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viernes, 24 de noviembre de 2017

El gaucho e introducción a la obra Martín Fierro.

EL GAUCHO
Los Primeros GAUCHOS:
Los antepasados del gaucho de los primeros tiempos son productos del mestizaje. Los vientres de mujeres indígenas fecundados por los faeneros y mozos sueltos  del siglo XVIII alumbraron en las tolderías niños bronceados de ojos celestes, de revueltos jopos color miel, de mentones voluntariosos y narices encorvadas. El gaucho, sin embargo, no es un tipo racial sino un producto económico-social. Habrá guachos negros como el carbón, gauchos de piel morena, gauchos de pupilas celestes y  pelo rubio.
El ganado  tuvo mucho que ver con la presencia del gaucho en estas tierras. En efecto, había por entonces en las desiertas llanuras pampeanas, miles de cabezas de vacas y caballos salvajes, sin dueños, denominados cimarrones. Y esos hombres que luego se llamaron gauchos empezaron a alejarse hacia la campaña donde podían subsistir sin mayor esfuerzo, pues con ese ganado de nadie satisfacían sus necesidades de sustento. Para comer bastaba con faenar un animal; lo demás lo brindaba la naturaleza: no les hacía falta nada más.
Una de las características distintivas del gaucho es su libertad. Esta tiene dos elementos componentes muy importantes. Por un lado, el caballo le da libertad de movimientos en una pradera inmensa. Por otro lado, la libertad se asienta en la abundancia del ganado que le brinda sustento. De este modo empieza a dibujarse la imagen del gaucho libre, sin trabajo fijo, que recorre a caballo grandes distancias y duerme al descampado sobre su recado cuando lo sorprende la noche en la soledad de la llanura. Lleva una vida nómade y apartada de las ciudades.
El gaucho deambula de rancho en rancho, con sus infaltables lazos y facones, vestido con calzoncillos blancos, chiripá, poncho y sombrero. Tales prendas y los aperos de su caballo son los únicos bienes del gaucho, para quién la sociedad se reduce a la familia y a los compañeros de pulperías.
Su primitiva casa era un miserable refugio, pero a medida que se afinca, el gaucho levanta el rancho de paredes de barro y cubre la puerta con un cuero. Como le bastaba matar una vaca para alimentarse, comía casi exclusivamente carne. Del animal sacrificado solo aprovechaba un trozo de carne y el cuero de las patas para hacerse un par de botas para canjearlo por yerba, galletas, tabaco,  etc.
Tal tipo de existencia continuó hasta que  el ganado cimarrón  disminuyó  por causa de tales matanzas, que las autoridades dejaron de otorgar permisos para vaquear. Las vaquerías eran espacios de reserva de ganado sin vigilancia, delimitados entre rinconadas formadas por corrientes de agua. Era una práctica de caza de toros y vacas en campo abierto, que se realizaba en el Río de la Plata, de la cual participaban los gauchos. Con el paso del tiempo el término "vaquería" denominaría al permiso otorgado por la autoridad para realizar la caza y luego al territorio en que dicho permiso podía ejercerse. Es el antecedente inmediato de la estancia, o hacienda rioplatense.

Comienzan los cambios: Cuando se fundaron las ciudades se repartieron las tierras, las más extensas y alejadas se llamaron estancias. Al principio, los límites entre una y otra eran simplemente los ríos y arroyos. Las autoridades apoyaban su instalación para evitar la pérdida de ganado provocada por la vaquería, pues, si los animales tenían dueños, ellos se encargarían de cuidar que subsistieran.
En las nuevas estancias vivían  los esclavos y los gauchos que trabajaban como peones. Como esas estancias tampoco tenían cercos, era necesario "aquerenciar" el ganado, es decir aprovechar la costumbre de éste de permanecer en un sitio determinado. Para lograrlo, durante tres o cuatro meses se los arreaba hacia lugares apropiados.  El aumento del número de estancias causó otra modificación en las costumbres del gaucho. Comenzó a abandonar la vida nómade y a trabajar. Él era quien mejor sabía realizar las nuevas tareas que la estancia requería, formar rodeo, castrar y marcar hacienda. Abandonado el antiguo rodeo, el gaucho debe entonces adaptarse a la situación; ya no domina con su rápido lazo el ganado salvaje, ahora cuida la hacienda mansa de las estancias.
El gaucho en las guerras de la Independencia: Cuando el país llamó a sus hijos para luchar contra España, los gauchos ingresaron en las filas patriotas. La audacia, la habilidad para cabalgar y el enorme conocimiento del suelo, hicieron de él un excelente soldado.
El Gaucho y los Caudillos: Más adelante, también participaron en las guerras civiles al lado de los caudillos. Ya desde principios del siglo XIX, a raíz de una ley expedida en 1815, se dispuso que quien no tuviera propiedad legítima fuera considerado sirviente, y todo sirviente que no llevara consigo la papeleta de conchabo (certificado de trabajo) de su patrón, era declarado vago. La persecución que originó esta ley, convirtió a muchos gauchos en hombres al margen de la sociedad; ante esta situación los gauchos encontraron que, junto a los caudillos estaban protegidos.
El gaucho desaparece: Todos los hechos señalados y los que van a producirse desde 1850, transforman poco a poco al gaucho en paisano. Por esa época comenzaron a alambrarse los campos para señalar sus límites y los propietarios de ganado se volcaron en contra de los gauchos que mataban animales ajenos. Muchos se vieron condenados a viajar por los caminos de los campos, con la amenaza constante de ser apresados sin la papeleta de conchabo y sufrir calabozo o cinco años de milicia. A esto se suma la inmigración. Miles de campesinos extranjeros se afincaron en la campaña. Como se adecuaban mejor al trabajo de la tierra, desplazaron al gaucho.
El progreso y los intereses económicos  desencadenaron un fuerte maltrato hacia los gauchos, siendo perseguidos y maltratados. Considerados ignorantes peligrosos, ladrones, vagos, debían ser eliminados o someterse a las normas y autoridad para el bienestar de la sociedad.
Fue entonces cuando éste debió elegir su futuro, algunos no aceptaron perder su forma de vida sin sujeciones, otros quedaron en las estancias trabajando como peones.

INTRODUCCIÓN A LA OBRA

Lo que conocemos como “Martín Fierro” es en realidad la unión de dos libros. El primero es “El gaucho M Fierro”, de 1872, que tiene 2316 versos divididos en 13 cantos (capítulos en verso). Cuenta allí la autobiografía de Fierro (canto 1 a 9), la de su amigo Cruz (cantos 10 a 12) y la partida de ambos a tierras de indios, en el último canto. La historia queda así un poco inconclusa, lo que motivó a los lectores a pedir reiteradamente su continuación.
   La segunda parte, “La vuelta de M Fierro”, apareció en 1879, con 4894 versos en 33 cantos. El objetivo del autor (en toda la obra) es reivindicar la imagen del gaucho, sin idealizarlo ni burlarse de él. Concentra en Martín Fierro las características de todos los gauchos; es un fiel reflejo de los gauchos de su época.
   El libro está escrito en estrofas mayoritariamente de 6 versos octosílabos con rima consonante ABBCCB, que son conocidas como “coplas” o “sextinas”. Algunos capítulos tienen estrofas de cuatro versos o series de versos sin división en estrofas.
   Es un POEMA ÉPICO: poema por la estructura y épico porque cuenta grandes hazañas y la lucha del protagonista contra la adversidad y la injusticia.
   Su lenguaje imita al de la gente de campo, a veces sacando letras (“otenidas”), cambiándolas (“alquiridas”), agregándolas (“naides”) o cambiando acentos (“entiendamé”). Utiliza muchas comparaciones e imágenes, dichos y refranes, así como palabras de origen indígena (“yuyo”, por ejemplo) o muy antiguas (“peje” por pez).
   Se ubica en la Pampa argentina, en ámbitos como el fortín (donde se lucha contra los indios), el pueblo, los alrededores, el campo y las tierras de indios. Hay pocos nombres de lugares concretos. Es un mundo con grandes diferencias sociales, donde en primer lugar estaban los que mandaban (los del pueblo, los extranjeros), luego los trabajadores rurales, los gauchos y por último indios y negros.
   El protagonista es un gaucho, y da sus características en el canto 1. Es un personaje ficticio, aunque se supone que hubo un preso entre 1865 y 1869 que fue a la frontera a luchar contra los indios, como Fierro. Este es un apellido que sugiere valentía y fortaleza.
   Se trata de un personaje que cuenta su historia en verso y en primera persona. Tuvo familia, mujer e hijos, ganado, ranchito, trabajo, y todo lo perdió porque lo obligaron a ir a la frontera a pelear contra los indios, donde sufrió mil malos tratos y hambre hasta que se escapó, tres años después. Cuando volvió a su tierra se encontró con que su mujer se había ido con otro hombre, sus hijitos andaban por ahí trabajando de peones (aunque eran niños) y su rancho se había convertido en una “tapera” (algo casi derrumbado, abandonado, inhabitable). José Hernández muestra cómo los gauchos eran muchas veces injustamente castigados por la sociedad. Martín Fierro comenzó siendo tranquilo, paciente (“Yo he sido manso primero”) , pero tras todos estos problemas juró “ser más malo que una fiera”, y allí comenzó una etapa violenta y terrible de su vida, donde llega a matar a un par de personas y enfrentarse solo con toda una partida policial que lo andaba persiguiendo. Un policía, el sargento Cruz, lo ve tan valeroso que decide ponerse de su lado y ayudarlo, aunque esto implica que ambos serán perseguidos y tendrán que refugiarse en territorio indígena. Años después vuelve Fierro, se reencuentra con dos de sus hijos, conoce al hijo de Cruz (eran ya hombres adultos) y todos cuentan sus vidas hasta entonces.


martes, 6 de octubre de 2015

Información general sobre Martín Fierro

INFORMACIÓN GENERAL SOBRE “MARTÍN FIERRO”
El Gaucho Martín Fierro es un poema narrativo, escrito en verso por José Hernández en 1872, obra literaria considerada ejemplar del género. Debido a que tiene una continuación, La vuelta de Martín Fierro, escrita en 1879, este libro es también conocido como «La Ida». Ambos libros han sido considerados como libro nacional de la Argentina, bajo el título genérico de «El Martín Fierro». En «La Ida», Martín Fierro es un gaucho trabajador al que la injusticia social lo vuelve gaucho matrero (fuera de la ley).
Narra el carácter independiente, heroico y sacrificado del gaucho. El poema es, en parte, una protesta en contra de la política del presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento de reclutar forzosamente a los gauchos para ir a la frontera contra los indígenas.
ESTRUCTURA Y NARRADORES.
La primera parte, está comprendida por 2.316 versos que se agrupan en 13 cantos, donde intervienen como narradores el gaucho Martín Fierro, el Sargento Cruz y un narrador testigo, siendo publicada en 1872.
La segunda parte se conoce como "La vuelta de Martín Fierro", publicada en 1879, siete años después. Se estructuró de la siguiente manera: con una introducción o prólogo, donde se justifica ante los lectores y luego 4.849 versos distribuidos en 33 cantos, se observa la presencia de cinco narradores: Martín Fierro, el hijo mayor, el hijo segundo, Picardía y el narrador.
PERSONAJES:
Martín Fierro: Es el único que se reconoce por un nombre propio. Alude al Santo Patrono del partido y lugar de nacimiento del poeta, y al arma de pelea (fierro) preferida por el gaucho.
Es un hombre solitario y nómade que no asume compromisos con el pasado o el futuro. De acuerdo con su particular filosofía considera que lo que caracteriza al hombre es su sufrimiento, y por eso el no cría raíces. Constantemente lo persigue una sensación de desamparo, ya que en su tiempo el ser gaucho era considerado un delito.
El personaje evoluciona a lo largo del poema. En la primera parte se presenta individualista, orgulloso, anárquico, y su postura es la de marginarse. En la segunda en cambio acepta con mayor respeto las leyes y normas vigentes e intenta integrarse nuevamente a la sociedad. Tiene costumbres semejantes a la de los cristianos, pero otras parecidas a la de los indios.
El sargento Cruz: A pesar de no aparecer muy claro en el relato, se presenta como leal amigo de Martín Fierro durante un periodo de su viaje. Fue soldado primero y sargento de policía después, era un íntimo amigo de Martín Fierro, tiene una visión ingenua del mundo, tiene conocimientos políticos, es analfabeto, su figura complementa al gaucho Martín Fierro, de espaldas, un poco a la manera de los traidores, se identifica tanto con la suerte y destino del personaje central. Es más escéptico que Fierro aunque tiene un gran sentido de la lealtad. Es un hombre de acción

“Picardía”: Personaje de dicho nombre que aparece en la reunión de encuentro de Martín Fierro con sus hijos. Canta la historia de su vida y le da un toqué “pícaro” a la historia
Los indios: Aparecen como personaje colectivos y son pintados por el autor como seres salvajes y en algunas ocasiones hasta inhumanos. Toman preso a Martín Fierro y logra escapar de ellos.
Viejo Vizcacha: Es avaro, ladrón y acomodaticio; posee una completa insensibilidad por el dolor ajeno y su  postura descreída se evidencia a través de sus consejos. Constituye la figura típica del antihéroe: es borracho, hereje y muere como un perro rabioso.
Vizcacha es el personaje mejor logrado de la segunda parte; representa a un sector numeroso de la sociedad de la época. su retrato físico y moral está muy bien trazado, así como la descripción del rancho;  su mote le cuadra justo, y por momentos se figura hace olvidar la historia del propio Martín Fierro. Es un representante de  la filosofía cínica, que ama entrañablemente a los perros y desprecia a los hombres.
El hijo mayor de Martín Fierro: Narra afligido las peripecias que vivió tras quedar “huérfano” y desamparado y de cómo estuvo varios años preso a causa de una injusticia. La vida en la penitenciaría lo marcó.
El Moreno: Cantor que contesta una ronda de canciones y charlas con Martín Fierro en la fiesta de encuentro con sus hijos. Personaje humorístico. Reconoce en Fierro a un temible contrincante y se comporta ante el de manera respetuosa.
El hijo segundo de Martín Fierro: Corrió con mejor suerte al verse separado de su familia. Una tía lo adoptó y mantuvo hasta la muerte de ella. Su vida cambia cuando un tutor decide hacerse cargo de él. Vive una difícil experiencia durante la agonía de su tutor y regresa al desamparo
Existen otros personajes indeterminados: jueces, contadores, policías, gringos, y la mujer (la cautiva, la mujer de fierro) hacia la que siente un profundo respeto.

LA LENGUA
José Hernández utiliza para sus obras como lenguaje un remedo muy logrado del dialecto rústico rioplatense, tal como se hablaba en la primera mitad del s. XIX. El autor creía cumplir así el objetivo sociopolítico que se había propuesto. Por eso el pueblo supo reconocerse a sí mismo hablando en su propio estilo intransferible, pero elevado al mismo tiempo a la máxima tensión de su eficacia expresiva.
Para transcribir con exactitud el sistema lingüístico del pueblo había que respetar las frecuentes sinalefas, tal como este las pronunciaba, y ser fiel a la ley de acentuación del pueblo discordante con la impuesta en el Diccionario y la Gramática de la Real Academia Española. El lector deberá respetar la acentuación de José Hernández, si quiere gustar plenamente del poema.
Sin embargo, nuestro autor se atreve a modificar las grafías más que las fonéticas. Así tiende a cambiar las s por las c equivalente al sonido de la z española, y aunque conserva el castellano llevado por los conquistadores en el s. XVI, resulta comprensible en su conjunto para un lector español de la actualidad, si bien se le escapan expresiones y palabras concretas que resultan esenciales para la mejor interpretación del verso y la estrofa, así como paladear mejor su arte. Por otra parte, nuestro autor intercaló muchas expresiones y formas de expresión suyas, pero no de los gauchos, lo que dificulta más la comprensión.
A lo largo de la obra los americanismos son evidentes, así como la tendencia a reducir grupos consonánticos: doctor – dotor; indigno – indino; instrumento – estrumento, etc., y la confusión de los prefijos en formas nominales y verbales: desertor – resertor; derramar – redamar, etc.
Resultan normales las formas arcaicas, cosa que recuerda a la lengua do los conquistadores. El canto sigue idéntico proceso al de las hablas rústicas: caer – cair; reír – reir; démelo – demeló; casos de debilitación vocálica: teatro – tiatro; poeta – pueta; casos de h aspirada: huir – juir; horcón – jorcón; trascripción de j por f inicial: fuerte – juerte; fogón – jogón; etc.
Hernández no era un poeta cuidadoso ortográficamente, pero gran cantidad de fallos hay que señalarlos no por su ineptitud, sino por el deseo de acercarse más al hombre de campo, deseo que plantea en todo el poema. Esta circunstancia casi no se da en cuanto a la sintaxis. Las construcciones se ofrecen en forma directa, a semejanza de lo que hacen las gentes sencillas, y las diferencias son más por fonética sintáctica (supresión de la a: "lo empecé [a] aventajar") o introducción del complemento de objeto indirecto: "Y dejábamos las vacas / que las llevara el infiel".




domingo, 27 de octubre de 2013

Canto I Martín Fierro

Canto primero
http://www.liceodigital.com/graficos/elementos/redpoint.gif En el Canto I, Martín Fierro aparece abruptamente en la figura de cantor-relator, asumiendo el centro de la atención desde el primer verso, en el cual también ubica su intervención como la de un cantor que de inmediato se identifica con el espectáculo usual del trovero de pulpería, cantor y payador a la vez. Se describe a sí mismo como un gaucho payador, y por lo tanto expresa que cantar es algo esencial en su vida, y que lo hace improvisando, como era lo propio en los payadores.
Consecuente con la estructura habitual en tales oportunidades, el cantor se presenta para darse a conocer de un auditorio del que frecuentemente no era previamente conocido; y, en función del enfrentamiento y desafío que encerraba la payada como contienda de ingenio - que a veces terminaba en pelea a cuchilladas - asume una actitud ambivalente, en que mezcla la humildad del que pide el auxilio divino para obtener la necesaria inspiración y para decir claramente lo que desea:
Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento
...
Vengan santos milagrosos,
vengan todos en mi ayuda,
que la lengua se me añuda
y se me turba la vista;
pido a mi Dios que me asista
en una ocasión tan ruda.

— pero al mismo tiempo alardea de ser valiente:
no me hago al lao de la güeya
ni aunque vengan degollando.
...
En el peligro ¡que Cristo!
el corazon se me ensancha
pues toda la tierra es cancha
y de esto nadies se asombre:
el que se tiene por hombre
donde quiera hace pata ancha.

— de ser cautivador con su canto:
El cantar mi gloria labra
...
como si soplara el viento
hago tiritar los pastos
...

— de ser un ejecutante eximio del instrumento musical:
Con la guitarra en la mano
ni las moscas se me arriman
...
hago gemir a la prima
y llorar a la bordona.

— de su condición de gaucho orgulloso de ser libre de toda atadura:
Soy gaucho y entiendanló
como mi lengua lo esplica
...
Mi gloria es vivir tan libre
como el pájaro en el cielo.

— y de muchas otras condiciones valorables.
Y, por supuesto, no omite el desafío general a quien quiera enfrentarlo en la payada:
Y si me quieren probar
salgan otros a cantar
y veremos quién es menos.

http://www.liceodigital.com/graficos/elementos/redpoint.gif Sin lugar a dudas, la característica que predomina en ese Canto, como expresión de la habilidad del autor para presentar no un individuo sino un prototipo, es esa típica mezcla de humildad y altanería con que, el que se siente inferiorizado socialmente expone su orgullo personal, exalta al máximo los valores que puede atribuirse, y contrapone sus virtudes con la mala consideración que recibe de la sociedad:
Y atiendan la relación
que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.


RESUMEN PRIMERA PARTE MARTÍN FIERRO.

RESUMEN PRIMERA PARTE MARTÍN FIERRO.

Martín Fierro, el gaucho, nos va a contar con sincera nostalgia la vida feliz que antaño llevaba en la pampa y la inicia no con el grandilocuente verso homérico de "Canta musa, la cólera de Aquiles"… sino con un auténtico rapsoda del pueblo al que van destinadas sus cuitas y lamentos: "Aquí me pongo a cantar / al compás de la vigüela…" en el canto II comienza el relato propiamente novelesco del poema, concretamente al llegar la cuarta estrofa: la leva lleva al gaucho del hogar a "la frontera", a la tierra de indios. 

En el canto III asistimos a la vida miserable que sufre nuestro protagonista en su nuevo destino. La guerra con el indio se halla erizada de peligros sin cuento, hasta el punto de que el gaucho decide huir (canto IV y V). La continua huída va a durar tres años, sembrado de penalidades sin cuento. Pobre y desnudo, regresa a su rancho, que ha sido destruido y ha de refugiarse en una cueva. 

Las penalidades no han terminado: en el canto VII Fierro sufre persecución al ser considerado un vago. Entonces se revela y se torna "malo", frecuenta las "pulperías", se emborracha y, pendenciero, en una pelea mata a un negro. En el canto VIII, la policía lo persigue. Exhausto, pero valiente, lucha hasta la extenuación, hasta conseguir la admiración del sargento de policía Cruz, en el canto IX lo escucha con atención y, compadecido de él, le cuenta a su vez, su historia; y así ambos, por ser dos almas gemelas, deciden marchar a tierra de indios. Así se llega al canto XIII, con el que finaliza la primera parte. Hernández, por boca de su protagonista, anuncia "romper la guitarra para no volverla a templar". En la última estrofa se encierra toda la protesta y denuncia socio-política: "…que referí ansí a mi modo / males que conocen todos / pero que naides contó". 

PRIMERA PARTE
Capítulos I al V.
Presentación del personaje de Martín Fierro como gaucho valiente. Narra las dichas e infortunios de todo ser humano, su experiencia como gaucho. Cuenta las arbitrariedades de la autoriadad y la falta de trabajo que obliga a los hombres a dejar sus tierras y huir hacia la frontera o ser encarcelados. Martín Fierro junto con otros compañeros es llevado el fortín a realizar trabajos forzados. Enumera las injusticias que padeció viviendo con los indios a quienes describe como bárbaros: NO SALVAN DE SU JOROR/ NI LOS POBRES ANGELITOS:/ VIEJOS, MOZOS Y CHIQUITOS,/LOS MATA DEL MISMO MODO./ QUE EL INDIO LO ARREGLA TODO/ CON LA LANZA Y CON LOS GRITOS.
SEGUNDA PARTE
Capítulos VI al VIII.
Estando cautivos en el fortín les avisan que tendrán una expedición a las tolderías. Martín Fierro logra huir y regresa a su rancho sin encontrar nada, ni casa, ni familia. Esa noche Martín va a una fiesta y en una riña mata a un megro. Otra vez en un boliche mata a un gaucho y se ve obligado a huir nuevamente. EL ANDA JUYENDO./SIEMPRE POBRE PERSEGUIDO;/ NO TIENE CUEVA NI NIDO,/COMO SI JUERA MALDITO;/ PORQUE EL SER GAUCHO... ¡BARAJO!,/ EL SER GAUCHO ES UN DELITO. (Concepción del gaucho por parte del autor).
TERCERA PARTE
Capítulos IX al XIII.
Así estuvo Martín Fierro huyendo de la justicia, durmiendo en el campo, hasta que un día llegaron unos hombres por él. Fierro peléa tratando de defenderse, llega Cruz y le ayuda a escapar. Es aquí donde aparece el personaje del sargento Cruz que a partir de este momento se convierte en su amigo y compañero de viaje. Martín Fierro concluye haciendo un recuento de lo que es la vida y el destino del gaucho. El narrador termina la historia contando que Cruz y Fierro cruzaron la frontera por el desierto hacia las tolderías.

Martín Fierro Primera parte •
Martín Fierro es un gaucho que empieza a contar su historia en la pulpería, él vive en la miseria y huye de la frontera para viajar a sus pagos. En este momento abandona a su mujer e hijos, y esto lo caracteriza como un gaucho matrero. El se escapa porque estaba cansado de la miseria, no tenía ropa ni comida y ya no soportaba los malos tratos. • Cuenta sus anécdotas, la persecución que sufría, sus encuentros con los indios, con el gringo y con el moreno (a quien mata). Martín Fierro se une a Cruz, un gaucho que mata a un hombre y escapa, él también es un gaucho matrero. •En esta primer parte aparece un problema social que es el maltrato a los gauchos. •El gaucho era un trabajador rural, cuya situación ideal hubiera sido vivir en el campo felizmente con sus familias bien mantenidas. Pero la realidad es muy distinta. •Según la política de la época el gaucho aparece como un trabajador de estancia, que cuida la frontera y pelea en la guerra del Paraguay. Martín Fierro critica esto porque sostiene que los que crearon la patria (los criollos) no están cuidando de ella. •Martín Fierro es el ejemplo de lo que pasaba en Argentina en esos tiempos. •El destino del gaucho era ir a la frontera o a la batalla. • La política del momento dicta las “leyes de vagancia”, que eran utilizadas para apresar y utilizar a los gauchos. •Aparece la presión social sobre los personajes buenos: hacen que estos se transformen en criminales, como es el caso de Martín Fierro El gaucho nunca es tomado en cuenta, salvo en el momento de las votaciones. Éste no es llevado a la guerra para luchar por la patria sino para ser esclavo. Se hace una gran crítica a esto: se critica la política expansionista que favorece a pocos, pero perjudica a muchos. •Se realiza una descripción negativa del indio. •Martin Fierro sostiene que el saber del gaucho es fruto de su experiencia, y por este motivo sus cantos son tan valiosos.

GAUCHO MATRERO
“Monté y me largué a los campos
Más libre que el pensamiento,
Como las nubes al viento,
A vivir sin paradero;
Que no tiene el que es matrero
Nido, ni rancho, ni asiento.”

“Hombre divorciado con la sociedad, proscrito por las leyes;... salvaje de color blanco que incluye al cantor, que anda de tapera en galpón cantando hazañas propias y ajenas.” El Facundo, Sarmiento.

Matrero: Fugitivo que buscaba el campo para escapar de la justicia.

Matrero: deriv. de matra; dícese del hombre que se interna en las zonas inhóspitas huyendo por lo común, de la Justicia, a la que suele hacer frente si es descubierto.

                                                             LEY DE LEVA O LEY DE VAGANCIA             

Esta situación se vio agravada por un componente político: la “ley de leva”, la cual consistía en permitir a la policía de la campaña detener a todo aquel que no estuviera trabajando en alguna estancia como peón y enviarlo a la frontera a luchar contra los indios.

De ahí que al gaucho sin papeleta de conchabo (comprobante de trabajo) se lo denominaba “gaucho malo” o “gaucho matrero”, como si fuera un delincuente por no poseerlo. El reclutamiento de los gauchos para el servicio de frontera era muy estricto y dio lugar a una serie de injusticias, ya que eran reclutados no solamente los gauchos sin conchabo sino también aquellos que poseían su propio rancho y su familia y eran reclutados por capricho de la autoridad local. Esto dio lugar a que el gaucho escapase y se convirtiese en un desertor el cual sería perseguido por las partidas de policías con las cuales debía enfrentarse constantemente.

Se concebía al gaucho como el elemento haragán y pendenciero que depredaba al ganado y vagaba por las tierras. Tierras que pertenecían, o se creían con derechos sobre ellas, a los propietarios de saladeros y grandes estancias. Los terratenientes se encontraban ante graves problemas: por un lado, la presencia de los indígenas y por el otro, la falta de mano de obra y soldados y, la necesidad de incorporar al gauchaje al sistema capitalista que buscaban imponer. Los gobiernos “provinciales” (los territorios provinciales aún no estaban definidos) y el gobierno nacional, administrado por los mismos miembros del sector terrateniente, trataron de resolver el problema indígena propiciando campañas militares que buscaban la expulsión de los indígenas de los territorios que ocupaban y el establecimiento de una línea de fortines. La escasez de mano de obra y de soldados se resolvió a través de la sanción de las leyes de Vagos o de Leva.

A través de la ley de Leva, se trató de combatir el nomadismo, el vagabundeo y la delincuencia rural estableciendo que todo varón entre 18 y 40 años que no tuviera propiedad, careciera de domicilio fijo, que no pudiera demostrar ocupación alguna (los gauchos podían demostrar su ocupación a través de un documento, denominado papeleta de conchabo, emitido por el patrón y que certificaba su relación de dependencia), sería detenido, puesto a disposición de las autoridades y destinado al desarrollo de obras públicas o a cumplir servicio militar en la frontera con el indio.

La escasez de mujeres, el hambre, las penosas condiciones de existencia, los atropellos de los superiores, provocaban que muchos soldados desertaran y vivieran huyendo en las tierras de los “cristianos” o que se integraran a las tolderías.
Según establecía la ley, los soldados debían ser recompensados con la paga de un salario, pero éste nunca llegaba o se perdía por el camino y, en ocasiones, llegaba muy tarde… ya cuando el destinatario había sido muerto en combate.


Literatura gaucha y gauchesca

DIFERENCIAS ENTRE LITERATURA GAUCHA Y LITERATURA GAUCHESCA

LITERATURA GAUCHA:

Es la poesía tradicional  que cantaron los auténticos gauchos. Es una poesía oral y anónima, de la cual no se poseen registros debido a la espontaneidad y el contexto en el cual se desarrollaban, por ejemplo: las pulperías, los fogones, etc. Además estaba dirigida hacia un público analfabeto, en su mayoría.
 La cantaban con el acompañamiento de la guitarra. Entre los cantores gauchos se distinguieron los payadores, que practicaban el canto improvisado, individual o en enfrentamientos llamados payadas de contrapunto.
El payador es un poeta repentista que canta en forma individual, sobre temas propuestos por el auditorio, o en contrapunto con otro, pudiéndose referir ambos al mismo asunto- solicitado previamente- y, también, formulándose en forma recíproca, preguntas que deben ser contestadas en verso. Los gauchos payadores eran celebridades en las reuniones y pulperías, y si se los consideraba buenos ganaban prestigio y ciertos beneficios. Se los invitaba con copas, eran admirados y reconocidos por su público, también gaucho.

LA LITERATURA GAUCHESCA
Es un género literario original del Río de la Plata surgido a comienzos del siglo XIX.  Es una poesía compuesta por poetas ciudadanos cultos  que emplean deliberadamente los medios expresivos usuales del medio rural, ajeno a su medio socio-cultural. Imitan el verdadero estilo  de los creadores gauchos, sus imágenes, forma de pensar y encarar los hechos de la vida.  Su propósito es el de expresar  “ciertas verdades” sobre el campo y el gaucho.
Es una poesía escrita y difundida a través de la imprenta. Primitivamente se imprimió en hojas sueltas, luego en folletos y libros, aunque esto no excluye su transmisión oral y socialización.
Es una poesía comprometida con la realidad que varía con el tiempo y las circunstancias. Posee una intención reformadora, impregnada de la voluntad de arreglar las cosas y señalar los errores para que se corrijan. Trata de reivindicar socialmente al gaucho, el pobre, el desposeído. Abarca temas específicos, como por ejemplo: el amor, la soledad, la muerte, la desgracia, las injusticias sociales, etc.
“Mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus costumbres, sus trabajos, sus hábitos de vida, su índole, sus vicios y sus virtudes; ese conjunto que constituye el cuadro de su fisonomía  moral y los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constantes.” Carta de José Hernández a José Zoilo Miguens. Buenos Aires, diciembre de 1872.





INTRODUCCIÓN al Martín Fierro

MARTÍN FIERRO

JOSÉ HERNÁNDEZ
MARTÍN FIERRO

Estudio Preliminar
Introducción
Martín Fierro está considerado como el poema
hispanoamericano más importante del siglo 19, De primera
intención tenía como objetivo el servir de instrumento de
protesta social para denunciar los males y desgracias de que
era objeto el gaucho víctima del servicio militar obligatorio.
Sin embargo, su personaje principal logró convertirse en una
figura arquetípica, en una leyenda de gran aceptación entre
la gente ordinaria.
Los habitantes del interior se agrupaban en los lugares
de trabajo o en las pulperías, alrededor de algún
privilegiado que supiese leer, para escuchar las andanzas
de un hombre pintado a su imagen y semejanza, acosado
por oscuras fuerzas desconocidas, maltratado por la
suerte, sometido por un sistema que extendía su poderío
a regiones cada vez más alejadas de la metrópoli. Los
peones, puesteros y reseros, reconocían en el protagonista
a uno de los suyos que, hablando idéntico lenguaje,
desprovisto de galas ciudadanas, reflejaba en
profundidad su modo de ser, su filosofía de vivir, sus
reacciones frente a los embates de la fortuna. La gente
de campo tuvo desde entonces una obra símbolo, que
resumía en sus páginas la esencia del ser argentino de
aquella época.1
Como resultado de esa aceptación e identificación, la
obra adquirió tal difusión y popularidad en su época que de
1872 a 1894 se publicaron 14 ediciones y miles de
1León Barski, Vigencia del Martín Fierro, Buenos Aires, Editorial Boedo,
1977, pág. 83.
vi JOSÉ HERNÁNDEZ
ejemplares. Aunque inicialmente gozó de tal popularidad,
los escritores argentinos reconocidos ignoraron la obra. No
fue hasta el periodo de 1880 a 1910, cuando con el
surgimiento de un movimiento argentino nacionalista, se
reconoció el poema como una épica nacional. Precisamente
en 1913, el poeta Leopoldo Lugones reclamó para el Martín
Fierro «el título de libro nacional de los argentinos» y exigió
que se le considerara como una epopeya.
Valor y significado del poema
El poema de José Hernández pertenece a la llamada
literatura comprometida. Martín Fierro es un payador que
narra la trágica historia de su vido,pero a medida que relata
sus vivencias, denuncia los males de una sociedad donde el
hombre, víctima de las injusticias, se envilece, se corrompe y
se endurece tornándose agresivo y hostil. Su canto se convierte
en un alegato en favor de los humillados y maltratados.
Específicamente es un canto reivindicativo del gaucho,
perseguido y menospreciado por los políticos porteños
centrados en Buenos Aires. Aunque resulta evidente esa
intención de protesta social, el poema también muestra rasgos
de mito de carácter romántico en el que el gaucho representa
la voz de la naturaleza en contraposición a la maldad y
corrupción de la sociedad.
El Martín Fierro ha sido clasificado como un poema épico.
No obstante, éste no responde a las particularidades
esenciales de la épica clásica, pues ésta relata historias de
héroes que encarnan las mejores virtudes de una sociedad.
A pesar de que el protagonista adquiere dimensiones de héroe
por su valentía y por sus ejecutorias, no corresponde a la
imagen del héroe en la épica clásica. Martín Fierro no es un
Mío Cid, temporeramente desprovisto de la aceptación y el
reconocimiento de su señor, y quien finalmente con sus
ejecutorias y virtudes recupera, para ostentar con mayor
gloria, el lugar que le corresponde en la sociedad feudal en
proceso de cambios sociopolíticos y económicos. Martín Fierro
es la encarnación del gaucho con todos sus defectos y virtudes.
MARTÍN FIERRO vii
El gaucho, alma primitiva con un trasfondo moral y religioso,
se presenta en la obra como un ser contradictorio, maltratado,
perseguido y empobrecido, con una visión cínica, fatalista y
resignada, en fin una víctima de las circunstancias sociales y
políticas de la época.
Argumento y estructura
El poema se compone de dos partes; la primera, donde
en 13 cantos se relata la ida del protagonista, y la segunda,
titulada La Vuelta de Martín Fierro, integrada por 33 cantos.
Ese número de cantos que el narrador asocia con la edad
alcanzada por Cristo, simbólicamente representa el
cumplimiento de la misión que el protagonista narrador se
propuso en el poema, al igual que ocurrió con Jesucristo,
quien cumplida su misión en el mundo terrenal, es crucificado
a la edad de 33 años,
Comienza el poema en un tono nostálgico cuando el
protagonista describe en los Cantos 1-11 cuán feliz transcurría
su vida en la Pampa dedicado a sus menesteres cotidianos,
antes de que lo arrebataran de su hogar y de su familia para
llevarlo a pelear contra los indios en la frontera. En el Canto
III describe el trato brutal y abusivo de que fue objeto al
desempeñarse como soldado. En los Cantos IV-V cuenta su
vida como desertor del ejército durante un periodo de tres
años, hasta regresar empobrecido y desnudo a su hogar,
para enfrentarse a la destrucción y dispersión de su familia.
Como consecuencia de esas duras experiencias, decide
convertirse en un marginado de la ley. Se dedica a
emborracharse, se torna pendenciero, y hasta mata a un
negro en una pulpería, (Canto VII) Entonces es perseguido
por la policía, y cuando lo atrapan lucha demostrando su
valentía. Consigue la admiración del sargento de la policía
llamado Cruz, a quien le cuenta su historia. Cruz se
compadece de él, ya que también había sido víctima del
servicio militar obligatorio. De esa afinidad surge una sincera
amistad entre ambos hombres, quienes deciden marcharse
al desierto con los indios. (Canto IX)
viii JOSÉ HERNÁNDEZ
En la segunda parte se narran las aventuras de Cruz y
de Fierro en tierra de indios. El Canto III ofrece una poesía de
corte sentencioso combinado con un continuo lamentarse.
Dicho canto revela la actitud estoica y de resignación sin
esperanza, adoptada por Fierro en el poema. En los Cantos
IV-VI se describen las costumbres indias, su comportamiento
bárbaro y salvaje, el maltrato de que son objeto sus mujeres,
y la actitud sufrida y abnegada de éstas. La muerte de Cruz,
víctima de la viruela negra, se narra en el Canto VI. Antes de
morir, Cruz le encomienda su hijo a Martín Fierro. Luego de
enterrar a su amigo, en el Canto VIII, el protagonista tiene un
encontronazo violento con un salvaje que maltrata a una
prisionera blanca. Se presenta el comportamiento salvaje del
indio, quien cruelmente asesina al hijo de la prisionera. Fierro
se enfrenta al indio, logra matarlo, y después de enterrarlo
para que los suyos tarden en encontrarlo, regresa a la
civilización acompañado de la mujer. (Cantos IX-X) Como
han transcurrido tres años de duro peregrinaje, y cinco como
cautivo de los indios, las autoridades ya no se acuerdan de
las fechorías de Martín Fierro. Se encuentra con sus hijos,
quienes apenas lo reconocen debido a su aspecto aindiado y
envejecido. En los Cantos XII-XIII los hijos cuentan la trágica
historia de sus vidas: el mayor estuvo en la cárcel por un
crimen que no cometió, y el segundo convivió con un ladrón
de caballos llamado Viscacha, quien le enseñó a sobrevivir
en una sociedad injusta. Los pormenores de la vida sufrida
del segundo hijo junto a Viscacha, hasta la muerte de éste
último se narran en los Cantos del XIV al XVIII. En el Canto
XX se introduce un nuevo personaje llamado Picardía. Éste
relata su vida picaresca en los Cantos del XXI al XXVIII.
Finalmente se descubre que es el hijo de Cruz. La historia de
Picardía es una réplica de la historia de Martín Fierro, ya
que también fue víctima del servicio militar obligatorio. En
los Cantos del XIX al XXXI aparece el hermano menor del
negro a quien injustamente mató Martín Fierro. El Moreno lo
reta para competir en una payada o canto improvisado de
preguntas y respuestas, competencia ganada por Fierro. Los
Cantos XXXII y XXXIII están dedicados a los consejos finales
MARTÍN FIERRO ix
del protagonista. En tono solemne y con sentido ético, deja a
las futuras generaciones representadas por sus hijos, el
conocimiento que es resultado de su experiencia sufrida. Al
final del poema en el Canto XXXIII, Martín Fierro se separa
de sus hijos. En este canto final expresa el convencimiento de
que el poema tiene un valor educativo, y de que es obra que
ha de pasar a la posteridad. Esto es así ya que revela, no la
historia individual del protagonista, sino la historia del sector
nacional al que él representa. Ese convencimiento se
manifiesta en el siguiente verso al final del poema:
Pues son mis dichas desdichas
los de todos mis hermanos;
ellos guardarán ufanos
en su corazón mi historia;
me tendrán en su memoria
para siempre mis paisanos.
Estructura interna del poema
Las estrofas del poema, aunque pueden considerarse
como pequeños poemas independientes, se insertan en la
totalidad para componer un todo armónico.
A lo largo del poema predomina la sextillo, estrofa de
seis versos de arte menor, es decir, octosílabos con rima
a—b—b—c—c—d.
1 2 3 4 5 6 7 8
1 Si/me a/tri /bu/lo o/ me en/co/jo a
2 si /gu/ro/que/no/me es/cc/po b
3 siem / pre he / si / do / me / dio / gua / po b
4 pe /roen/a/que/Ilo o/co/sión/+1 c
5 me ho/cía/ bu /Ila el/co/ru/zón/+1 c
6 co/mo/la/gar/gan/ta al/sa/po.2 d
2 Según las normas métricas, si el verso termina en palabra aguda se
añade una sílaba. Por esa razón los versos 4 y 5 se consideran
octosílabos.
x JOSÉ HERNÁNDEZ
Abundan, además, las cuartetas o estrofas de cuatro
versos de arte menor, es decir, octosílabos con rima en los
versos pares o—b—a—b; y las redondillas o cuartetos
octosílabos con rima a—b—b—a. Pueden encontrarse
ejemplos de estos tipos de estrofas en el Canto XVII de la
segunda parte.
1 2 3 4 5 6 7 8
1 y/so/co on/sí/en /con/clu/sión a
2 en/me/dio/de/mi i/no/ran/cia b
3 que a/quí el/no/cer/ en/es/ton/cia a
4 es/co/mo u/na/mal/di/ción/-+-1 b
1 2 3 4 5 6 7 8
1 Sin/suel/doy/sin/u /ni /for/me a
2 lo/pa/sou/noaun/que/su/cum/bo b
3 con/fór/me/se/con/la/tum/bo b
4 y/si/no.../no/se/con/for/me a
Aunque en menor grado, se utiliza también el romance,
serie indeterminada de versos del mismo tipo con rima
asonante en los versos pares y rima libre en los impares.
Ejemplos de este tipo de estrofa se encuentran en los Cantos
XI, XX y XXXI de la segunda parte. En el Canto XI también se
utilizan estrofas de diez versos.
Características de estilo
El Martín Fierro se escribió en la época de pleno auge
del Romanticismo de influencia europea. En un ambiente
literario saturado de esa retórica romántica falsa, no era de
extrañar la indiferencia con que se recibió el poema de
Hernández. En contraposición al estilo literario imperante se
destacaba por su originalidad, sobriedad y hasta sentido del
humor. Es muy probable que la práctica de la labor
periodística lo adiestrara en el manejo preciso, conciso y denso
MARTÍN FIERRO xi
de la lengua, rasgos presentes en el poema. La obra,
precursora de un espíritu moderno, revelaba además una
detallada observación de la realidad social y política con
actitud crítica, rasgos que chocaban con la sensibilidad
literaria del momento.
Si bien es cierto que el autor experimentó de inmediato
el rechazo del sector intelectual y educado de la sociedad
argentina, también recibió la aceptación entusiasta del pueblo.
Uno de los rasgos estilísticos que facilitó el que el pueblo se
reconociera y se identificara con el Martín Fierro, fue el uso
del dialecto rústico rioplatense, hablado en la primera mitad
del siglo XIX. Entre las peculiaridades de ese modo de hablar
se destacan:
• La reducción de grupos consonánticos - dotor por doctor,
indino por indigno, inorante por ignorante, istintos por
instintos, costancia por constancia
• La reducción de grupos vocálicos - aprétese por apriétese,
cren por creen, vía por veía, cencio por ciencia, pocencio
por paciencia
• El uso de arcaísmos - ansina, vido, tuito, dentrando,
dende, ande
• La debilitación de ciertas combinaciones de vocales - tiatro
por teatro, poeta por poeta, piones por peones, pelior
por pelear, riunir por reunir, blanquior por blanquear
• La aspiración de la h - juir por huir, jorcón por horcón la
sustitución de la f por una j - fuerte en vez de fuerte,
jogón en vez de fogón, juera en vez de fuera, jusil en
vez de fusil, projundo, en vez de profundo, dijunto en
vez de difunto
• La transposición de vocales - noides por nadie
Otro rasgo estilístico del poema es la utilización de
americanismos. Estos cumplen la función de ambientar el
poema al acentuar su autenticidad y ubicarla en el contexto
argentino correspondiente a la época, Algunos ejemplos son:
xii JOSÉ HERNÁNDEZ
payada, ombú, china, abombar, boliche, pulpero, carroncho,
vizcacha, milonga, bolas, tacuara, topera, etc. Función similar
desempeña el refranero popular de carácter sentencioso,
puesto en labios del viejo Viscacho. Dichos refranes acentúan
el carácter realista de la obra, al sintetizar las duras
experiencias del gaucho en el inhóspito ambiente de la Pampa.
No pueden obviarse en este apartado, la plasticidad, la
fuerza expresiva y el manejo magistral de las imágenes,
reconocidos como particularidades estilísticas del poema.
Muestras de esa habilidad son los cuadros de conjunto como
el combate con la partida de policías, el malón indio y la
lucha con el indio en defensa de la cautiva.
Indudablemente el manejo de la lengua y de los recursos
estilísticos es otro componente que evidencia la estructuración
armoniosa del poema.
Caracterización y función de los personajes
El manejo de los personajes es otro indicador de la unidad
del poema. Personajes principales, secundarios e incidentales,
todos contribuyen al logro del objetivo total de la obra. Cada
uno de ellos amplía o intensifica la densidad del cuadro real
interno y externo que se elabora.
Martín Fierro, el personaje principal, devela el retrato
completo del gaucho, el hombre de la Pampa. Encarna la
imagen de un hombre marcado por un destino trágico, el
gaucho pesimista y fatalista que aun así conserva el espíritu
de religiosidad que le inculcaron los conquistadores españoles.
Inicialmente hombre manso y de buenos sentimientos, la
adversidad que se ensaña contra él lo torna un hombre hostil
y agresivo, valiente ante el peligro y con una sicología
contradictoria; bravo y miedoso ante el peligro, luchador y
resignado ante la fatalidad de su destino, tierno y capaz de
sentir desprecio y de actuar cruelmente. Hombre endurecido
por la vida, aun así no pierde sus buenos sentimientos. De
hecho lo demuestra al final cuando aconseja a sus hijos. Fierro
adquiere dimensión heroica con su actitud rebelde ante las
injusticias y el maltrato.
MARTÍN FIERRO xiii
Cruz, gaucho al igual que Martín Fierro, complementa
la imagen del hombre de la Pampa, Además, reafirma la
experiencia vivida por el personaje principal. Del mismo modo
que Fierro, es un símbolo de la dureza y fortaleza ante la
adversidad. Cruz es un símbolo de la carga que le ha tocado
al gaucho como destino fatal. Su nombre es símbolo de castigo
y sufrimiento por sus acciones pasadas. Entre él y Fierro se
entabla una amistad noble, capaz de los mayores sacrificios,
indicadora de la nobleza de la que también es capaz el
gaucho.
El resto de los personajes secundarios son símbolos que
revelan cómo el hombre de la Pampa es víctima de las
circunstancias. El hijo mayor de Martín Fierro, expresidiario,
encarcelado injustamente, representa a las víctimas de las
arbitrariedades de un sistema judicial injusto. El segundo hijo
es una especie de pícaro, cuyas vicisitudes le permiten
codearse con gente más refinada que los gauchos. Su historia,
obviamente recuerda la picaresca española. Al igual que en
el caso de Picardía, el hijo de Cruz, su vida también ha sido
determinada por las circunstancias. Viscacha, el viejo ladrón
de caballos, astuto y avaro, representa a quienes desarrollan
un código de normas amorales e inmorales para lograr
sobrevivir en un mundo hostil. Su nombre se asocia con el de
un roedor llamado vizcacha, detalle indicador de su
naturaleza despreciable y de su pobre calidad como ser
humano: astuto, avaro, cruel, misógino, inescrupuloso, Su
actitud y comportamiento lo convierten en una especie de
contrafigura del protagonista.
El Moreno, hermano del negro injustamente asesinado
por Martín Fierro, reitera la presencia de ese grupo racial,
que también es presentado de forma prejuiciado, Su presencia
cumple una doble función en la obra: introduce la idea del
perdón ante las ofensas pasadas, o sea la idea de la
conciliación, y permite al gaucho mostrar su superioridad
cuando Martín Fierro gana la competencia de la payada.
A pesar de que el Martín Fierro es un poema
predominantemente de hombres, la mujer, aunque sutilmente,
también está presente de forma individual y colectiva. Unas
xiv JOSÉ HERNÁNDEZ
veces se le describe positivamene y, otras, negativamente.
Esa actitud ha llevado a algunos críticos a hablar de una
actitud misógina o de rechazo y menosprecio de la mujer. En
la primera parte del poema, tanto la mujer de Martín Fierro
como la de Cruz son justificadas por ellos mismos, pues las
consideran víctimas de las circunstancias. La actitud de ambos
no es la tradicional actitud machista del hombre resentido y
ofendido. Por el contrario, la referencia a las mujeres que los
abandonaron está matizada de nostálgica y delicada ternura
y comprensión. Puede comprobarse en los siguientes cantos:
¡y la pobre mi mujer
quién sabe cuánto sufrió!
Me dicen que se voló
con no sé qué gavilán,
¡sin duda a buscar el pan
que no podía darle yo!
No es raro que a uno le falte
lo que a algún otro le sobre;
si no le quedó ni un cobre,
sino de hijos un enjambre,
¿qué más iba a hacer la pobre
para no morirse de hambre?
En la segunda parte de la obra, las indias se presentan
como mujeres sufridas y pacientes, víctimas del atropello de
sus maridos, Esas referencias tampoco podrían considerarse
manifestaciones de una actitud misógina. Se ofrece otra
imagen positiva cuando se introduce a la cautiva, víctima de
la crueldad de los indios. Es una mujer valiente, capaz de
expresar ternura, y con la fuerza suficiente para sobreponerse
a la adversidad. Otras imágenes positivas son: la de la tía de
buen corazón que se hace cargo del segundo hijo de Martín
Fierro, la de las tías bondadosas que recogen al hijo de cruz
para que no viviera en el desamparo, y la de la vieja
curandera que ayuda al viejo viscocha cuando se encontraba
enfermo. Son ejemplos de la visión negativa, el resto de las
MARTÍN FIERRO xv
mujeres presentadas en la primera y en la segunda parte: la
negra que responde a la provocación de Fierro y causa el
altercado en la pulpería; la china vieja, encarnación de la
superstición y el maleficio, quien culpa a un gringuito cautivo
de ser el responsable de la epidemia de viruela negra; la
viuda de la que se enamora el segundo hijo de Fierro; y la
mulata con quien se relaciona Picardía.
En cuanto a la intervención de personajes colectivos, tales
como jueces, comisarios, indios, pulperos, etc, éstos permiten
que los personajes principales se perfilen con mayor definición
y fuerza. Además, ayudan a conformar el contexto donde
se ubica la obra. En el caso específico de los indios, la actitud
de Martín Fierro ante ellos es reveladora del prejuicio existente
contra este grupo racial. El gaucho, a pesar de su pobreza y
desdichas, es superior a los indios bárbaros y salvajes. En
ningún momento adopta la actitud reivindicadora con que
trata al gaucho en el poema.
Martín Fierro no percibe que el indio y él son víctimas de
un mismo proceso y que, en última instancia, es utilizado
para aniquilar al aborigen. Esa fue la característica
general. Y es mérito de Hernández el habernos mostrado
al gaucho tal cual era, incluyendo al lado de los elementos
positivos, sus forzosas limitaciones y prejuicios.3
El autor y su contexto histórico
Para comprender la importancia del Martín Fierro y lograr
una adecuada interpretación del mismo, es necesario tener
en cuenta tanto la trayectoria vital del autor como el contexto
histórico social y político que sirvió de fundamento y motivó
la producción de esta obra. A continuación se ofrece tan sólo
un cuadro somero de esa realidad que resulta pertinente. 4
3Barski, Op. Cit., pág. 62
4 4Información más específica sobre el contexto histórico se encuentra
en: María Inés Cárdenas de Moner Sons, Martín Fierro y la conciencia
nacional, Buenos Aires, Editorial la Pléyade, 1977.
xvi JOSÉ HERNÁNDEZ
José Hernández nació el 10 de mayo de 1834 en una
chacra ( granja) de Pedriel, Su infancia transcurrió en el
ambiente de la Pampa, pues su padre era administrador de
estancias. Desde muy temprana edad se vio expuesto a las
consecuencias de las luchas y disidencias políticas en su país,
ya que era la época del dictador Rosas y tanto sus padres
como sus respectivas familias pertenecían a dos bandos
políticos contrarios. Su padre era federalista y su madre
unitaria.
En 1843 murió su madre y nueve años más tarde perdió
a su padre, quien murió víctima de un rayo. Esta situación los
motivó a él y a su hermano Rafael a enlistarse en el ejército,
pues el orgullo les impedía solicitar ayuda a sus familiares.
En 1852 el general Urquiza derrotó al dictador Rosas en
la batalla de Caseros, y fue nombrado presidente de la
Confederación Argentina para el período de 1854 a 1860.
Urquiza promulgó una Constitución federal y algunas
provincias, como Buenos Aires gobernada por Mitre,
continuaron la lucha. José Hernández fue miembro del ejército
de rnilicionos, gauchos e indios, dirigido por Faustino Velasco,
y que le hizo frente al ejército de Hilario Lagos, lugarteniente
de Urquiza que había sitiado a Buenos Aires.
En 1858, al surgir el Partido Liberal Reformista que se
proponía reconciliarse con Urquiza, y al crearse el periódico
La Reforma Pacífica, Hernández dejó su carrera como militar
para continuar su lucha por medio de la labor literaria y
periodística. Se fue entonces a Paraná donde publicó el folleto
Las dos políticas. En ese mismo lugar encontró un tabojo como
tenedor de libros y al mismo tiempo colaboraba en el periódico
El Nacional Argentino.
Volvió a incursionar en la lucha política en 1861 cuando
al suscitarse de nuevo la guerra civil peleó al lado de Mitre
en la batalla de Pavón. En esa ocasión fue herido en combate
y a duras penas pudo regresar a Paraná. Como consecuencia
de esa batalla, urquizo negocia la paz con Mitre. Argentina
pasa del federalismo al unitariasmo, y Buenos Aires vuelve a
ser la capital de la nación.
MARTÍN FIERRO xvii
A comienzos de 1867, Hernández se estableció en
Corrientes donde poseyó su primera imprenta y publicó su
primer diario, El Eco de Corrientes. Allí fue designado Oficial
Interino del Estado y, luego, Secretario del Estado. A este
último cargo renunció debido a discrepancias con el
gobierno. No obstante, su renuncia no fue aceptada, y
entonces él se enfrascó en una polémica con el diario de la
oposición, La Esperanza. El 27 de mayo de 1868 los
revolucionarios sitiaron su casa y le destruyeron la imprenta.
Hernández se refugió en Rosario donde colaboró en el
periódico La Capital. En julio de ese mismo año se mudó a
Buenos Aires. Allí, con la ayuda de personalidades notables,
publicó el diario El Río de Plata. Comenzó entonces a
publicar mensajes pacifistas para que el gobierno concluyera
la guerra inútil con Paraguay. Abogaba, además, por la
derogación de la inconstitucional ley de fronteras que
obligaba a prestar servicio militar obligatorio, y que
provocaba la persecución y el exterminio del gaucho.
Gracias a su labor periodística de protesta social, la opinión
publica se enteró de la situación en que se encontraban las
clases marginadas del país, y prestó atención al problema
de los inmigrantes. Fue en esa época cuando comenzó a
concebir el Martín Fierro, pero el asesinato de Urquiza por
predicar el arreglo con Paraguay, le impidió lograr su
objetivo.
Su intervención en las luchas políticas esta vez lo llevaron
temporeramente al exilio. Se refugió en Brasil, en la ciudad
fronteriza de Santa Ana do Livramento. En 1872 regresa
clandestinamente a Buenos Aires donde, ayudado por algunos
amigos que lo protegen, se refugia en el Hotel Argentino.
Encerrado en dicho lugar, debido a su condición de
perseguido político, se dedica a producir la obra que lo
consagró en las letras hispanoamericanas.
El 28 de diciembre de 1872, cuando ya se habían
apaciguado las pasiones políticas, una pequeña imprenta
llamada La Pampa publicó la primera edición del Martín
Fierro.
xviii JOSÉ HERNÁNDEZ
No obstante las anteriores experiencias, su intervención
en la política nacional continuaba. Debido a su apoyo a
Ricardo López Jordán, a quien había defendido cuando
constitucionalmente fue electo gobernador de Entre Ríos, el
gobierno dictó una orden de reclusión contra él, y su vida
se vio amenazada. Hernández se refugia en Montevideo,
pero pudo regresar a Argentina a fines de 1874. Gracias a
su hermano Rafael adquirió una librería en la calle de
Tacuari.
Aunque su vida continuó afectándose por el acontecer
político, en 1879 logró publicar La vuelta del gaucho Martín
Fierro. Para esa época había sido electo Diputado Provincial,
cargo para el que fue reelecto en 1880. Ese mismo año hubo
otro levantamiento cuando el gobernador Tejedor, quien
aspiraba a la presidencia de la república, se levantó en armas,
Hernández, se vio obligado a participar en la lucha, pero lo
causa federal fue derrotada.
Regresa una vez más al mundo civil, y le proponen
efectuar un estudio sobre el trabajo realizado en las estancias.
Realiza eso encomienda, y escribe la Instrucción del
Estanciero, obra donde expuso magníficas reco-mendociones
para mejorar la administración de las estancias. En esta obra,
último libro publicado por Hernández, proponía rescatar al
gaucho mediante el trabajo. Sin embargo, debido a sus
antecedentes políticos, el gobierno no le prestó atención al
estudio.
Después de intervenir en tantas luchas y de sufrir
sinsabores debido a su ideología política, Hernández murió
a los 52 años, el 21 de septiembre de 1886, luego de contraer
una enfermedad de la que no logró reponerse.



Dro. Pura A. Rivera Rubero
Catedrática
Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras

Análisis Martín Fierro, CANTO VII Primera parte.

MARTÍN FIERRO
CANTO VII



Análisis de la pelea con el negro





            En el Canto VI, al volver de la frontera y encontrarse con su rancho convertido en tapera (símbolo de su vida deshecha), Fierro había jurado “ser más malo que una fiera” y decidido convertirse en gaucho matrero. Esa decisión es una autoafirmación de su ser frente a una sociedad que lo ha desconocido, demostrándole de manera palpable que ni siquiera la sumisión lo pone a salvo de sus atropellos.

                                   “De carta de más me vía”

            La metáfora (resaltada por el hipérbaton) sugiere su sentimiento de inutilidad. Ha tomado conciencia (“me vía”) de su marginación. El ya carece de poder de decisión, depende de una fuerza ajena y superior. Fierro es un mero objeto para la sociedad, con el agravante de que ha quedado fuera del juego. No tiene lugar ni función  en el mundo. Por eso no sabe qué hacer con su vida

“sin saber adónde dirme”

            La segunda mitad de la cuarteta introduce la tercera persona del plural. La impersonalidad de ese “ellos”, sumada al plural, resalta la impotencia de Fierro, que se enfrenta a un enemigo abrumadoramente superior y, en última instancia, no individualizable. No hay a quién quejarse ni de quién vengarse. El negro pagará por ellos. La sociedad no demuestra comprensión alguna hacia la situación. Juzga simplemente, transformando a la víctima desorientada en vago. Ni siquiera se le brinda una oportunidad, ya que el juicio es seguido de inmediato (a través de la coordinación copulativa) por la acción regresiva.
            De su situación personal, se eleva a una reflexión general comprensiblemente pesimista, tránsito subrayado por el cambio de tiempo verbal: del pretérito al presente. La negación absoluta refuerza la impresión de validez irrestricta. Es sugestivo que, por segunda vez en lo que va del canto, emplee el verbo “ver” (“vide”). Crea la impresión de estar escindido de estar escindido entre un ser que padece y otro que lo observa sin poder asumir de una vez su situación.
            La tercera estrofa está constituida por una enumeración negativa, salvo el segundo verso.
            Fierro recuenta sus carencias. El verso afirmativo separa las pérdidas afectivas de las puramente materiales. La reiteración anafórica de “no tenía” destaca su total desamparo, tanto espiritual como material. Su situación es soledad absoluta, soledad en contra, soledad de aquel que huye. Esto se materializa finalmente sobre la propia figura, en la ropa miserable, en la falta de dinero...
            La siguiente cuarteta trae evocación de los hijos. No los incluyó en la enumeración anterior para resaltar que son lo más importante y que todavía no ha perdido la ilusión de reencontrarlos. El andar “de un lado a otro” es índice, no solo de su desorientación, sino de la búsqueda desesperada de sus hijos, que únicamente servirá para hacerle acumular resentimiento. Este verso sintetiza la miseria en que vivía:


                                   “sin tener ni qué pitar”

            Sin embargo, sus constantes desplazamientos eran inspirados por una razón afectiva.
            A partir de la quinta estrofa, comienza el planteo del nuevo episodio. Este se inicia bajo el signo de la fatalidad: “por desgracia”. Una y otra vez Martín Fierro nos señala la inexorabilidad en su vida, y su conciencia de lo fatal en ella. Fierro es un narrador extra – homodiegético, esto es, narrador y protagonista a la vez, lo que le permite contar desde una perspectiva global y saber como narrador lo que como personaje ignoraba. De este modo, mediante la anticipación, va despertando la expectativa del público.
            La ubicación temporal y la espacial son tan vagas que sugieren el caos en que se habían convertido su existencia.
            El baile le permite reintegrarse, aunque más no sea transitoriamente, a la vida social. Pero, debido a su estado de ánimo, no pretende siquiera participar. Solo pretende evadirse de su angustia.
            El hipérbaton posterga la aparición del verbo “Fui” hasta el final de la estrofa, porque esa acción en apariencia intrascendente lo condujo al encuentro de su destino.
            En el baile, re – anuda lazos amistosos que parecen devolverlo a la comunidad de los hombres.
            La insistencia en el carácter excepcional de esa embriaguez y de su posterior conducta violenta revela el afán de Fierro de atenuar como narrador lo que hizo como personaje. Recordemos lo que proclamó sobre el final del Canto I:

                                   “que nunca peleo ni mato
sino por necesidad.”

            La flagrante contradicción entre estas palabras y lo que ahora se dispone a contar le debe resultar acusadora a Fierro:

                                   “Como nunca en la ocasión
porpeliarme dio la tranca”

            Fierro continúa mostrándose como juguete de fuerzas que no conocía ni podía controlar. Siente que en esta ocasión no era dueño de sí. “La tranca” lo dominó. El peso del remordimiento es tal que ya comienza a  exculparse. Antes había perdido el control de su vida, ahora de sí mismo. Su resentimiento se descarga contra un desclasado como él, relegado incluso a una posición inferior a la suya por su condición de negro, de distinto. La pelea sin causas requería causa para ser, y había de ser entonces la más natural  e inmediata, la que surgiese de un prejuicio hecho ya casi carne .
            Movido por un prejuicio atávico, Fierro provoca una pendencia carente de otra motivación que no sea su necesidad inconsciente de desahogarse y afirmarse. Precisa demostrar que aún sigue siendo un hombre. Como suele suceder, reafirmará su hombría a expensas de lo humano. Pero lo único que conseguirá será poner fin a una vida y acabar de arruinar la suya.
            Con su provocación, Fierro está atacando, la felicidad que ya no tiene, representada por esa pareja que viene a divertirse y cuya Fierro repite el proceder injusto del que fue víctima. Se transformará en asesino para dejar de sentirse impotente.
            La atención de Fierro se centra primeramente en la morena, pero todo lo que le diga tendrá como destinatario último a su compañero. Siente como soberbia lo que probablemente fuera solo concentrada  expectativa en los ansiados placeres del baile. Llevado por la desesperación, el hombre precisa atraer la atención para dejar de sentirse un inútil. Marginado, quiere ser protagonista.
            Mediante el calambur, no solo insulta Fierro a la mujer, iniciando así la larga serie de asociaciones desvalorizadas con animales, sino que exhibe el ingenio con que pretende convertirse en centro de la atención. El perseguido busca ser atendido.

                                   “mirándome como a perro;”

            La rapidez con que la negra le devuelve el insulto, así como la mirada despectiva que le arroja y el hecho de que siga de largo, debieron dejar mal parado a Fierro, aunque el narrador no nos diga nada acerca de la reacción de los circunstantes, concentrando así aún más la tensión.
             La descripción que hace Fierro de la mujer refuerza la nota humorística, que habrá de resaltar por contrate la tragedia del final. La comparación hiperbólica con la cola de una zorra contrasta cómicamente con la actitud envarada y deliberadamente digna de la mujer.
            El segundo parlamento de Fierro está cortado por una acotación del narrador (“dije yo”), cuya función es resaltar el final insultante y provocador, con su clara alusión sexual. Se trata, en realidad, de un tiro por elevación contra el moreno.
           
                                   “me gusta... pa la corona”

            Sin transición alguna, como lo pone de manifiesto la coordinación copulativa, Fierro aumenta la presión sobre el negro atacándolo en el fundamento mismo de su propia identidad: el color de la piel. Hernández ha sabido ir graduando la intensidad creciente de la provocación:
  • insulto alusivo al físico de la mujer,
  • implicación sexual,
  • irritante agresión racial.

Todas tienen en común su pretensión de ingeniosas, con las que Fierro busca situarse en el centro de la atención.
El diminutivo “coplita” sugiere el carácter divertido que la situación tenía para el gaucho. En cambio, el adjetivo “fregona” revela la clara conciencia de su hiriente contenido. La estructura descendente asegura la intensidad creciente de la ofensa.
Recién en la estrofa XIII, cinco después de que se lo mencionara por primera vez, reaparece el negro. El pretérito pluscuamperfecto destaca el esfuerzo de paciencia que ha estado haciendo, que a través del uso del gerundio se refuerza. Es un indicio de su prudencia. A diferencia de Fierro, no tiene nada que probar ni que probarse y si mucho que perder.
La comparación transforma en imagen sensible la furia interior del moreno:
           
            “en lo oscuro la brillaban los ojos como linterna.”

Al darse cuenta de su enojo, Fierro aumenta la presión sobre el porque comprende que es terreno fértil para la provocación. La aproximación física no solo demuestra que no le teme, sino que es casi una incitación al negro para que lo ataque.
Fierro ha ido a buscar a su contrincante. Este no ha cruzado el umbral todavía (“dendeajuera”).
El nuevo calambur enmascara, bajo la apariencia de un cumplido, una nueva alusión insultante a un rasgo racial:

            Por... rudo... que un hombre sea”

De este modo, Fierro vuelve a lucir su ingenio.
La metonimia en este verso expresa con brutal intensidad el desprecio de Fierro por su contrincante:

            “Corcovió el de los tamangos”

El verbo lo asimila en su furia a un caballo y la perífrasis lo despoja, a su vez, de todo rasgo humano al designarlo reductoramente por sus zapatos. Tengamos en cuenta que el gaucho usaba botas.
La fulminante rapidez con que se desencadena la pelea ex expresada mediante el polisíndeton constituido. Al lanzarse al ataque, el negro cruzó el umbral.
La conjunción  de metáfora y metonimia en la expresión “el de hollín” realza la burla y el desprecio de Fierro. La comparación que le sigue apunta en la misma dirección, poniendo en evidencia además la divertida inconsciencia con que el personaje todavía encaraba la situación.
El modo ciego con que el negro ataca revela que no tiene experiencia como cuchillero y ya preparando el desenlace de la pelea.
Cuando desenvaina el cuchillo se produce un viraje decisivo en la acción.
 La metáfora “ese toro”colabora en tal sentido, ya que si bien continúa identificando al negro con un animal, entraña al mismo tiempo una revaloración como rival, por lo menos en lo que se refiere a su bravura.
El último verso de esta cuartete “solo nací...solo muero”, expresa claramente el cambio de actitud de Fierro. La diversión ha terminado. Del penoso y vulgar espectáculo de un ebrio pendenciero pasamos a una situación ritual y arquetípica, el duelo. Inversión trágica, en este caso, del ritual rítmico y vital del baile.
Las dos estrofas siguientes narran los preparativos del duela, realzando la impresión ritual y retardando, al mismo tiempo, el momento decisivo, para llevar la tensión a su clímax.
En Fierro parece nacer una nueva comprensión de su rival, al que empieza a respetar porque se ha dado cuenta que no es manso ni cobarde.
La evolución de los personajes ha sido inversa: el negro se ha cegado, mientras que Fierro se ha despejado al cobrar conciencia de lo que está en juego. Uno solamente piensa en matar, el otro comprende que puede morir.
El negro acomete sin tino por la furia que lo domina.
A partir de este instante, la acción se precipita tal como lo expresan la abundancia de verbos en pretérito perfecto simple, y de verso terminados in aguda.
En la misma dirección apunta la alternancia de las referencias a los contrincantes: una estrofa empieza diciendo “El negro” y la siguiente “Yo”.

            “Yo tenía un facón con S que era de lima de acero”

Estos versos equivalen a un primer plano del facón, instrumento de la próxima muerte a la vez que del destino de Fierro.
Al perdonarle la vida al negro, le asesta un golpe de plano:

            “en el medio de los aspas”

A través de esta nueva metáfora peyorativa, Fierro vuelve a humillarlo, dejándolo en una posición desairada.
Da la impresión de seguir subestimándolo. Pero lo único que consigue es exasperarle  “como una tigra partida”, con la que se resalta la ferocidad de su nuevo ataque.
De allí que el negro intente y logre herirlo en la cara, lo cual se consideraba vergonzoso para quien recibía el corte. Aquí, además, se carga un valor simbólico: es de estigma de esta vano homicidio, que acompañará a Fierro durante el resto de sus días.
La herida le demuestra que no se puede actuar sin perder la inocencia.
Siente injustamente al negro como malvado porque le obliga a perder su inocencia. La elipsis por la que se omiten las restantes vicisitudes de la pelea resalta la brutal sorpresa del golpe final, acentuada por el sustantivo “topada”, que expresa crudamente el carácter anima, instintivo, de la pelea:

            “Por fin en una topada...”

El hipérbaton, que posterga la aparición para el final del segundo verso realza, hasta visualmente, la violencia del impacto.
La transición hacia la conciencia y la culpa se produce durante el breve y tremendo espectáculo de la agonía. Es el primer homicidio de Fierro. Las convulsiones del negro son como la objetivación de las que debió sufrir la conciencia de su matador.
La matriz estrófica del canto se altera de inmediato, cuando la décima sustituye a la cuarteta. La extensión se amplía para que accedan al primer plano todas las implicancias humanas (dolor de la negra, conciencia de Fierro) que habían sido relegadas por la furia irracional.
El sufrimiento de la mujer se transforma en viva acusación contra Fierro, cuya culpa objetiva de forma conmovedora.
Contra la desesperación acusadora de la morena, se alza el Yo del protagonista, cuyo sentimiento no asumido de culpa le vuelve intolerable la escena. La ironía trágica consiste en que lo haga “por respeto al difunto”, por el que no mostró el mismo respeto cuando estaba vivo.
La siguiente copla está constituida por una pausada enumeración, que contrasta la lentitud de la retirada con la rapidez del duelo.

            “Limpié el facón en los pastos,
            desaté mi redomón,
            monté despacio y salí
            al tranco pa el cañadón.”

Los verbos en primera persona al comienzo de los tres primeros versos refuerzan la impresión de tremenda soledad en que ha quedado Fierro. En su afán de afirmarse, el personaje no ha hecho otra cosa que excluirse definitivamente de la sociedad.
El episodio termina con Fierro perdiéndose en la noche (la de la culpa)
Las tres estrofas finales constituyen el epílogo del canto. El negro fue tratado por la sociedad con la misma desaprensión con que Fierro lo hizo. Su alma interesó tan poco como su cuerpo.
Reaparece la tercera persona del plural, subrayando que la misma sociedad que despojó a Fierro lo condenó injustamente, se deshace con igual insensibilidad del moreno. El negro careció de todo en la muerte, como Fierro carece de todo en la vida. Esto contribuye a resaltar la inutilidad de la pelea.

Martín Fierro será en vida el alma en pena que el negro es de muerto. En la última estrofa, no enteramos de que Fierro lo recuerda cada tanto y que entonces, para aliviar su conciencia, piensa en hacer una buena acción por él.