sábado, 1 de junio de 2013

PARÁBOLAS DE LA MISERICORDIA

PARÁBOLAS DE LA MISERICORDIA
Trabajo realizado por la Prof. Paola De Nigris
TEMA Y ESTRUCTURA:
El tema del capítulo tiene que ver con la redención y la alegría que eso provoca en el cielo. Por el pecado cometido en el paraíso por Adán, el hombre nace perdido, ya que por él, se ha apartado el deseo de estar con Dios, se ha rebelado contra Él. Al darle la espalda a Dios, todos los hombres que vinieron de su simiente también lo hacen. Aquel fruto que como Adán pertenecía al árbol del bien y del mal, su pecado original es la desobediencia, que incita al hombre a creer que puede juzgar las cosas por sí mismo sin equivocarse. La promesa del fruto era el conocimiento “Sereís como dioses” les promete la serpiente que los engaña. El hombre así se aparta del consejo de Dios, y como hijo rebelde, decide no obedecerlo, aún cuando Dios como padre amoroso quiere lo mejor para el hombre. Aunque él se haya apartado, Dios no los abandona nunca y por eso elige mensajeros para que hablen por él.

Este capítulo habla a todos los hombres, publicanos, pecadores, fariseos y escribas, es decir, aquellos que conocían la palabra y aquellos que tal vez no. En su mensaje trata de trasmitir cuán feliz se ponen en el cielo cuando un alma se salva, llega al arrepentimiento y reconoce su falta. Esto sucede porque el hombre reconoce así la grandeza de Dios. Los ángeles se alegran porque ellos no saben lo que significa ignorar a Dios. Los únicos que lo han hecho han sido los que se rebelaron, y su falta es mayor porque sabían de su existencia, y aún así han elegido desobedecerlo, entre ellos está Satanás.

La salvación, el arrepentimiento, la redención es lo más importante de este capítulo y es la enseñanza que Jesús deja en este episodio. Lo hace a través de tres parábolas: la de la oveja, la del dracma y la del hijo pródigo.

Una parábola es un cuento que tiene por principio dejar una enseñanza. Esto cuentos eran sencillos y familiares a quienes lo escuchaban, pero su mensaje es trascendente y lleva a la reflexión de quién escucha, porque no se escucha con el entendimiento sino con el corazón. Los discípulos le preguntaban a Cristo: “ ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Por que á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido… Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.”(Mt.13:10-11,13). El mensaje es oculto pero no para quién tiene el corazón dispuesto a oír.
EL PÚBLICO (LC.15:1-2)
Decíamos anteriormente que quienes se llegaban a escuchar a Jesús eran publicanos, pecadores, Fariseos y escribas. Hagamos una distinción en este público que rodea a Jesús.

Los publicanos, como ya dijimos eran los que recaudaban impuestos para el imperio romano que ocupaba el territorio por estas épocas. Estos eran empleados que obtenían el favor del gobierno, y que por lo general cobraban cuatro veces más de lo que le mandaba el gobierno. Por lo tanto se quedaban con el resto para su propio beneficio. En la época se los consideraban ladrones, porque si bien pertenecían al pueblo judío, explotaban al sus “hermanos”, también los estafaban “legalmente”. Esto era de público conocimiento. Jesús había dicho, de forma muy controvertida para los religiosos, que “los publicanos y las rameras os van delante en el reino de Dios” (Mt.21:31). Esto resulta subversivo si pensamos en la mentalidad de hombres como los Fariseos, pero lo que Cristo quería decir que estos tenían más facilidad para arrepentirse porque sabían que estaban haciendo algo mal.

Así también sucede con los pecadores. Estos son los que más se acercan a Cristo porque su mensaje les resulta esperanzador y amoroso. En su mensaje se presenta a un Dios que ama y perdona, no juzga, si el hombre es capaz de arrepentirse, por lo tanto existe para ellos una posibilidad de redención que los escribas y los fariseos parecían negarles. Cristo se rodea de estos hombres, porque son los que más necesitan escuchar esta “buena nueva”.

Los otros dos grupos que se acercan, no parecen hacerlo realmente por el mensaje amoroso y esperanzador, sino con una mirada crítica. Intentan buscar con qué juzgar a Jesús. No buscan su salvación propia porque ya se creen salvos, sino que critican que quien se dice Hijo de Dios, y Mesías, sea capaz de acercarse y hablarle a estas personas que ellos consideran despreciables.

Estos dos versículos del principio son muy importantes para explicar el tema del capítulo. A todos les habla Jesús, a los publicanos y pecadores, para que sepan que pueden arrepentirse y que eso traerá inmensa felicidad al cielo; y a los fariseos y escribas para que se den cuenta que lo más importante es lo de adentro y no el exterior. Que la verdadera felicidad está en salvar a un alma perdida y no en parecer perfectos.

Los Fariseos eran una secta que cumplía estrictamente todos los mandamientos de la ley de Moisés. Se jactaban de hacerlo a la perfección, y consideraban que ya por eso eran salvos. Pero no se preocupaban por saber realmente cuál era el fondo de esa ley, es decir, qué quería decir realmente. Cristo los llama “sepulcros blanqueados”, porque tienen apariencia de santos por fuera pero por dentro están muertos. Sus ritos no tienen ningún contenido, ya que no han entendido lo principal: Dios es amor, como lo dirá en su epístola Juan, y su interés no es condenar al hombre, sino salvarlo.

Los escribas son aquellos que tenían el propósito de conservar la Biblia, la conocían y la predicaban. Por lo general pertenecían a los Fariseos. La conocían muy bien, lo que no quiere decir que meditaran en ella, sino que más bien exigían que se cumpliera al pie de la letra. Es por esto que estos dos grupos criticaban la forma en que Cristo se comportaba: “Este a los pecadores recibe, y con ellos come”. No entendía que era lo que realmente estaba haciendo, porque les daba tanta importancia, si al fin y al cabo, ellos eran quienes creían estar más cerca de Dios, por su comportamiento intachable a los ojos de la ley mosaica. Esta pequeña introducción explica claramente la razón de una parábola como la del hijo pródigo.
PRIMERA PARÁBOL: LA OVEJA (LC.15:3-7)
Estas parábolas parecen ser una explicación para los Fariseos y los escribas de lo que deberían hacer, y no tanto de lo que hacen. Ellos que creyéndose tan perfectos, no han entendido cuál es el verdadero propósito de su función en el mundo.

Aquí Jesús habla de cien ovejas, por ser estos animales comunes en el entorno en de campesinos. Las ovejas son animales inofensivos, que necesitan de quién las guíe. Muchas veces se ha asociado al cristiano con las ovejas, cuando el mismo Cristo dice: “Yo soy el buen Pastor: el buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn.10:11). Las ovejas tiene la particular de no poder ver claramente a causa de la lana que tapa sus ojos, por lo tanto se guían por la voz de quien pastorea, de allí la similitud con el cristiano.

Estas son muchas ovejas, pero eso no tiene importancia, basta con que una sola se haya perdido para que el Pastor sienta que debe recuperarla, porque esta puede encontrarse en peligro, por las amenazas de los depredadores. La similitud es clara, la oveja se fue porque escuchó otra voz, o porque no escuchó la del pastor. Recordemos que así se perdió el hombre en el Edén, por no querer escuchar la voz de Dios. A su vez en la epístola de Pedro, al diablo se lo relaciona con un “león rugiente” que “anda alrededor buscando a quien devore” (1P.5:8).

La parábola está planteada en forma de pregunta para que la reflexión los lleve al interior de sus corazones, y los invite a ponerse en su lugar.

Una vez hallada la oveja la felicidad es inmensa para el pastor quien la carga e invita a sus amigos a celebrar con él haberla hallado. Lo que movió al pastor fue la misericordia, que significa “amor a la miseria”. El pastor comprendió el peligro en que la oveja se encontraba y no estaba dispuesto a dejarla así, sin darle socorro. De la misma manera Dios busca a los hombres que se pierden, porque no pretende dejarlos que sufran por las acechanzas del diablo. Así es que la parábola termina con la fiesta, no sólo en la tierra sino también en el cielo. “Habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento” (v.7), es el arrepentimiento el camino de regreso a Dios, es la posibilidad de volver a encontrar la tranquilidad que Dios brinda al hombre que elige estar a su lado. Ese sirve a Dios para encontrar a esas almas que se han perdido, y como los vecinos deberían celebrar su regreso al camino correcto.
SEGUNDA PARÁBOLA: EL DRACMA
La segunda parábola tiene una particularidad, ha bajado el número de los elementos involucrados en ella, ya no son cien ovejas, ahora son diez dracmas. Esto ya nos reafirma que poco importa el número que se tenga, basta una sola para que quien la pierda tenga la responsabilidad de buscarla con ahínco.

Es en esta parábola que se muestra, justamente, el ahínco de la mujer. No acepta la situación fácilmente: enciende la luz, barre, busca con diligencia. La moneda no está acá en peligro, como sucedía con la oveja, pero es valiosa para la mujer. Tal vez su valor no radique necesariamente en lo monetario, sino en lo difícil que es ganarlo. Cada dracma era el salario de un día, por lo tanto, lo que importa no sólo es su cantidad, sino lo que costó tenerlo, ¿cómo puede abandonarse así nomás?, sería como abandonar el esfuerzo propio. La responsabilidad de encontrarla se transforma en una forma de valor el esfuerzo que costó ganarla. Así mismo pasa con un alma que se pierde, ya no se muestra aquí el peligro como con la oveja, sino el valor que esa alma tiene, y el esfuerzo que ha costado que se arrepintiera.

La parábola termina igual que la anterior, hay fiesta, tanto en la tierra como en el cielo. Y también es la misericordia la que mueve a esa mujer, porque no le importa tener más dracmas, sino que considera igual de valiosa un dracma que diez, porque todos han sido productos del esfuerzo.
TERCERA PARÁBOLA: EL HIJO PRÓDIGO
Ahora se baja aún más el número, ya no son cien, ni diez, ahora son dos. Esta parábola está más centrada en el público que está escuchando. Recordemos: por un lado los publicanos y los pecadores; por el otro los Fariseos y los escribas. Estos dos grupos podrían identificarse con los dos hijos del padre amoroso. El primer grupo pertenecería al hijo menor que se va, y el segundo grupo al hermano mayor que se queda y reclama la atención que le da el padre a este hijo cuando vuelve. El padre, pues, representaría a Dios.

El menor de los hijos reclama al padre la parte de la hacienda que le pertenece, siendo que habitualmente eso se haría una vez que el padre muriera. Este hijo menor, no sólo lo es por edad, también representa al hijo que flaquea en la fe, como diría Pablo en alguna de sus epístolas. Normalmente es el hijo mayor quien se queda con la mayor parte, una vez que el padre muere, pero en este caso, el padre decide no discutir la decisión de su hijo menor. El tiene libre albedrío, el elige hacer lo que quiera, separarse del amparo de su padre, manejar su vida lejos de sus consejos. Es por eso que elije una “provincia apartada” como metáfora de la condición del hombre de “apartarse de Dios”, de alejarse de sus consejos. Esto lo lleva, obviamente a no tomar prevenciones, sino a vivir “perdidamente”. Dios como un padre, aconseja a sus hijos para su propio bien y felicidad, pero los hombres, y este hijo menor representado en la mayor parte de la humanidad, elige lo contrario, creyendo que la felicidad es lo que a ellos les parece mejor, de allí surge la expresión “perdidamente”.

Las prevenciones que no toma lo llevan a malgastar y  curiosamente en aquel lugar en que se encuentra aparece una gran hambre. La elección de esa provincia apartada también es la metáfora de una provincia donde nadie sigue el camino recto, es por eso que ese hijo menor se siente tan a gusto. Esto recuerda al salmo 1 donde se plantea la senda del justo y la de los pecadores.

El hambre lo lleva a buscar trabajo, y uno de los ciudadanos de allí siente, tal vez misericordia de él, pero el trabajo que le da es el de apacentar los puercos, el trabajo que se merece por no haberse prevenido. Este es un trabajo indigno para un judío que consideraba al cerdo un animal inmundo.

Pero el arrepentimiento no es fácil para el corazón humano. A veces es necesaria una gran humillación, por eso la parábola llega más lejos, y el hijo menor desea al menos poder comer la comida de los cerdos. Al menos ellos comían mejor que él. Y aún la comida de los cerdos le era negada.

Es verse en tal grado de humillación lo que le hace darse cuenta hasta dónde ha llegado. El arrepentimiento debe ser verdadero y comienza con el darse cuenta o lo que los griegos llamaban la “anagnórisis”. Lo primero que se reconoce a sí mismo es lo que ha perdido: “¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”. No piensa en que tenía mucho más cuando estaba bajo la protección de su padre, sino que ni siquiera tiene la dignidad de los jornaleros de su padre.

La queja o la lamentación es sólo una parte del arrepentimiento, luego es necesaria la acción: “me levantaré e iré”. Y por último la confesión, el reconocimiento ante el otro de su error, el pedir perdón. Sus palabras son claves: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Contra el cielo porque ha desobedecido uno de los mandamientos más importantes “honrarás a tu padre y a tu madre”, y contra él porque también no ha escuchado los consejos de un padre amoroso que lo trató con los honores que merecía su hijo. A este hijo menor no le faltaba nada. Estaba cómodo en la casa de su Padre, y tal vez lo que lo mueve a salir de su lado es querer conocer una vida diferente, sin la protección de los cuidados amorosos que es padre le daba.

Pero no reclama un reintegro de su condición de hijo, lo que muestra un verdadero arrepentimiento, porque reconoce que no es digno de eso. Ha perdido lo que por ley le correspondía, así que lo único que está dispuesto a pedir es ser uno de sus jornaleros. Este es el verdadero arrepentimiento, ya que está dispuesto a humillarse, aún perdiendo su condición natural de hijo.

La acción no sólo queda en la palabra, sino que se realiza y va hacia su padre. La misericordia se da en el padre que corre y se echa al cuello y lo besa. No necesita explicaciones, le alcanza con verlo vivo, verlo sano, verlo de vuelta. Sabía que lejos estaba en peligro, pero también sabía que había sido una decisión de su hijo y la respetó. Así hace Dios con el hombre que se aparta, respeta su decisión pero está deseoso de que vuelva, de verlo otra vez.

El hijo ni siquiera necesita decir todo lo que había pensado, le dice lo esencial para que el padre comprenda lo difícil que es para su hijo esta acción: “he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo”. Estas palabras no nacen de la conveniencia, nacen de la verdadera humillación del corazón. El padre lo sabe, porque comprende lo difícil que es volver, y lo angustiado que se sentía de no saber nada de él.

Es por eso que el padre actúa de forma inesperada para todos, incluido su hijo: “sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies”. Es su hijo, y aún cuando se haya equivocado sigue siendo su hijo, pero mayor es la alegría de saber que su hijo ha vuelto, que es como si hubiera resucitado, que ha vuelto, por sí solo al amparo de su padre, y ha aprendido la lección. Así mismo lo dice: “porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase pedido, y es hallado”. Volver también implica reconocer a su padre, y todo lo que él le enseñó, aún cuando éste no espere ser reconocido como tal. El último paso, entonces del arrepentimiento, es la humildad.

La segunda parte de esta parábola es la que refiere al hijo mayor, que en realidad representaría a los Fariseos, pero también refleja la parte del hombre que cree en su justicia. La justicia de los hombres no es la de Dios, porque el corazón del hombre es egoísta y piensa en sí mismo y en lo que cree que merece, no logra comprender naturalmente que los propósitos de Dios que son otros.

Este hijo mayor, que metafóricamente debería tener mayor espiritualidad que el menor, llega del campo, de trabajar, y no comprende la razón de la algarabía. Escucha fiesta, pero no sabe del arrepentimiento, porque nunca tuvo nada de qué arrepentirse. No osó transgredir las normas paternas, siempre se mantuvo a su lado, por lo tanto tampoco puede saber de la humillación que implica el arrepentimiento, y de la humildad que se necesita para confesarlo.

Ni siquiera se entera por su padre, ni por su hermano, sino por un criado, y se niega a formar parte de esta fiesta. El criado le informa, pero sólo los hechos, no el contenido de los hechos: “tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso por haberle recibido salvo”. Nada puede entender el hermano mayor, quien obviamente se siente celoso. Ese hermano que lo ha abandonado, que lo ha ignorado, es ahora motivo de fiesta, de regocijo. A sus ojos esto es injusto. Así mismo lo ven los Fariseos: nosotros que hemos seguido todos los mandamientos, ahora, cuando el supuesto Mesías llega, en vez de hacernos fiesta por nuestra fidelidad, se dedica a festejar con los pecadores; ¿cómo se puede entender esto?

El padre, una vez más movido a misericordia, no deja al hermano mayor solo en el campo. Lo va a buscar. Le ruega que comparta con él esta alegría. Dios quiere a todos en su fiesta, no sólo al que se arrepiente, sino también al que enojado no comprende la justicia divina.

El reclamo del hijo mayor parece justo a los ojos de un corazón humano: “He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos: mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.” (Lc.15:29-30). Es injusto a los ojos del Fariseo, tanta atención a quien ha sido capaz de abandonar el amor paterno y dedicarse al libertinaje.

La contestación del padre es la moraleja de la parábola: “tu siempre estás conmigo”, reconoce la fidelidad y devoción de su hijo, y ya tiene su recompensa por eso, “todas mis cosas son tuyas”. Es heredero de todo lo que tiene, no hay distinción, forma parte de todas las riquezas que goza. Pero ahora tienen una riqueza mucho mayor que merece la fiesta, porque se ha logrado algo que resulta casi imposible: “este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido y es hallado”. ¿Qué mayor riqueza puede haber que volver de la muerte o recuperar lo que ya se daba por perdido?

Esta es la comprensión que Cristo quiere de todos los que lo escuchan, el alma que se arrepiente y vuelve al camino de Dios debe ser motivo de fiesta y regocijo, tanto en la tierra como en el cielo, sin importar qué haya hecho esa alma cuando estaba perdida.


Las parábolas.

Las parábolas

Constituyen la forma literaria de mayor relieve en los Evangelios; valen como narraciones, como ejemplos, como imágenes y sobre todo, como testimonios de una insuperable maestría pedagógica. Son punto obligado de referencia cuando se busca condensar en pocas palabras, el contenido de la doctrina de Cristo. Abundan en los sinópticos, en tanto que, sumamente reducidas en número, alcanzan en el Evangelio de San Juan condición de verdaderas alegorías.
El vocablo parábola deriva del griego y significa, estrictamente, poner una cosa al lado de otra con la finalidad de establecer una comparación. La parábola como forma literaria es una narración breve que exige una interpretación y que procura transmitir una enseñanza. No es originaria del Nuevo Testamento, ni son los Evangelios los primeros libros que dan noticia de ella: ya en el A.T. aparecen parábolas, como una forma literaria asociada al temperamento semítico.
Asociadas invariablemente a Cristo, teniendo por tema (la mayoría de ellas) el reino de Dios, las parábolas conservan de la tradición el modo y uso rabínicos, el manejo de elementos concretos y cotidianos y la expresión dotada de una simplicidad más aparente que real. Porque tras su sencillez y transparencia, las parábolas albergan profundas y removedoras enseñanzas y proponen dos aspectos de difícil solución: ¿cómo se han de interpretar?, y ¿cuál es su finalidad?
El actual criterio de interpretación rechaza el pensamiento de muchos padres de la Iglesia, quienes escrudiñaban las parábolas en sentido alegórico creyendo que podían corresponder, punto a punto, con un contenido del cual ellas eran meras portadoras.
Pero al no tener presentes los límites entre parábola y alegoría, olvidaron que la primera, sea simple metáfora, sea semejanza más elaborada, sea historia con su pleno desarrollo, ofrece un solo punto de comparación y que los pormenores suelen no tener significado independiente. Estos sirven, por lo común, para la ambientación del cuadro principal, y no para llevar las analogías y correspondencias a un terreno extremado y artificioso. Fundamentalmente, las parábolas promueven entre los analistas la formulación de un juicio sobre el tema expuesto. De ese modo, el compromiso es ineludible y la enseñanza se vuelve activa porque obliga a una participación y a una respuesta.
"A vosotros os ha sido dado a conocer el misterio del reino de Dios, pero a los otros de fuera, todo se les dice en parábolas, para que:
Mirando, miren y no vean;
Oyendo, oigan y no entiendan,
No sea que se conviertan y sean perdonados"

San Marcos, 4, 11-12


Según este pasaje, las parábolas estarían dirigidas a quienes no son discípulos. Debemos considerar, en primer término si el método parabólico era para Cristo lo fundamental, o si lo era, con más propiedad, la salvación de los hombres y la actitud con que éstos se disponían a su mensaje salvífico de amor y perdón. Cristo sabía que en la Palestina de su tiempo habría quienes rechazarían su enseñanza; sabía incluso que el endurecimiento de muchos corazones (los fariseos sobre todo) desembocaría al fin en el martirio de la cruz. Era inútil hablar a esos corazones abiertamente. Sólo quedaba, como último recurso, proponerles parábolas, porque sólo ellas, encubiertas y enigmáticas, podrían prender en aquellos corazones endurecidos y obrar el milagro de abatir su hipocresía y su soberbia. Penetrando de modo oblicuo, la parábola inducía a un juicio desde la libertad del ser humano. Quien rechazase definitivamente estas palabras lo haría tras elegir a su albedrío el rechazo y la negación. Una enseñanza abierta hubiera significado un rechazo automático. La enseñanza parabólica podía dejar en suspenso tal actitud y postergar el rechazo, o alejarlo definitivamente. Las parábolas son una prueba más de la misericordia, concepto clave en el Nuevo Testamento. Prueba difícil de entender y que señala, en quien la pronunció, el origen de una crisis capital con la que han debido enfrentarse los hombres. Si admitimos que las parábolas enseñan, debemos completar la observación: enseñan a cada uno a conocer en hondura la propia intimidad.

Evangelios


Evangelios

Significado de la palabra "Evangelio": esta palabra es de origen griego; es una voz compuesta de "eu" (bueno o buena) y "aggelos" (mensaje) con la significación de "buen mensaje" o "buena noticia". En la época homérica se empleaba para designar a la propina que recibía el mensajero de buenas noticias, como se lee en el Canto XIV de la Odisea. Posteriormente la palabra pasó a designar al mensaje y no al mensajero y con esta acepción fue usada por los Setenta para su traducción de las Escrituras al griego y empleada así en un texto de Isaías: "...para dar buenas noticias (evangelio) me ha enviado".

En un primer momento, la voz "evangelio" designó el Mensaje del Reino de Dios o Reino de los Cielos, y fue trasmitida oralmente por Jesús.

En la misión que confía a sus discípulos está igualmente la de trasmitir en igual forma el mensaje: "Y al ir, predicad diciendo: "Está cerca el Reino de los Cielos" (Mateo 10, 7). Pero en la prédica oral de los apóstoles el mensaje se amplió en el sentido de anunciar la llegada del Mesías, por lo que la "buena nueva" predicada no sólo contuvo la noticia de la proximidad temporal del Reino, sino la de la aparición del Mesías ya anunciado por los Profetas primero y por Juan después, quien decía: "Arrepentíos, porque el Reino de los Cielos está muy próximo" (Mateo 3, 2) agregando: "...el que viene detrás de mí es más poderoso que yo" (Mateo 3, 11).

Cuando todo este material de la prédica oral de los apóstoles fue fijado por la escritura, a los escritos se les denominó "Evangelio", en singular, o sea, la "buena nueva" o "buen mensaje"; pero en estos textos se había recogido, no solamente la palabra, sino los hechos de Jesús, constituyendo una biografía del Mesías.
En la época de los Apóstoles y con referencia a la conservación escrita del Mensaje, la voz "Evangelio" se aplica a la totalidad de los textos biográficos y doctrinales que incluyen, desde luego, el Mensaje primitivo.

Contenido del Evangelio: de acuerdo con lo que hemos dicho, los textos del evangelio contienen los siguientes elementos:
a) El evangelio propiamente dicho, o sea el mensaje de Jesús con relación al Reino de los cielos;
b) Toda la doctrina que rodea al Mensaje y que alude a la conducta social y religiosa del hombre;
c) La nueva concepción teológica; y
d) La biografía de Jesús.
Por esta razón resulta casi imposible clasificar a estas obras de acuerdo con su contenido, pues se hallan a mitad de camino entre la historia y la filosofía, entre la moral y la metafísica, constituyendo una nueva forma literaria aunque la preocupación formal no fue fundamental en sus autores.

Las versiones del Evangelio: del Evangelio conservamos cuatro versiones llamadas "canónicas" es decir, aceptadas por la Iglesia como la palabra de Dios, considerándola literatura "revelada", de acuerdo con el concepto de "canon" que sirvió para conservar los libros del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento aparecen incluidas en el orden siguiente: según San Mateo, según San Marcos, según San Lucas y según San Juan, aunque no sea este el orden histórico de composición. La voz "según" agregada al título significa que cada autor da una versión personal y que adoptó un criterio personal al emprender la tarea de ordenar y conservar la historia de los hechos y las palabras de Jesús.

Por otra parte, podemos reconocer tres momentos en la historia del Evangelio:
a) El llamado "Evangelio histórico", es decir, el mensaje o buena nueva de la llegada del Mesías, hecha realidad en Cristo, quien proclamó el mensaje del Reino de los Cielos;
b) El "Evangelio oral", predicado por los apóstoles, especialmente por Pedro, que fue adaptado a los diferentes mundos en los que fue proclamado;
c) El "Evangelio escrito", que conservó esta característica.
De estas versiones cuatro fueron canonizadas; pero existen otras versiones del Evangelio que han sido designadas como "apócrifas", es decir, de acuerdo con el significado dado por los hebreos a esta palabra griega, "sospechosas" o, simplemente "no verdaderas".

¿Por qué fueron elegidas estas cuatro versiones, si todas tienen el mismo contenido específico? La explicación debe buscarse en el hecho de que cada una de ellas está dirigida a un mundo diferente y el autor, de acuerdo con su personalidad y su comprensión de los hechos, se propuso una meta distinta. Esto significa que las versiones escritas siguieron el mismo criterio del "Evangelio oral": presentar al Mesías y su mensaje de acuerdo con las características, la cultura y aún las necesidades de cada lugar a donde era llevada la palabra de Jesús. La selección de estas cuatro y su canonización obedecería entonces al hecho de que, entre las cuatro, se domina todo el cuadro de la prédica en los pueblos del Mediterráneo y serían, en última instancia, complementarias y no excluyentes, dando una visión total del tema.

Esta pluralidad o diversidad en la presentación y explicación del Mensaje, etc., no excluye que se puedan reconocer líneas comunes a los cuatro autores, aparte de que todos ellos manejaron casi los mismos materiales. De una manera general los cuatro se han propuesto textos que tienen las siguientes características:

a) Son textos didácticos, en cuanto están destinados a difundir el conocimiento de la palabra de Jesús y de sus hechos;
b) Son textos dogmáticos, porque en ellos se establecen las verdades esenciales de la nueva religión, como el origen divino de Jesús, su unidad con el Padre, la resurrección de la carne y la inmortalidad del alma, etc;
c) Son textos proselitistas, por cuanto cada uno de los textos contiene una permanente exhortación a la conversión, constituyendo una verdadera catequesis que, por medio de la palabra y los hechos (Mateo 5, 16) busca ampliar el marco geográfico y humano del naciente Cristianismo.

Por otra parte, como lo expresa Lucas, las versiones buscan "componer un relato de los hechos que ocurrieron entre nosotros, tal como nos lo han trasmitido aquellos que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la Palabra" (Lucas 1, 1), pero tampoco contienen la totalidad de los mismos, de acuerdo con el testimonio de Juan: "Obró, además, Jesús en presencia de sus discípulos, otros muchos milagros que no han sido escritos en este libro" (Juan 20, 31). Esto significa que cada autor seleccionó hachos y palabras de Jesús y sólo aquellos que servían a la causa que se había propuesto.
Fechas de composición de las versiones: todos los testimonios de la antigüedad establecen que el primer texto escrito del Evangelio fue el de Mateo en su versión hebrea (el Mateo arameo) antes del año 62, mientras la fecha de la traducción al griego sería anterior al año 70.

La crítica no católica cree que la versión de Marcos fue la primera en escribirse y que fue empleado como fuente de Mateo y de Lucas; para la crítica católica se establece una fecha mínima en el año 53 y una máxima en el año 63, siempre anterior al de Lucas.
Este período de diez años concuerda, por otra parte, con los hechos conocidos de la vida del apóstol, que habría compuesto su versión en Roma.

Compuesto antes del Libro de los Hechos de los Apóstoles, el Evangelio según San Lucas tiene como fecha probable el año 63, señalándose como fecha extrema el año 70, aunque esta sin mayor fundamento.
En cuanto a la versión de Juan habría sido compuesta hacia fines del siglo I, entre los años 95 y 98, en la vejez del apóstol.

Fuentes de las versiones del Evangelio: las similitudes y las pequeñas diferencias que existen entre las tres primeras versiones (Mateo, Marcos, Lucas) la presencia en ellas de pasajes exclusivos de cada evangelista, la existencia de pasajes comunes sólo a dos de ellos, las discrepancias menores en cuanto a cronología u orden de los episodios, a las circunstancias de los mismos y a los personajes que participaron, etc., han planteado el problema de las fuentes manejadas por los distintos autores. Estas similitudes se hacen más flagrantes en los tres primeros, lo que ha llevado a dividir las cuatro versiones en dos grupos:

a) Versiones sinópticas (Mateo, Marcos, Lucas); y
b) Versión no sinóptica (Juan).

Sinóptico significa que, confrontadas las cuatro versiones, se aprecian de un solo golpe de vista (synoptikós) sus similitudes y diferencias.
Esto ha llevado a plantear el problema de la dependencia de las versiones entre sí o con otras fuentes. Para la tradición católica, las similitudes se explican en función de que todas las versiones sinópticas dependen de una sola fuente común: el evangelio oral. Las diferencias obedecerían al hecho de que cada autor tuvo fuentes particulares o recuerdos personales.

Para la crítica racionalista el evangelio primero fue el de Marcos, por ser el más breve y por estar su versión incluida enteramente en la de Mateo y en forma parcial en la de Lucas.

La crítica independiente, aunque acepta parcialmente la prioridad de Marcos y la influencia del evangelio oral, presupone la existencia de un texto anterior (hasta hoy no encontrado) al que llama documento Q (inicial de la palabra alemana documento). Habría un documento Q o "proto-evangelio" (primer evangelio) o más de un documento, a los que habrían recurrido los tres evangelistas. Esta hipótesis no descarta que este proto-evangelio sea el Mateo arameo, que fue posteriormente traducido al griego.
La situación actual del problema en la exégesis católica es atribuir la prioridad al Mateo arameo, que podría identificarse con la fuente Q de la crítica independiente; acepta la existencia de otras fuentes propias de cada evangelista, componiéndose el siguiente cuadro explicativo:

a) El Mateo arameo fue la primera versión escrita del Evangelio;
b) Marcos habría seleccionado lo que creyó esencial del Mateo arameo, y por eso su versión es la más breve; y
c) Lucas tomó como base el Mateo arameo, completándolo con otras fuentes (escritas u orales) de acuerdo con su propio testimonio (Lucas 1, 1 - 4).

La lengua de las versiones: para su prédica oral, Jesús empleó la lengua corriente de su tiempo, el arameo, no el hebreo que podríamos denominar clásico, sin que se descarte aun la posibilidad de que pudiera haberlo hecho en el griego difundido por el Mediterráneo, la lengua llamada "koiné". La misma lengua debieron emplear los apóstoles para la catequesis oral y este arameo fue el empleado por Mateo para su versión escrita, tal como surge del testimonio de Papías: "Mateo hizo, en dialecto hebreo, una compilación de las sentencias y las interpretó según su capacidad" (Papías fue Obispo de Hierápolis y su obra fue compuesta hacia el año 125).

En cuanto a las otras versiones, fueron escritas directamente en koiné o griego popular.
Conservación y traducción de las versiones: las versiones fueron conservadas en papiros, el mismo material de escritura en el que fueron escritas, y las copias estuvieron a cargo de escribas profesionales; pero la escasa resistencia del material obligó al posterior uso de pergamino, hecho con piel de oveja adelgazada. Las versiones que se conservan en mayor número están escritas en pergaminos y las más viejas pertenecen al siglo IV.

En cuanto a las primeras traducciones, fueron realizadas en tres lenguas: el latín, el sirio y el copto. De las traducciones latinas señalamos como la más antigua la denominada "Vetus latina" (latina antigua) o "Prevulgata" (anterior a la vulgar) hecha posiblemente ya en el siglo II. A ella le sigue inmediatamente la realizada por San Jerónimo en el siglo IV, denominada "Vulgata" (la vulgar) que fue aceptada en el Concilio de Trento (1551) como la versión oficial de la Iglesia. De ella han salido todas las traducciones realizadas en las distintas lenguas nacionales (alemán, francés, español, etc.).

Fisonomía de las versiones: en su redacción original, estas versiones constituían un texto corrido, es decir, sin división interna. En el siglo XIII se procedió a su división en capítulos, atribuida o bien al Cardenal inglés Langton, Arzobispo de Canterbury, o a Hugo de San Caro, Cardenal español, y aun al monje francés Arlettus. En cuanto a la división en versículos se debe al impresor francés Roberto Estéfano, que vivió a mediados del siglo XVI y publicó su texto versiculado en el año 1551.

En cuanto a los títulos colocados a la cabeza de ciertos pasajes, tampoco es original y han sido colocados para ayudar al lector en la búsqueda de los mismos.

Introducción a los Evangelios

INTRODUCCIÓN A LOS EVANGELIOS
Trabajo realizado por la Profesora Paola De Nigris

Cuatro son los Evangelios que pertenecen al canon bíblico. Decimos que pertenecen al canon porque dentro de la cosmogonía cristiana son textos “inspirados por Dios”. Esto no quiere decir que nos hayan escrito hombres, sino que Dios los ha utilizado para transmitir su mensaje, respetando la forma en que los hombres se expresan. Los Evangelios cuentan sobre la vida de Jesús, el Mesías esperado por el pueblo hebreo, pero que ellos mismos no reconocieron como tal. Mesías significa el ungido, ya que el pueblo hebreo solía ungir a sus reyes o sumos sacerdotes. Pero también se le llamaba Mesías al salvador y liberador que ellos esperaban, que fue prometido por Dios durante el antiguo testamento. Este sería rey, profeta y sumo sacerdote, y renovaría el pacto pero ahora con toda la humanidad y especialmente con aquellos que lo aceptaran como salvador. La Biblia habla de dos pactos: el primero es con Abraham y por lo tanto con el pueblo judío, y el segundo con la humanidad toda, a través de la figura de Cristo Jesús, el Mesías prometido.

La “buena nueva” que significa la palabra Evangelio es que “Dios está con nosotros”, y ese será el mensaje de los cuatro Evangelios. Estos fueron escritos por los apóstoles (enviado o mensajero). Este nombre también se le dio a Jesús por ser enviado de Dios, pero a su vez se usó para nombrar a aquellas personas que el mismo Jesús envió a dar el mensaje de salvación. De los cuatro apóstoles que escriben los Evangelios, sólo uno no conoció a Jesús y fue precisamente Lucas.

El primer Evangelio es escrito por Mateo que fue un publicano (aquellos que cobraban los impuestos para el imperio romano, y que solían quedarse con una parte importante de lo recogido). Este hombre sigue a Jesús desde la primera vez que lo ve, cuando Él le dice que deje todo lo siga. Su Evangelio presentará a Jesús como el Rey de Reyes, y para eso presentará toda la genealogía de Jesús demostrando así su linaje real.

El segundo Evangelio es el de Marcos. Este es más corto que los otros pero tiene un propósito claro y es presentar a Cristo como un siervo, alguien que está al servicio y no como alguien que busca poder.

El tercer Evangelio es el de Lucas, que fue un médico y que no conoció a Jesús. Sin embargo su testimonio se acepta porque es muy parecido al de los otros tres que sí conocieron directamente al Mesías. Lucas presenta a Cristo como hombre, tratando de mostrar sus actos lo más fielmente posible, para que podamos creer en los milagros que realiza. Dejando en claro su propósito, su Evangelios comienza así: “Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de  las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, como lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; me ha parecido también a mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo”. Recordemos que Teófilo significa amor a Dios, así que Lucas intenta poner en orden todos los hechos para los amantes de las cosas del Señor.

El último Evangelio esta escrito por Juan que ha sido el más amado por Jesús, es quién recuesta su cabeza en la última cena, el más cercano a él. Su Evangelio tiene por propósito presentar a Jesús como el Hijo de Dios, “aquel era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Jn.1:9), o también lo presenta como el Verbo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn.1:1). Así que para él no cabe duda que Jesús no sólo es enviado por Dios, es Dios hecho hombre, es el Hijo de Dios y así lo presenta en su Evangelio, por eso es considerado el más teológico de los cuatro.


Lo fantástico y lo maravilloso.

Breve análisis del cuento “Muebles El Canario” de Felisberto Hernández

Análisis del cuento “Muebles El Canario” de Felisberto Hernández

Este  texto pertenece al autor uruguayo Felisberto Hernández (Montevideo, 1902 – 1964). Perteneció  a la Generación del 30 o del Centenario al igual que Francisco Espínola, pero a diferencia de éste, se dedicó a una literatura urbana, exponiendo la ciudad  y sus costumbres como elementos esenciales. “Muebles El Canario” es uno de sus relatos más conocidos, en el que trata el tema de la invasión de los medios de comunicación a la privacidad. El tema guarda total vigencia en nuestra cultura.
Tiene un título epónimo, ya que es el nombre de la empresa que causa una serie de problemas al protagonista.
El narrador es interno y es además el protagonista del cuento. Los hechos relatados se ubican en la ciudad, se nombra la playa, el tranvía, el cuarto del personaje como escenarios de los hechos. Los mismos transcurren aproximadamente alrededor de los años treinta o cuarenta, lo que es posible identificar gracias a ciertos elementos como la radio, medio de comunicación masiva por excelencia, el tango, las radionovelas y los recitados de poesía son los espectáculos principales, y el tranvía es el medio de transporte público.
Su comienzo es abrupto, comienza con las palabras del narrador hablando en primera persona (narrador interno), el cual advierte que “la propaganda de esos muebles me tomó desprevenido” , esto lo explica por la falta de información sobre lo que había ocurrido en la ciudad, ya que se encontraba de vacaciones y dispuesto a no enterarse de nada.
El hecho fantástico se inicia con la frase “En ese instante ocurrieron muchas cosas” y a continuación narra que mientras viajaba en el tranvía fue inyectado sorpresivamente por un hombre. Le llamó la atención que en la jeringa decía “Muebles El Canario”. El hecho provocó el total desconcierto del personaje, ya que no recibió ninguna explicación al respecto.  Su reacción contrasta con la de los demás personajes, que estaban complacidos y aún ansiosos de recibir el inyectable.
El narrador comienza a formular hipótesis para explicar lo que ocurrió. Este hecho ubica al relato dentro de la literatura fantástica, ya que en un medio habitual se ha suscitado un hecho extraño, que no es explicado de ninguna manera: luego de la inyección comienza a escuchar la transmisión de una radio en su cabeza, hecho que perturba su calma, va contra sus gustos y no lo deja dormir.
En la narración se intercalan algunos guiños humorísticos, como el hecho de que cuando se aferraba al respaldo de la cama la transmisión se aclaraba, era como si el metal funcionara como una antena. La publicidad invade de tal forma la vida del hombre que decide salir a buscar una solución, es por eso que nuevamente toma un tranvía y pregunta a otro vendedor que inyectaba pasajeros.
En el desenlace del texto predomina el diálogo entre el narrador-personaje y el empleado de “Muebles El Canario”.   El empleado le brinda cierta información que aclara en algo su confusión: la empresa inyecta a las personas para producir los efectos ya mencionados con el fin de vender unas tabletas. Estas tabletas son un fraude como lo deja claro el funcionario al revelar la verdadera solución, que desde luego, no es gratis: Yo voy a arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara honrada.” La ironía está presente en el ofrecimiento se hace presente la ironía, no le está haciendo un favor, está viendo una oportunidad de lucro en la desesperación del otro. El desenlace es humorístico: “Dése un baño de pies bien caliente”. No hay información sobre lo que ocurrió luego, ya que se trata de un final trunco, pero informar de esto no es lo que interesa al autor, sino cuestionar la conducta de la empresa.

Como  conclusión, podemos ver que el tema planteado guarda completa vigencia, ya que sufrimos una invasión de los medios de comunicación constante en nuestra vida cotidiana, manifestada en la contaminación visual y sonora de los espacios por los que transitamos habitualmente, con el fin de generarnos necesidades para que consumamos determinados productos. Para evitar caer en esta invasión hay que estar prevenido, y para estarlo es necesario informarse constantemente y ser crítico con las fuentes que nos proporcionan esta información. 

ALGO SOBRE LITERATURA FANTÁSTICA

ALGO SOBRE LITERATURA FANTÁSTICA

     Este tipo de literatura tiene una larga trayectoria a nivel mundial. Suele llamarse literatura fantástica a aquel tipo de narración que se sale de los parámetros de la realidad posible. La narración fantástica se deleita en presentarnos a hombres como nosotros, situados súbitamente en presencia de lo inexplicable, pero dentro de nuestro mundo cotidiano.

     Cuando un lector se enfrenta a una narración, acuerda implícitamente con el autor, creer en todo lo que éste le plantea. El autor puede tratar de contar un suceso que no asombre al lector, y que éste pueda explicarse dentro de los parámetros posibles en su realidad. Pero también puede, gracias a esa convención, plantearle cosas increíbles, y no explicárselas, dejando al lector sorprendido, y teniendo plena conciencia, que eso que el autor cuenta, solo es posible dentro de la narración, lo que provoca entre lo que cuenta y la realidad del lector, un extrañamiento, es decir, éste siente lo contado como extraño a su realidad posible.

     Verosimilitud y realidad son principios bien distintos que no necesariamente coinciden. Puede haber algo verosímil, pero irreal, y puede haber algo inverosímil pero real. Por ejemplo, es increíble la existencia de una inyección que logre emitir una transmisión “radial” en la mente del individuo, sin embargo, dentro de la narración, esta idea está perfectamente justificada y no es real. Y puede ser poco creíble o increíble un gol de arquero a arquero, sin embargo puede ser real. La verosimilitud es el principio de lo creíble, y ésta siempre debe darse en una narración, por más fantástica que  sea.

     Cuando un hecho o suceso se escapa de la comprensión racional y posible, pero está avalada por las circunstancias narrativas, es decir, es creíble dentro de la narración, y provoca al lector asombro y extrañamiento con sus circunstancias reales, y cuando ese hecho que ocurre tiene toques sobrenaturales, inexplicables racionalmente para el lector, es que nos encontramos frente a la literatura fantástica.

     Lo fantástico en una narración es aquello inexplicable racionalmente. Provoca en el lector inquietud o duda, ya que existe un entorno cotidiano o familiar que es irrumpido por una circunstancia inexplicable que resulta amenazante e imposible.


Muebles "El Canario" Felisberto Hernández


Muebles "El Canario" Felisberto Hernández


La propaganda de estos muebles me tomó desprevenido. Yo había ido a pasar un mes de vacaciones a un lugar cercano y no había querido enterarme de lo que ocurriera en la ciudad. Cuando llegué de vuelta hacía mucho calor y esa misma noche fui a una playa. Volvía a mi pieza más bien temprano y un poco malhumorado por lo que me había ocurrido en el tranvía. Lo tomé en la playa y me tocó sentarme en un lugar que daba al pasillo. Como todavía hacía mucho calor, había puesto mi saco en las rodillas y traía los brazos al aire, pues mi camisa era de manga corta. Entre las personas que andaban por el pasillo hubo una que de pronto me dijo:
-Con su permiso, por favor...
Y yo respondí con rapidez:
-Es de usted.
Pero no sólo no comprendí lo que pasaba sino que me asusté. En ese instante ocurrieron muchas cosas. La primera fue que aun cuando ese señor no había terminado de pedirme permiso, y mientras yo le contestaba, él ya me frotaba el brazo desnudo con algo frío que no sé por qué creí que fuera saliva. Y cuando yo había terminado de decir "es de usted" ya sentí un pinchazo y vi una jeringa grande con letras. Al mismo tiempo una gorda que iba en otro asiento decía:
-Después a mí.
Yo debo haber hecho un movimiento brusco con el brazo porque el hombre de la jeringa dijo:
-¡Ah!, lo voy a lastimar... quieto un...
Pronto sacó la jeringa en medio de la sonrisa de otros pasajeros que habían visto mi cara. Después empezó a frotar el brazo de la gorda y ella miraba operar muy complacida. A pesar de que la jeringa era grande, sólo echaba un pequeño chorro con un golpe de resorte. Entonces leí las letras amarillas que había a lo largo del tubo: Muebles "El Canario". Después me dio vergüenza preguntar de qué se trataba y decidí enterarme al otro día por los diarios. Pero apenas bajé del tranvía pensé: "No podrá ser un fortificante; tendrá que ser algo que deje consecuencias visibles si realmente se trata de una propaganda." Sin embargo, yo no sabía bien de qué se trataba; pero estaba muy cansado y me empeciné en no hacer caso. De cualquier manera estaba seguro de que no se permitiría dopar al público con ninguna droga. Antes de dormirme pensé que a lo mejor habrían querido producir algún estado físico de placer o bienestar. Todavía no había pasado al sueño cuando oí en mí el canto de un pajarito. No tenía la calidad de algo recordado ni del sonido que nos llega de afuera. Era anormal como una enfermedad nueva; pero también había un matiz irónico; como si la enfermedad se sintiera contenta y se hubiera puesto a cantar. Estas sensaciones pasaron rápidamente y en seguida apareció algo más concreto: oí sonar en mi cabeza una voz que decía:
-Hola, hola; transmite difusora "El Canario"... hola, hola, audición especial. Las personas sensibilizadas para estas transmisiones... etc., etc.
Todo esto lo oía de pie, descalzo, al costado de la cama y sin animarme a encender la luz; había dado un salto y me había quedado duro en ese lugar; parecía imposible que aquello sonara dentro de mi cabeza. Me volví a tirar en la cama y por último me decidí a esperar. Ahora estaban pasando indicaciones a propósito de los pagos en cuotas de los muebles "El Canario". Y de pronto dijeron:
-Como primer número se transmitirá el tango...
Desesperado, me metí debajo de una cobija gruesa; entonces oí todo con más claridad, pues la cobija atenuaba los ruidos de la calle y yo sentía mejor lo que ocurría dentro de mi cabeza. En seguida me saqué la cobija y empecé a caminar por la habitación; esto me aliviaba un poco pero yo tenía como un secreto empecinamiento en oír y en quejarme de mi desgracia. Me acosté de nuevo y al agarrarme de los barrotes de la cama volví a oír el tango con más nitidez.Al rato me encontraba en la calle: buscaba otros ruidos que atenuaran el que sentía en la cabeza. Pensé comprar un diario, informarme de la dirección de la radio y preguntar qué habría que hacer para anular el efecto de la inyección. Pero vino un tranvía y lo tomé. A los pocos instantes el tranvía pasó por un lugar donde las vías se hallaban en mal estado y el gran ruido me alivió de otro tango que tocaban ahora; pero de pronto miré para dentro del tranvía y vi otro hombre con otra jeringa; le estaba dando inyecciones a unos niños que iban sentados en asientos transversales. Fui hasta allí y le pregunté qué había que hacer para anular el efecto de una inyección que me habían dado hacía una hora. Él me miró asombrado y dijo:
-¿No le agrada la transmisión?
-Absolutamente.
-Espere unos momentos y empezará una novela en episodios.
-Horrible -le dije.
Él siguió con las inyecciones y sacudía la cabeza haciendo una sonrisa. Yo no oía más el tango. Ahora volvían a hablar de los muebles. Por fin el hombre de la inyección me dijo:
-Señor, en todos los diarios ha salido el aviso de las tabletas "El Canario". Si a usted no le gusta la transmisión se toma una de ellas y pronto.
-¡Pero ahora todas las farmacias están cerradas y yo voy a volverme loco!
En ese instante oí anunciar:
-Y ahora transmitiremos una poesía titulada "Mi sillón querido", soneto compuesto especialmente para los muebles "El Canario".
Después el hombre de la inyección se acercó a mí para hablarme en secreto y me dijo:
-Yo voy a arreglar su asunto de otra manera. Le cobraré un peso porque le veo cara honrada. Si usted me descubre pierdo el empleo, pues a la compañía le conviene más que se vendan las tabletas.
Yo le apuré para que me dijera el secreto. Entonces él abrió la mano y dijo:
-Venga el peso.
Y después que se lo di agregó:
-Dese un baño de pies bien caliente.