos inquieta, mientras que la literatura maravillosa, heredera de nuestras tradiciones más antiguas, nos sirve de guía y nos asegura que, en contra de todas las apariencias, se puede vivir desde la esperanza.

jueves, 4 de abril de 2013

¿Qué es un género literario?


Los géneros literarios son los distintos grupos o categorías en que podemos clasificar las obras literarias atendiendo a su contenido y forma.

Puede resultar sorprendente que aún se utilice la primera clasificación de los géneros realizada por  Aristóteles, quien los redujo a tres: épica, lírica y dramática. Hoy se mantiene esencialmente la misma clasificación con distintos nombres (narrativa, poesía y teatro), pero la evolución de los gustos y modas estéticas ha provocado que en muchos textos modernos resulte difícil fijar rígidamente los límites entre lo puramente lírico, lo narrativo o lo dramático.

 El género se presenta como un horizonte de expectativas para el lector, pues, informa acerca de los “rasgos configurativos” esenciales para la interpretación del texto. Según Miguel Ángel Garrido:
“[…] el género, es una marca para el lector que obtiene así una idea previa de lo que va a encontrar cuando abre lo que se llama novela o un poema; y es una señal para la sociedad que caracteriza como literario un texto que tal vez podría ser circulado sin prestar atención a su condición de artístico.” 



martes, 26 de marzo de 2013

Géneros literarios


GÉNERO NARRATIVO, LÍRICO Y DRAMÁTICO

GÉNERO NARRATIVO

Obra narrativa es aquella en la que un narrador a través de un discurso oral o escrito, relata una historia destinada a oyentes o lectores.

La historia tiene algunos elementos constitutivos como son: un espacio, un tiempo, personajes y un conflicto que puede o no resolverse de forma acabada. Ésta comienza con una situación inicial de equilibrio, hasta que algún elemento la transforma en una situación nueva de desequilibrio, no pudiendo volverse a la situación anterior. Así las mismas se suscitan hasta llegar a su resolución, que es una última situación donde aparece un nuevo equilibrio diferente del primero. Si no existe el desequilibrio, que provoque un conflicto, no existe narración.

En cuanto a su forma, habitualmente encontramos la narración en prosa. Esto no descarta que existan narraciones en forma lírica, como lo puede ser la epopeya. Dentro del género narrativo pueden encontrarse subgéneros. Mencionamos aquí, sólo dos, a fin de no confundir al estudiante.
Cuento: Narración sencilla y de breve extensión; con pocos personajes. Novela: Es extensa, minuciosa. Construye un mundo cerrado en cuanto a hechos y personajes. Lo principal en la novela es la descripción de la vida de esos personajes y de su ambiente.

GÉNERO DRAMÁTICO

 La obra dramática está destinada a ser representada ante espectadores y consiste en una acción dialogada encarnada por personajes desempeñados por actores, en un espacio determinado, configurado por una escenografía. El drama está destinado a la representación ante un público, no puede tener una extensión desmesurada, en un lenguaje inteligible, y todas las acciones deben poner en tensión al espectador de modo que pueda atrapar su atención. La palabra drama significa “acción”, por lo tanto no estamos pensando en si esta acción es trágica o cómica.
Un drama es la representación de acciones, sin importar su carácter. Es también una historia, pero al ser representada, no existe la presencia del narrador, sino que el espectador ve las acciones, sin que nadie deba explicarle qué está pasando. Sólo en raras excepciones, que se dan sobretodo en el teatro del siglo XX y en algunos dramaturgos, puede existir la presencia de una especie de narrador que es un personaje, pero eso tiene una finalidad estética que debería estudiarse en cada caso particular.
En cuanto a su forma, el texto dramático está escrito en diálogos y se separa en escenas (con la entrada o salida de personajes) y eventualmente en actos (cambios de espacio y tiempo). El género dramático consta de dos textos, un texto dramático, que es el que escribe el dramaturgo para que represente, y un texto espectacular. Este segundo texto, que es el que ven los espectadores, tiene una multiplicidad de recursos, además de lingüístico, tales como: las luces, el maquillaje, la escenografía, el vestuario, la música, etc.

GÉNERO LÍRICO

Según Marchese y Forrandellas, la lírica es desde la antigüedad la forma poética en la que se expresa el sentimiento personal del autor, que se sitúa en el centro del discurso psicológico, introspectivo, rememorativo, o fantástico con que se determina la experiencia del yo.
Poesía lírica es la que expresa sentimientos, imaginaciones y pensamientos del autor, es la manifestación de su mundo interno; por ello es el género poético más subjetivo y personal. Este carácter subjetivo no equivale a un individualismo: el poeta como integrante de la comunidad humana, puede interpretar sentimientos colectivos. Podríamos encontrar innumerables definiciones de lírica.
 Baste con que pensemos que el poeta nos quiere transmitir su estado de ánimo. En cuanto a la forma, ésta está escrita en versos. Los versos son unidades métricas regulares, así cada verso tendrá una determinada cantidad de sílabas que a veces se repiten en el mismo poema regularmente. La poesía cuenta necesariamente con un ritmo. No olvidemos que este género nace de una íntima relación con la música (la palabra “lírico” viene de “lira” que es un instrumento musical). Y a veces tiene la particularidad de tener una rima, que ayuda a la musicalidad del mismo. Sin embargo, una de los elementos más importante de la poesía es el uso del lenguaje. En ella, la palabra florece, explota en significados, y tanto lo que quiere decir como la forma en que lo dice, se unen para darle un sentido global a la obra.
En cuanto a la forma, se buscan figuras literarias que potencien la sonoridad. Y en cuanto al contenido, el poema se oscurece en su sentido con un lenguaje metafórico cargado y sugerente. No se trata de que quien escucha entienda con una primera lectura, sino que sienta lo mismo que el yo lírico, y que se detenga en cada imagen sugerente, para abrirse a la interpretación.

sábado, 19 de mayo de 2012

Género narrativo.


Obra narrativa es aquella en la que un narrador a través de un discurso oral o escrito, relata una historia destinada a oyentes o lectores.


La historia tiene algunos elementos constitutivos como son: un espacio, un tiempo, personajes y un conflicto que puede o no resolverse de forma acabada.



Ésta comienza con una situación inicial de equilibrio, hasta que algún elemento la transforma en una situación nueva de desequilibrio, no pudiendo volverse a la situación anterior. Así las misma se suscitan hasta llegar a su resolución, que es una última situación donde aparece un nuevo equilibrio diferente del primero. Si no existe el desequilibrio, que provoque un conflicto, no existe narración.
En cuanto a su forma, habitualmente encontramos la narración en prosa. 


EL CUENTO:

Este [sub]género [del género narrativo] nace de la gran creatividad del ser humano de inventar, imaginar y relatar historias. Relatar deriva etimológicamente del latín re – ferre, que significa “traer”, es decir, traer de nuevo, hacer llegar algo. (…) Y así, de esta actividad, nace el cuento.

El cuento es un texto narrativo escrito en prosa y de breve extensión. 

Características del cuento.

La estructura del cuento es un microcosmos, el cual consta de exposición, nudo y desenlace. El nudo adquiere mayor significación.

Brevedad: Aquí es donde radica la característica del [sub]género. Las palabras deben ser las adecuadas, precisas; no se debe agregar nada que desarrolle o amplíe más de lo estrictamente necesario. Por tanto, el lenguaje es conciso e interesante. Cada palabra es realmente significativa en la estructura del cuento.

Tema: El cuento se caracteriza por el manejo de un solo tema.

Pocos personajes: Dada su brevedad, éste emplea los personajes indispensables.

Diálogos concretos / Descripciones intensas: No necesariamente breves, sino como elementos narrativos.

Unidad de impulso: La que determina la tensión del cuento y obliga al lector a leerlo de principio a fin de una sola vez.

NARRADOR: 

El narrador es el punto de vista de cómo está hecha la narración. Puede estar situado dentro de la historia o ser ajeno a ella. Algunos tipos de narradores se detallan a continuación.

Narrador - personaje: el personaje principal narra las acciones en las cuales participa. Se involucra en la historia ya sea como protagonista o como personaje secundario. Puede narrar de manera autobiográfica, por tanto posee un fuerte tono psicológico, ya que profundiza en su interior.

Narrador omnisciente: Es el narrador que sabe todo de los personajes, hasta lo más íntimo de ellos; describe incluso sus sentimientos y pensamientos. Anticipa la conducta de sus personajes. Se manifiesta a través del relato en tercera persona. Es el narrador cuya presencia es como la de Dios. 

Narrador testigo: Es el que narra la situación de su entorno, sin involucrarse en los hechos. También escribe en primera persona. A través de esto manifiesta su opinión, ya sea de forma directa o de manera sutil. Sólo es testigo y no sabe los antecedentes de los hechos; por tanto, todos los vacíos que pudieran surgir no dependen de él.

PERSONAJES:

Finalmente los personajes son quienes desarrollan los hechos o acontecimientos del relato. Son los que realizan las acciones; por eso se llaman también actantes.

Los personajes se pueden clasificar según su importancia en diversas categoría:

Principales [o protagonistas]: Son los personajes que realizan las acciones más importantes y alrededor de ellos gira la historia; desencadenan las acciones de la obra; las provocan y también, por lo mismo, sufren las consecuencias. En muchas ocasiones no aparecen sino hasta el final de la obra; sin embargo, los conocemos por lo que dicen los otros personajes acerca de ellos.

Secundarios: Complementan las acciones llevadas a cabo por el personaje principal. Se encargan de ayudar o de obstaculizar la labor de éste. Intervienen en acciones de menor importancia.